Los novios
Básicamente, mi vida bascula actualmente entre dos polos: resolver un papeleo interminable para poder continuar en México y la escritura de Ruido....
Hay tres lugares donde recomendaría rezar: una iglesia, un temazcal y un huerto. En este último caso, porque los huertos llevan inscritos en la tierra la memoria ancestral de la humanidad y se comunican directamente por ese cordón umbilical que son los frutos que ofrecen, con dios. Un huerto es un lugar ideal para llevar a cabo ejercicios espirituales. Reflexionar sobre lo esencial y lo pasajero. Por eso, quienes los cultivan, suelen transformarse en poetas y me recuerdan a los cantautores que, a su vez, me hacen rememorar el sabor de las aceitunas. La piel de las manzanas y el peso del vino.
No es ilógico que los poetas a lo largo del tiempo hayan cantado a la vida retirada de los campos y la hayan contrapuesto a la frivolidad y aceleración de la vida mundana. En un huerto nadie puede huir ni esconderse de sí mismo. La sencillez no es un valor sino la pauta habitual de conducta. No hay futuro ni pasado. Y se vive en el presente eterno. Ese tiempo en el que las palabras y actos son dones y el ser humano es valorado por sus hechos: su trabajo, su esfuerzo, su capacidad de escuchar y la seguridad y firmeza de sus silencios. El empuje y obstinación con que hace suyo su corazón y convierte al mundo en su aldea. Tierra de barbecho. Shalam.
0 comentarios