Lo infalible
No me gusta saturar a los habituales lectores de avería. Así que no suelo publicar más de uno al día. Pero hoy romperé esta costumbre debido a la...
Sabino Méndez es la mezcla entre la inconsciencia de la juventud y la madurez buscada y añorada por decenas de compositores. Una figura un tanto extraña en la cultura latina pero mucho más habitual en la anglosajona. Desde que tenía 20 años, aspiraba a convertirse en un autor mayor. Detestaba los tópicos y aspiraba a componer letras duraderas. No obstante, acabo de terminar su Literatura universal y debo decir que me ha decepcionado mucho. De hecho, es el libro que menos me interesa de los suyos. Creo que porque su meditada prosa funciona bien en las distancias cortas y posee un innegable interés cuando se refiere a personajes reales como Manolo García y Loquillo o a su batalla con las drogas. Cualquier historia de groupies contada por Sabino se convierte en literatura mayor. Un placer estético. Y cualquiera de sus reflexiones sobre la literatura merecen ser tenidas en cuenta. Por no hablar de sus recuerdos y opiniones del mundo musical. Píldoras jugosas llenas de sabiduría. Pero en este retrato generacional de más de 500 páginas, su sugerente estilo no termina de funcionar. Tal vez porque, a pesar de que, repito, es un excelente escritor, Sabino aún continúa respirando como músico. Y esto significa que intenta crear un clímax en cada página. Intenta que cada frase tenga el relieve que posee cualquiera de los versos de una canción. Algo que, desde luego, funcionaba muy bien cuando Sabino -repito- se refería a su vida, detalles de las grabaciones de los míticos discos que grabó con Loquillo, anécdotas de giras o sus perspicaces visiones sobre el negocio musical. Pero se pierde en lo inocuo y meramente anecdótico cuando hace referencia a personajes ficticios por más que lógicamente cada uno de ellos tengan uno o varios referentes reales.
Obviamente, Literatura universal no empaña en absoluto la imagen de Sabino. Pero no es la obra maestra que aseguraba Alberto Olmos que era. Tal vez porque el crítico iconoclasta por excelencia de nuestro país no había leído sus libros anteriores, no tenía por tanto, un punto de referencia con el que comparar esta novela y se quedó asombrado ante el rico despliegue estilístico de Sabino.
0 comentarios