El eternauta (2)
Continúo aquí el avería comenzado ayer sobre El Eternauta. Ahí lo dejo. El eternauta (2) El eternauta era un cómic con espíritu de novela....
Al contrario, casi me atrevería a afirmar que lo que resulta extraño es pensar que Seth vive en nuestro presente. No es un fantasma que nos visita desde otro tiempo. Ya que, como deja traslucir su «look», en sus cómics es capaz de transformar lo sucedido con absoluta naturalidad y de describir aquello que ocurrió con la misma soltura e incertidumbre que lo hace con lo que sucederá.
En cualquier caso, no deseo referirme hoy ni a La vida está bien ni a otras exquisitas e idealistas recreaciones de los tiempos añejos llevadas a cabo por Seth, como Ventiladores o George Sprott sino a Wimbledon Green. Una fabulosa gamberrada que compuso durante los últimos meses de vida de su madre.
Seth no deja de sonreír en su cómic. Insiste en realizar sus habituales homenajes a los tiempos pretéritos pero nunca como en esta obra, había puesto tan de manifiesto el origen de su amor al pasado: el miedo a que todo lo vivido desaparezca para siempre jamás. Un pavor similar a esa angustia que siente el coleccionista cuando alguien puja más alto que él en una subasta y comprueba cómo el objeto que añoraba tocar, desaparece de sus manos. Se adentra lentamente en ese territorio desconocido al que, poco a poco, desde nuestra niñez, todos nos vamos acercando conforme comprobamos que crecer es aceptar la desaparición. Que vivir no es el arte del atesoramiento sino el del desprendimiento. Y, en cierto modo, implica la despedida continua y reiterada tanto de nuestros seres queridos como de todas nuestras colecciones de recuerdos y sentimientos. Shalam
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