Un effrit negro
Al contrario que a David Bowie, no considero a Prince un genio sino la mismísima genialidad diluida en un cuerpo humano. Genialidad pura, instintiva...
Realmente, en manos de otra persona con menos inspiración, No sólo de rumba podía haberse transformado en una broma sarcástica de mal gusto realizada con más o menos ingenio, pero Plá fue capaz de dotar de trascendencia y dramatismo a sus ocurrencias. Y convirtió lo que llevaba camino de convertirse en una astracanada, en una de las obras más intensas y originales de la música popular española de las últimos años. Escuchando No sólo de rumba, de hecho, se siente el barrio, la suciedad, el retrete y el mercado. Se huele a vida pero también se vislumbran retazos de película de terror, y la muerte y las risas, las salvajadas y las depresiones crónicas conviven armónicamente.
Con los años y el desgaste, Plá no ha perdido irreverencia pero sí capacidad de sorpresa. Su mensaje -sea el que sea- no ha perdido vigencia pero su éxito popular lo ha convertido muy probablemente a su pesar en un icono antisistema al que la sobreexposición no ha hecho demasiado bien. No obstante, Plá continúa siendo un enigma. Pocas personas tienen la capacidad de disparar frontalmente contra los símbolos sagrados de una nación y seguir caminando libremente como si nada. Pocos son capaces de continuar siendo difíciles de encasillar y clasificar tras haber conseguido el éxito y de decir tanto con tan minúsculos medios expresivos.
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