Un futbolista contracultural
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado en esta ocasión a un jugador contracultural dentro del fútbol italiano: el gran Roberto Baggio....
De Bianchi como técnico no se habla hasta aludir a su primera obra maestra: el Vélez de principios de los 90. Pero antes, estuvo casi una década trabajando en Francia. Dirigió al Stade de Reims, al OGC Nice y al PSG. La mayoría de veces sin gran éxito -aunque al Stade lo llevó dos veces a unas semifinales de Copa- pero también sin grandes tragedias. Pero lo más importante es que esta formación le permitió desdramatizar el fútbol. Relativizarlo. Y le hizo distinguirse del resto de técnicos cuando volvió a Argentina. Pues donde muchos de sus colegas veían bombas, batallas y guerras, él veía simplemente fútbol. Partidos. Un trabajo que debía hacerse con profesionalidad pero no iba más allá. No podía destruir la vida de personas ni provocar muertes ni depresiones. Y esa serenidad, unida a sus privilegiados conocimientos tácticos, le sirvió de mucho para transmitir positividad a sus equipos. Convertir grupos de jugadores mal encarados en familias. Sacar lo mejor a sus dirigidos y que se expresaran en el campo con la menor tensión posible.
Los equipos de Bianchi se destacaban por dos características: ser muy ordenados y muy pasionales. Eran metódicos e instintivos. Pero extrañamente, a pesar de encontrarse muy trabajados, siempre transmitían cierta naturalidad. Algo de picardía.
Fue con esas pautas y, sobre todo, transmitiendo humildad, garra y confianza, generando un ambiente sano, que Bianchi, por ejemplo, convirtió a un equipo de barrio, Vélez Sarfield, en una locomotora imparable de fútbol que no sólo conquistó varias veces el trofeo argentino sino la Libertadores e incluso la Intercontinental.
Prácticamente, todo lo que acabo de decir sobre Vélez, se puede decir de las dos primeras etapas de Bianchi en Boca. Aunque lo de Vélez fue más milagroso porque no disponía de los medios económicos que en el conjunto xeneize. No obstante, Bianchi lo volvió a hacer. Convirtió a un equipo de futbolistas adinerados y egoístas en una familia y casi más importante, consiguió acabar con todo el ruido de fondo del mundo bostero y generar equilibrio y paz. Un ambiente casi zen.
En realidad, repito, el éxito de Bianchi radicaba en convertir a sus jugadores en amigos. Personas dispuestas a morir por la causa. Siempre se preocupaba por ellos, les daba consejos y luego, se lo pagaban en el campo, dando el mil por mil. Muriendo por las ideas que con tranquilidad les había implantado en el cerebro este hombre con alma de psicólogo.
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