Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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A mi entender, el pronóstico de estas apasionantes semifinales de Libertadores es muy claro. River es favorito. Gallardo es un técnico inteligente que ha sabido conjugar perfectamente el juego de ataque y preciosista que demanda la hinchada millonaria con un pragmatismo pocas veces visto en el club. Gallardo ha logrado equilibrar la disciplina y el arte. La velocidad y la templanza. Y ahora mismo es el dueño del club. O mejor dicho, el alma. Sobre todo, porque logró insuflar aire a un equipo herido y humillado. Hundido en el barro y la oscuridad. Dotándolo de nuevo de autoestima.
El irregular desempeño de River en la Superliga no debe engañar a nadie. Cuando las tropas gallinas se han centrado en una sola batalla u objetivo, generalmente han salido victoriosas. Es cierto que el River de Gallardo no juega como el de Ramón Díaz. Sobre todo, porque no tiene sus maravillosos tenores pero sí muchachos que creen absolutamente en su credo con los que se puede ir sin miedo a cualquier batalla.
Frente a la habilidad de River, Boca pone lo de siempre: huevos, coraje y orden. Lucha. El instinto gladiador. Y sobre todo, el deseo de venganza. La filosa daga con la que siempre sale al campo en las noches importantes.
El Boca de Alfaro no es vistoso pero sí es sólido. El Boca de Schelotto tuvo en su mano varias veces la Libertadores pasada. Se puso hasta en tres ocasiones por delante. Pero Guillermo no planteó bien esas dos finales. Sobre todo, la primera. Gallardo siempre le sorprendió con algo. Siempre adivinó su pensamiento. En la segunda sí que el Mellizo ciertamente supo situar a Boca de entrada en el Bernabeú. Pero las sustituciones que llevó a cabo, desestabilizaron al equipo. Lo desequilibraron. Parecían cambios realizados por el enemigo. Bombas que transmitían miedo y cierta impotencia.
No puedo ni creo que deba añadir mucho más. Parece mentira, teniendo en cuenta que hace menos de un año que se vieron las caras en una final continental, pero Boca y River mañana vuelven a encontrarse en un partido trascendental. A vida o muerte. De esos en los que la tensión se masca en cada regate y balón dividido y por lo general, la emoción se impone al juego. ¡Mañana, sí, -repito- se viene otra guerra! ¡Que se abran la tierra y los mares! ¡Ave César! ¡Los que van a morir te saludan! Shalam
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