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Un número

Mar 9, 2025 | 3 Comentarios

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Es difícil encontrar una intro de una serie televisiva donde se expliquen más sucesos y hechos que en la de El prisionero. Esa intro es un prodigio de síntesis. Lo más lógico es que lo que allí se narra en dos minutos ocupara o bien la mitad de un capítulo o un capítulo entero. Pero no. En unos cuantos segundos nos pone en situación. No sólo eso. También nos confronta con varios enigmas que serán claves a lo largo de los 17 capítulos de esta absorbente obra. ¿Quién es realmente el hombre que ha presentado su dimisión a la Empresa? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué ha sido inmovilizado? ¿Qué hay detrás de su gesto de rebeldía? ¿Para quién trabaja? ¿Qué ha descubierto?

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Por si fuera poco, la música de la intro venía firmada por Ron Grainer que, por aquel entonces, había conseguida fama y prestigio gracias a la célebre sintonía de Dr. Who. La melodía de aquella serie era divertida y a la vez misteriosa. Tenía algo de ufológica y de marciana. Era futurista, sí, pero a la vez artesanal. Pues aunque parezca mentira no fue realizada con sintetizadores sino con generadores de ondas sonoras y cintas magnéticas y de empalme.

La de El prisionero sin embargo era mucho más elegante. Podía ser considerada lounge. A nadie le hubiera extrañado que sonara en un cocktail de clase alta junto a otras clásicas de Henry Mancini o Herbie Hancock. Aunque, a decir verdad, tenía unos tonos turbios, una oscuridad soterrada muy al fondo que transmitía inquietud. Una tensión que iba creciendo a medida que el espectador contemplaba lo que ocurría en la pantalla.

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La música de la intro captaba perfectamente el zeitgeist de la época. Conectaba con el swinging london. También, claro, las imaǵenes. Hay algo moderno y pop, muy libre, que lo mismo remite al free cinema que a Godard, en aquellas escenas de Patrick McGoohan conduciendo su descapotable por Londres. Ocurre, a su vez, que durante la intro también nos situamos en el mundo del espionaje y de la Guerra Fría. Sabemos que ese caballero no es un cualquiera. Es probablemente un detective o más bien un funcionario de alto calibre que trabaja para el Estado. Ese hombre es un agente en medio de un mundo que había convertido a la figura de los espías en icónica e imprescindible.

No obstante, las resonancias de esta magnífica intro no acababan aquí pues las imágenes de archivos, las máquinas alzando la fotografía tachada del agente remitían a Kakfa. Anunciaban que lo que íbamos a ver era una distopía. Una sutil distopía, eso sí. Una distopía psicológica sobre la identidad y la libertad.

Obviamente, de haber visto esa intro en su momento, no me hubiera levantado de la televisión hasta el final del episodio y me hubiera convertido en un fanático de la serie.

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La presencia de Patrick McGoohan en la intro contribuía, por supuesto, a disparar las expectativas al límite. Pues gracias a su interpretación de un agente secreto en la serie Danger Man se había convertido en un rostro familiar para los televidentes ingleses. De hecho, podía  ¿por qué no? haber aparecido en la portada del Sgt. Pepper’s de The Beatles

Patrick McGoohan tal vez no era tan sofisticado como para protagonizar un filme de Antonioni o convertirse en musa de Morrissey. Era demasiado popular para ello. Pero sí que daba el tono adecuado como espía. Un hombre frío, cortés y educado con una dureza escondida al fondo.

McGoohan recuerda a lo lejos a Steve McQueen. Pero obviamente había un mundo entre ambos. La diferencia entre los dos actores es, supongo, la que existe entre la cultura inglesa y la norteamericana. Se percibía, por ejemplo, que a pesar de sus silencios, Steve era un hombre rudo. Duro de verdad. Un bebedor. Alguien que podía perder los estribos en cualquier momento y a nadie le gustaría estar cerca cuando eso ocurriera.

Steve era un hombre que había nacido para follar y golpear. Sus silencios eran heroicos. Casi gestos de resignación. Puro estoicismo. Por el contrario, McGoohan era más fino y educado. Su oscuridad estaba guardada, depositada mucho más al fondo. McGoohan era una caja china. De golpear, lo haría siempre con una causa justificada. Por contra, McQueen lo haría aunque no tuviera un motivo.

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Antes hablé de Danger Man. El personaje interpretado en aquella serie se llamaba John Drake. Pues bien, en la intro de El prisionero se lleva a cabo un guiño delicioso a los seguidores de aquella producción. Cuando tras presentar su dimisión, la foto del agente es tachada a máquina y luego archivada podemos leer que su nombre es Drake. John Drake. Un gesto cómplice para todos los seguidores de McGoohan. Puesto que, además, la fotografía era una de las utilizadas para promocionar la serie con la que se había hecho famoso y de la que se sentía hastiado.

De algún modo, se nos sugería allí que el nuevo personaje tendría mucho de Drake. Pero que también era necesario archivar su recuerdo. Los espectadores iban a recibir algo nuevo.

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Cuenta por cierto Santi Pagés en su portentoso, imprescindible ensayo sobre la serie, No soy un número, que en la intro se produjo otro guiño. En este caso, involuntario.

A día de hoy continúan existiendo dudas sobre la autoría de la serie. McGoohan siempre se la atribuyó. Pero no todos estaban de acuerdo. Hay quienes piensan que la idea general pertenece a George Markstein. Un célebre periodista especializado en temas de espionaje cuya presencia fue importante en Danger Man. Serie en la que era asesor y supervisor de guiones. Ambos, McGoohan y Markstein, entablaron una discusión a lo largo de los años sobre esta cuestión. La diatriba tiene cierta miga y debería dedicarle un avería para poder desgranarla con la meticulosidad adecuada.

Baste hoy sugerir que curiosamente esta confrontación entre Markstein y McGoohan se encontraba preludiada de manera ficticia en la intro. Puesto que es ni más ni menos que Markstein el ejecutivo al que McGoohan se dirige airado cuando entrega su carta de dimisión sobre una mesa que golpea con furia.

Seguro que hay más guiños y datos interesantes pero entiendo que bastan estos pocos para comprender la relevancia de la intro. Un hito televisivo. ¡Desintégrense como un mensaje secreto si no van ahora mismo a verla! Shalam

الحزن هو الرذيلة

La tristeza es un vicio

3 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….es evidente que este hombre si pretende impidir salir a los demas de la habitacion (el angel exterminador..1962)……
    2imagen….ya lo advirtieron, cuando el concepto era geometrico (la esfera)….
    3imagen….en un magnetofon como estos sonaba cream …
    4imagen….la chaqueta con ribete blanco estaba de moda….
    5imagen….estoy muy enfadado (cara de gran faena)…..
    6imagen….firma de fotos (cartelas)…publicidad..anda comprame.
    PD…prisionera de todo lo que le gusta….
    https://www.youtube.com/watch?v=MarHeBQdnyI….miley cyrus.. prisioner..2020…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Es un hombre que ha descubierto quién es el Mago de Oz. Ya no le tiene miedo. 2) Rula futurista sesentera. Experimentos psicológicos y drogas. Los 60 como la década del comienzo de la esclavitud posmoderna 3) Arreglando pistas, sonidos distantes para convertir a Dr Who en un hito. 4) She loves you yeah, yeah, yeah, yeah, yeah. 5) Me estáis tocando los cojones y no puedo más. Never mind the bollocks. Sex Pistols 6) Posando para un anuncio de una buena bebida. Tíos. Puedo competir con el mismísimo James Bond. PD: Timelords. «Doctorin’ the tardins». https://www.youtube.com/watch?v=DsAVx0u9Cw4

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  2. Santi Pages

    Gracias. Me alegra mucho que lo disfruataras 🙂

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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