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Un legado

May 31, 2025 | 4 Comentarios

El pasado domingo se vivió un momento épico en París. No por un partido en concreto, por una remontada de algún jugador o un inaudito globo sino porque al fin Rafael Nadal se despidió  del tenis como merecía. Aunque parece más acertado afirmar que al fin el mundo del tenis se despidió de Rafael como el guerrero ibérico merecía.

Es justo que el homenaje se llevara a cabo en la pista central de Roland Garros.En sus momentos de esplendor, Rafa era completamente inabordable allí. No ha habido un jugador que golpee con más intensidad y profundidad la bola en tierra. Su mentalidad y su potencia física hacían el resto. Sobre todo, su mente. Nadie gana catorce Roland Garros sólo con talento y destreza. Rafael Nadal es, sobre todo, un luchador. Alguien que se sobrepuso a lesiones que habrían incapacitado de por vida a la mayoría y que cuando era vencido no gastaba tiempo en relamerse las heridas. Volvía a intentarlo con más fuerza.

En realidad, era un tenista mucho más técnico de lo que parecía. El problema del escaso crédito que se le da a sus habilidades técnicas radica probablemente en que, durante años, su máximo rival fue ni más ni menos que Roger Federer. El Miguel Ángel del revés. En comparación con las sutilezas con la raqueta del tenista suizo, el español parecía hosco. Pero no lo era. En absoluto. Era un tenista muy completo técnicamente que fue mejorando todas las facetas de su juego poco a poco, adaptándose a las pistas duras y a la hierba y que tal vez sólo tenía un pequeño lunar: un saque no demasiado letal. Bueno, sí, pero no letal. Una falla que no le permitía ganar muchos puntos gratis en superficies duras y que tal vez sea el único factor que explica por qué se va a retirar sin haber levantado una Copa de Maestros. Falla en cualquier caso menor si tenemos en cuenta su capacidad mental. Nadal leía los partidos a la perfección. Identificaba con precisión las debilidades (y fortalezas) del contrario. Sabía dónde había sangre o no. Dónde incidir o no.

Rafa, en cualquier caso, es mucho más que tenis. Cuando hablamos de Rafa no hablamos de un tenista. Hablamos de algo más. Nobleza, lucha. Como su tío Toni comentó horas después de su homenaje, lo importante no fue sólo lo que ganó sino cómo lo ganó. Tal vez su excesiva corrección no haya hecho de Nadal un hombre espectáculo. Algunos lo tachan de soso. Demasiado ejemplar. Ok, bien, su educación puede que lo haya encajonado un poco. Pero a Nadal yo al menos no lo admiraba por sus declaraciones sino por su entrega en la cancha.

Nadal convencía por su implicación. También por su obstinación. Por su fe casi animal en sus posibilidades. Con Nadal la frase «nunca da un punto por perdido» pasó de ser un tópico a una realidad. Hasta que no terminaba el partido no bajaba las manos. Lo intentaba todo y de todos los modos posibles. En verdad, era un gran competidor. Amaba competir. No tanto ganar a los demás sino llegar a sus límites físicos  y psíquicos compitiendo. Aprendíamos de la vida observando jugar a Nadal.

Rafael llenaba las pantallas, nuestras vidas con sus golpes. Era un estoico en tiempos hedonistas. Rafa nos enseñaba a competir y a ser hombres. A ser adultos. Lo que hizo Toni con él cuando era niño terminó haciéndolo Nadal con sus seguidores. Todos aprendimos cómo comportarnos mejor en la vida y en el deporte gracias a él. Lo digo de manera metafórica pero también real. Nadal no sólo daba lecciones de tenis. También de vida.  Muchas personas utilizan la ira, el sarcasmo, la crítica feroz e instantánea como un modo de desacreditar a sus semejantes. Suelen ser personas que han recibido muchas críticas de niños. Han sufrido tanto que se han aislado emocionalmente y han desarrollado un temperamento crítico exacerbado para suplir sus carencias. Los acosadores, manipuladores y controladores suelen ser niños que han sido acosados, manipulados y controlados en su infancia.

Nadal sin embargo no desacreditaba nunca a sus oponentes. Al contrario, les daba siempre crédito. Los respetaba. Intentaba por lo general no enojarse con los demás y ser lo más crítico consigo mismo posible. Toni, su tío, le llevó a su límite mental de niño. Otra persona podría haberse convertido en un maltratador. Un tirano egocéntrico. Nadal se hizo más fuerte. Creció. Se endureció sin dejar de lado la nobleza. Su tío le enseñó a sufrir, a resistir, a golpear con precisión y no con ira aunque estuviera siendo humillado o sufriendo injusticias.

Su tío es el gran creador del mito Nadal. Sin él tal vez hubiera ganado ocho Roland Garros. No más. Lo forzó tanto de niño, lo educó tan bien que incluso sus catorce nos parecen pocos. Todos sabemos que, si el físico le hubiera respetado, podría haber seguido ganando invariablemente hasta el día de su muerte.

Con el tiempo, en mi vida, he ido conociendo todo tipo de personajes. En los ámbitos laborales suelen triunfar los psicóticos y los narcisistas. Personas que mantienen todo bajo control (incluyo, por supuesto, a las personas que aman) y son completamente ajenos a las necesidades emocionales de los demás. Sólo empatizan con su propio dolor. Las necesidades del resto les son ajenas. Necesitan elogios continuos y de la devoción. Obviamente, la mayoría de estas personas están condenadas a sufrir porque nunca, nada es suficiente bueno para ellas. Tienen tanto miedo a la crítica, a volver a revivir las experiencias de la infancia que se revuelven contra quien ose apuntar un mínimo detalle negativo sobre su labor.

Nadal era excepcional no sólo en su modo de jugar al tenis sino en su modo de concebir la vida. Triunfó siendo lo contrario al individuo tipo que reina en nuestras sociedades. Siendo capaz de escuchar y recibir las críticas. Modelándolas, utilizándolas para crecer, golpear más duro, mejorar. Para el triunfador tipo de nuestra sociedad, los logros profesionales son más una cárcel que una recompensa. Son una confirmación de sus ideas de grandeza y, por tanto, un acicate para continuar trabajando y tratando a los demás del modo en que lo hacen. En el fondo, los premios son trampas para personas así. Condenas. Al contrario, en el caso de Nadal, el triunfo era una consecuencia natural del esfuerzo. Un premio. Una motivación para continuar mejorando como persona. Otra razón más para agradecer. Nadal no parecía creerse mejor que nadie por haber triunfado porque, ante todo, aspiraba a superarse a sí mismo. Su gran competición fue con él mismo aunque sin Federer ni Djokovic no hubiera llegado a los límites a los que llegó.

Ya habrá tiempo en un futuro de revisar los momentos gloriosos de su trayectoria. Yo concretamente sólo vi a Nadal totalmente desarbolado e impotente en una ocasión. En la Final del Open Australia de 2019. Su reacción fue de manual. Agarrar el avión más rápido hacia España y ponerse a entrenar, a mejorar. El resto de los partidos que le vi, siempre los luchó. Siempre tuvo sus opciones aunque los perdiera. Rafa lograba que en un momento dado nos fundiéramos con él.

Cuando uno veía a Rafa parecía que estaba jugando él también. Yo al menos tenía la impresión de que en cualquier momento iba a comenzar a sudar. Djokovic necesita polémica, oposición para dar su mejor versión como tenista. Rafa necesitaba estar bien con él mismo. Por eso probablemente pidió una despedida sobria. Por eso no parece haber sufrido mucho desde su retirada. Porque es consciente de que lo intentó hasta que el cuerpo aguantó. Que hizo todo lo posible por continuar en las pistas. Ese es también otro de sus triunfos. La actitud en la derrota y la victoria. Haber normalizado perder y ganar. Haber normalizado ser una estrella. Ser una leyenda sin dejar de ser humilde. Nadal era más que un tenista. Repito. Era alguien del que aprender, en el que fijarse para saber cómo mejorar en la vida. Ese es posiblemente su gran título. Ese es el gran legado de Toni.

Antes o después vendrá alguien que nos gane pero si nos vencemos a nosotros mismos, si nos superamos diariamente, podremos dormir en paz. En realidad, Nadal triunfó porque siempre tuvo claro que su mayor amigo y enemigo en la pista era él. En eso es un ejemplo. En hacernos entender jugando al tenis que cada uno de nosotros somos nuestros mejores amigos y mayores enemigos. Enseñarnos que es posible competir al máximo nivel sin faltar al respeto a nadie. Sin trucos ni trampas ni excusas. Shalam

الفن طويل والوقت قصير

El arte es largo y el tiempo es corto

4 Comentarios

  1. Pepe Cruz

    Que gran retrato interior de Rafa

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    • Alejandro Hermosilla

      ¡¡¡Muchas gracias!!!

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  2. andresrosiquemoreno

    1imagen….mi imagen……
    2imagen…autoestima a gritos…..
    3imagen…el empeño a dos manos…..
    4imagen…eleccion surrealistas en cada inicio…….
    5imagen…tres empresas serbia, suiza y española…..
    6imagen….vaya forraje que hemos hecho….no esta nada mal….
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=ecRr6f8OpRE….dolores pedro banda de musica de manacor……(viva la propaganda)…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) No luché para esto pero lo agradezco. 2) La imagen real de un purasangre. 3) Mi revés no es el de Federer pero salva bolas, me sirve a mí. 4) No hay descanso para el guerrero. Ya lo habrá el día del retiro. 5) Miguel Ángel. Rafael y Leonardo da Vinci. 6) Se nota que Nadal estira muy bien. Flexibilidad muscular…ajajjajaj PD: hermosa melodía. Ideal para ilustrar unas imágenes de infancia en el cine.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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