El pirata (1)
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a un ciclista ciclotímico y carismático: Marco Pantani. El cual recomiendo leer...
Si Ali era un intenso y contradictorio cruce entre Marvyn Gaye, Malcolm X, Martin Luther King, Mickey Mouse, Parliament, John Coltrane y las panteras negras, Tyson era casi una máquina de matar. Honesta, eso sí, pero sin apenas matices. Si Ali era be bop imprevisible, Tyson era una machacona pero irresistible canción de Fm. El chico de barrio sin ideales ni lecturas, salvado por el boxeo de morir en una riña callejera. Era tanto un producto elaborado del gimnasio como de los guettos de negros aún existentes en New York. Un rapero gansta que había intercambiado las pistolas por guantes. Un aspirante a extra en un vídeo de Run DMC y serio candidato a protagonizar otro de NWA. Dopamina andante. Una bebida llena de estimulantes. Red bull antes del Red bull. Un producto de la MTV. Un luchador cuyo aplastante estilo encajaba más en los videojuegos que en los rings.
Tyson, desde luego, fue un boxeador adelantado a su época. Un gorila que, a pesar de los efectos especiales, era capaz con solo un movimiento de ridiculizar los esfuerzos de Silvester Stallone por agigantar la leyenda de Rocky. Era un espectáculo visual insuperable. De hecho, no pervirtió su relación con los mass-media sino hasta que, tras cumplir su condena en la cárcel por haber sido acusado de violación y necesitado de dinero, decidió volver a combatir en los años 90, poniendo un pequeño parche en su leyenda que, a pesar de sus caídas y mordiscos, permanece imperturbable. Sobre todo, porque dada la velocidad a la que se desarrollaron la mayoría de sus combates y la duración que tuvieron, cuando nos referimos a él, parece que estamos hablando de un huracán, un maremoto y no de un boxeador. De un extraño fenómeno natural que pasó como un rayo por el ring, empeñado, golpe a golpe, y a medida que ganaba un combate tras otro, en destruir el boxeo. Transformarlo en un deporte muy distinto al que existía antes de él. Pura cocaína. Convirtiendo, ya lo dijimos, la vertiente soul, disco y jazz de este deporte en hip hop extremo, cool y salvaje. Una metralleta colocada sobre una mesa de lujo disparando collares de oro y esperma sin cesar. Shalam
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