Indie game
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The void (demoninado Tension en Rusia) es el resultado de un gran esfuerzo de condensación. Y, en gran medida, consiguió el objetivo pretendido: ser más fácil de jugar que Pathologic (aunque sigue siendo bastante más complicado que un juego medio) y avanzar por esos tortuosos, profundos abismos estéticos y filosóficos que comenzaban a ser el sello de la compañía. Iconográficamente, desde luego, The Void era fascinante. Una auténtica obra de autor que remitía a algunas de las más nocturnas creaciones artísticas de Occidente y poco tenía que ver con los tradicionales matamarcianos o beat ‘em up. Pues merecía la pena incursionar en su mundo tan sólo por el deseo de observarlo. Dejarse mecer por las melosas voces de ultratumba, los luminiscentes árboles, los ambientes opresivos llenos de grietas mentales y los torturados personajes cuya estética se encontraba a mitad de camino de Hellraiser y La divina comedia.
Aparecen, por otra parte, dos grupos de personajes tan fascinantes como inquietantes. Por un lado, Los Hermanos, un grupo de hombres torturados cuyo aspecto evoca el deliro más infame, basculan entre el vacío y un limbo aun más aterrador, y nos advierten de lo peligroso que es consumir el Color al completo. Y por otro lado, Las Hermanas, lánguidas, hermosas mujeres ansiosas del Color, cuyos contorneos e insinuaciones conforme se inunden de vida, irán despejando nuevas incógnitas y abriendo nuevos espacios en medio de este telúrico, devastador territorio. Un paraje que evoca mundos oníricos, desgarradores sentimientos internos, agujeros negros y condensa buena parte de las ideas clásicas y contemporáneas sobre el más allá. Y por supuesto no resulta sencillo recorrer. De hecho, para explorarlo es necesario ser paciente, constante. Dejar de lado el tiempo de los relojes y si es posible, encontrarse en un estado de ánimo distinto al habitual. Algo entiendo esencial para empatizar con esta extrema propuesta que no le pide o exige tanto al jugador que la descubra y disfrute como que crea en ella con la fuerza del acólito. Para lo que es necesario sumergirse a fondo en los océanos de misterios y enigmas hacia donde nos conduce y morir para la vida real. Transformarse durante varias horas en alma en pena para nuestros contemporáneos.
The void, obviamente, remite en gran medida al concepto de reminiscencia platónico. Y también plantea incógnitas e interrogantes sobre el origen de la vida con mayor madurez -me atrevería a decir- que la mayor parte de películas de ciencia ficción actuales que han intentado penetrar en esos territorios.
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