Disasterpeace
Los cambios sociales cada vez son más vertiginosos. Además de a la música, los padres de Disasterpeace (de nombre real Richard Vreeland) eran...
No obstante, hay que reconocer que No tengo boca y debo gritar es un hito en el mundo de los videojuegos. Una obra que abría caminos y exploraba espacios. Jugaba con el tiempo y el deseo, el sufrimiento e inocencia de los prisioneros a través de flash-backs subjetivos y pruebas emocionales que recuerdan levemente a las experimentadas posteriormente por los protagonistas de Lost. Aunque, eso sí, el videojuego, al contrario que la serie, era puro terrorismo mental. Algo lógico porque estaba basado en un relato de Harlan Ellison que es uno de los textos más nihilistas jamás escritos. De hecho, no había en él esperanza alguna. Ningún atisbo de redención o posible expiación para la humanidad. Al contrario, el cuento de Ellison era puro veneno. Una actualización de los escritos del marqués del Sade al siglo XX y a la ciencia ficción. Una operación sin anestesia realizada con afiladas agujas.
El texto de Ellison era breve y certero. Una cárcel lingüística que condensaba en breves líneas el horror y dolor de un mundo sin ideología. Describía brevemente y sin piedad el sufrimiento de varios personas convertidos en guiñapos y sombras angustiadas.Y por el contrario, el videojuego era un laberinto infernal bastante más extenso. Un recorrido por los inhumanos pliegues de una mente terrorífica que si bien ampliaba de manera elocuente los pasadizos pesadillescos del relato de Ellison, se veía lastrado -como dije anteriormente- por una narrativa visual no suficientemente desarrollada para poder reflejar con rigor las espeluznantes ideas de sus creadores. Pero, sobre todo, por tener que ceñirse a uno de los imperativos más firmes del género videojuego: el final feliz.
En cualquier caso, el videojuego, es apabullante. Un páramo onírico y surreal que conjuga el horror psicológico y cósmico con una voluntad malsana, describiendo la excursión por varios purgatorios mentales de los personajes: Gorrister, Benny, Ellen, Ted y Nimdok. Cada uno de ellos deberá hacer frente a sus temores y miedos y rememorar los actos más aterradores cometidos a lo largo de su vida en lo que es, en cierto modo, una intensa y brutal sesión psicoanalítica de Occidente al completo.
La compañía Dreamer’s Guild lo dio todo para conseguir crear un auténtico monstruo creativo. Incluso contaron con la colaboración del mismo Ellison que puso voz al computador AM. Algo lógico porque No tengo boca es un videojuego desmesurado. Una aventura hecha con mucha mala leche y cinismo que, sin dudas, debió complacer las vengativas entrañas del escritor norteamericano.
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