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Sólo le pido a Dios

Mar 5, 2025 | 2 Comentarios

Los años 80 no fueron buenos para Boca. Esa década la salvó Maradona. La salvó el año que Diego jugó allí. El mítico campeonato del Pelusa y Brindisi. Tampoco fue buena la década de los 90. Al menos hasta la llegada de Bianchi. Con el Virrey y la tutela de un ambicioso y maquiavélico empresario (Mauricio Macri) todo cambió para siempre. Boca se convirtió en una borrachera de triunfos, goles y diversión de la mano de Palermo, Schelotto, Riquelme, Delgado y el resto de eternos gladiadores. Pero años antes, Boca deambulaba en medio de ninguna parte. Daba pocas alegrías a su hinchada. Apenas un Apertura. El del 92. El del mítico gol de Claudio Benetti a San Martín. Aquella arrancada por la derecha. Demasiado poco, en cualquier caso, para lo que se le presupone a un grande.

En medio de aquella época de tristes derrotas, estériles empates y profunda tristeza comenzó a escucharse un cántico precioso que resume mejor que ninguno la intensa relación de amor, devoción de la hinchada de Boca con su equipo. Era la remodelación de un tema de León Gieco que en el mismo momento en el que se grabó se convirtió en un clásico: «Sólo le pido a Dios».  El cantante argentino la escribió para mostrar su indignación por las palabras pronunciadas por Perón antes de su último regreso al país. El apoyo que el prócer argentino daba a los montoneros. También para denunciar los estragos de las dictaduras de su país y reivindicar la solidaridad entre los pueblos y las personas. La 12 le cambió la letra a lo grande. Ahora la canción ya no era un canto antibélico ni antiperonista. Era una declaración de amor a Boca. Un himno de combate. Decía lo siguiente: «Sólo le pido a Dios que el Xeneize no me sea indiferente/ Ponga huevos y vaya al frente/ Vamos Boca no le falles a la gente».

Desconozco si el tema se convirtió en un hit para los barras bravas de Boca pero sí sé que, de tanto en tanto, se escuchaba en la Bombonera. Sobre todo, cuando venían mal dadas. Era un sublime cántico a través del que la hinchada se negaba a desentenderse del equipo. Se negaba a mirar para otro lado entre tantos enfados y desencantos. Reconocía preferir el enfado y los llantos que la indiferencia hacia el equipo. Era una maravillosa declaración de entrega, lealtad y pasión a un club al que había que estar más unido que nunca en medio de su camino por el purgatorio.

Allí donde los aficionados de otros equipos abandonaban, se dejaban ir, se daban un respiro de fútbol y se ocupaban de sus familias, allí donde muchos miraban hacia otro lado, los hinchas del xeneize resistían. Alzaban las manos como locos y continuaban alentando. Estaba escrito que lo seguirían haciendo hasta el fin de sus días porque su vínculo con ese equipo era ancestral, total.

«Sólo le pido a Dios, sólo le pido a Dios».

Pues bien, el pasado domingo (después de varios años, tal vez décadas) aquel cántico volvió a escucharse. No es una buena noticia. Si lo hizo es porque Boca no endereza el rumbo. No logra salir de su actual crisis. Desde hace tiempo es más grande el espectáculo en las gradas que en el césped. Tres días antes de que volviera a resonar el tema de Gieco en La Bombonera, el club había sido eliminado de la Libertadores ni más ni menos que en el repechaje. Y para más inri, en la especialidad histórica de Boca: los penales. ¡Una tragedia, un dolor profundo, muy profundo! No obstante, en contra de lo que podría pensarse, en el siguiente partido no hubo deserción sino invasión. ¡La hinchada respondió días después abarrotando la Bombonera y, en medio de la lluvia, dejándose la piel para animar al equipo!

Hubo, por supuesto, recriminaciones a ciertos nombres. Hubo gestos agrios. Hubo insultos. Se mascaba la bronca en el ambiente. Pero, sobre todo, hubo pasión, amor. Hubo locura. Magia. Porque ya se sabe: «Sólo le pido a Dios, sólo le pido a Dios». El caso es que se alentó como si Boca hubiera vuelto a salir campeón, como si hubiera una ristra de copas en el césped esperando a ser alzadas y, tal vez por eso, el equipo solventó un partido muy complicado ante Rosario y se puso líder de la tabla en el campeonato nacional.

El viernes, tres días después del naufragio, del inmenso mazazo, la gente no salió de la Bombonera triste y cabizbaja. Lo hizo con la cabeza alta, como el que ha vuelto a salvar su matrimonio eterno una vez más. Como el que ha renovado sus votos de fe y se encuentra preparado para ir a la guerra adonde sea, a morir si hace falta, para defender a su equipo, esos colores.

¿Queda alguien que se pregunte por qué muchos llevamos a fuego grabado los colores azul y oro? En un mundo donde todo se vende y se compra y las tribus son motivo de burla, Boca convierte lo primitivo y tribal en orgullo. Unión con el cosmos. Está permitido perder. Pero no dejar de amar. Dejar de amar a tu equipo. Shalam

سيكون الله غير عادل إذا لم نكن مذنبين

Dios sería injusto si nosotros no fuéramos culpables

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….grada de general de pie protestando a grito pelao…..
    2imagen…esto si que son sardinas carl jung (azul las sardinas y amarillo el aceite…..) …sonrisa….
    3imagen….foto en el panel del autobus que lleva al equipo al campo …….asombroso desde fuera……
    PD….antes, durante y despues del futbol….ladron de bicicletas.. 1948…vittorio de sica……..
    https://www.youtube.com/watch?v=JNqkrpQun-s…..muchos italiani viven en argentina………(similares comportamientos)

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Rollo napolitano. Camorra. Mafia y fútbol. 2) Documental sobre la juventud argentina. Los españoles al bakalao, los argentinos a la Bombonera. 3) Foto agrandada con la que se abre la sala del Museo de Boca dedicada a la hinchada, a reconstruir lo que se siente en la Bombonera. PD: mítica escena final que en su momento destrozaron las autoridades franquistas con un mensaje moralista.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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