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Dos decapitaciones

Feb 9, 2024 | 2 Comentarios

Entre los múltiples episodios que se generaron durante los días posteriores a la toma de la Bastilla, es difícil destacar uno. Llama la atención, desde luego, la captura y ejecución de Joseph Foullon (ministro de finanzas de la Casa Real) y su yerno Bertier, que dio lugar a un sobrio y delicioso grabado de Auguste Raffet. Sobre todo, por la violencia con la que se actuó contra ambos aristócratas. Ese frenesí, esa perversa locura (que, en cierto modo, intenté captar en El jardinero) que caracterizan a los seres humanos cuando se encuentran en situaciones límite y no poseen freno.

Foullon, cuya fortuna era extensa y no había cesado de crecer, se hizo tristemente célebre por una frase (que no se sabe si realmente pronunció) en la que ridiculizaba el hambre de sus conciudadanos: «Si esos granujas no tienen pan, que coman heno».

Supongo que si volviera a nacer, se guardaría mucho de volver a emitirla. El pueblo se la hizo pagar con creces. Tras ser arrestado en la carretera de Fontainebleau, se vio obligado a llevar un haz de heno a su espalda y a beber vinagre con pimienta. En la plaza de Grève se lo intentó ahorcar hasta tres veces pero todas fracasaron debido a la debilidad de la cuerda y, finalmente, se lo decapitó. Su cabeza en cuya boca sobresalía un puñado de heno fue llevada en una pica por las calles de París y su cuerpo fue arrastrado por el barro entre gritos airados de la turbamulta.

Entretanto, su yerno Bertier de Suavigny (intendente de París) había sido reconocido y arrestado. En principio, (acostumbrado a su posición de mando) no temió por su vida. Caminó tranquilo junto a sus captores a pesar de los gritos, insultos y pedradas. Pero cuando se dio de  bruces con la cabeza ensangrentada de su suegro, tomó conciencia rápidamente de lo que esperaba. Su testa fue separada de su tronco y su corazón fue arrancado de sus entrañas sin piedad alguna.

Este episodio generó, a su vez, otra frase célebre por parte de un sagaz político y abogado francés, Antoine Barnave, quien tuvo, a su vez, un fatal destino. Pero cuando, gracias a su poder de oratoria y capacidad de estrategia, era aún considerado un aliado del pueblo, al ser preguntado por la cruel muerte de ambos nobles, emitió esta interrogante: «¿entonces, su sangre es tan pura?».

Una contestación que deja claro que el cinismo y la frivolidad del poder (y de los políticos) no es exclusiva de nuestra época sino de todas. Bastaría realizar un somero repaso a la historia de Roma para encontrarnos con innumerables respuestas parecidas.

En fin, terminando ya, me es inevitable citar este pasaje de las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand, en el que el filósofo francés deja un impresionante testimonio de su encuentro con la violenta turba que desfilaba orgullosa con las cabezas de Foullon y Bertier clavadas en dos picas. Un acto que le produjo un intenso rechazo y le hizo reaccionar airadamente de tal forma que (de no ser porque en el inmenso caos reinante los asesinos se encontraban, a su vez, perseguidos), probablemente ese fatídico 22 de julio habría terminado su vida.

Ahí dejo el pasaje: «Estaba yo en la ventana de mi hospedería con mis hermanas y algunos bretones; oímos gritar: «¡Cerrad las puertas! ¡Cerrad las puertas!» Llega un grupo de descamisados por una de las bocacalles; en medio del grupo se alzaban dos estandartes que no veíamos bien de lejos. Al acercarse, distinguimos dos cabezas desgreñadas y desfiguradas, que los predecesores de Marat llevaban en la punta de sendas picas: eran las cabezas de los señores Foulon y Bertier. Todo el mundo se retiró de las ventanas, pero yo me quedé. Los asesinos se pararon delante de mí y alargaron las picas hacia mí entre cánticos, mientras daban grandes brincos y saltaban para acercar a mi cara las pálidas efigies. El ojo de una de estas cabezas, salido de su órbita, caía sobre el rostro oscuro del muerto; la pica atravesaba la boca abierta cuyos dientes mordían el hierro: «¡Bandidos! —exclamé yo, lleno de una indignación incontenible—, ¿así es como entendéis vosotros la libertad?» Si hubiera tenido un fusil, habría disparado contra esos miserables como si hubieran sido lobos. Ellos lanzaron unos aullidos, asestaron nuevos golpes con redobladas fuerzas en la puerta cochera para echarla abajo, y unir mi cabeza a las de sus dos víctimas. Mis hermanas se indispusieron; los cobardes de la hospedería me cubrieron de reproches. A los degolladores, a quienes se perseguía, no les dio tiempo de invadir la casa y se alejaron». Shalam

ومن لا يريد أن يسكن إلا بين الصالحين فليسكن في الصحراء

El que no quiere vivir sino entre justos, que viva en el desierto

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….principio de ejemplaridad…(pon tus barbas a remojar).
    2imagen….principio de ejemplaridad…(pon tus barbas a remojar).
    3imagen….estos no beben vinagre con pimienta como cuentas en tus «dos decapitaciones»….
    4imagen….el tercero empezando por depardie es un idealista y no apoyaba la guerra contra robespierre (segun decia el general en el cuarto lugar (calvo)…..con los idealistas no se podia contar….jajaj
    5imagen..la necesidad es la segunda maestra de todas las cosas… ….la casualidad es la primera….(los surrealistas -(buñuel))…..
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=BGLGzRXY5Bw….. revolution..1968…the beatles….(lennon es un idealista)……

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Destrucción de Medusa. Acá Perseo destruyendo varias de las cabezas del monstruo. 2) Destrucciónd de un dragón de varias cabezas. Aquí un caballero. 3) ¿Quieres tú también comer heno? Anda, no me jodas. 4) Toda Revolución convierte a las víctimas en ángeles en contra de su voluntad. 5) Recuerda en los fondos a Piranesi. PD: Debería haberse llamado Destrucción. Uno ve a Lennon y se acuerda de la frase que dice que lo que eres en parte lo dice tu muerte.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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