Violencia y soledad (3)
Dejo a continuación el tercer avería sobre la primera etapa de la discografía de Judas Priest. El cual recomiendo leer escuchando uno de los temas...
Michael Lee (más conocido por su nombre artístico Meat Loaf) siempre se ha considerado a sí mismo un intérprete. Y no seré yo quien le contradiga. De hecho, creo que para valorar su verdadera dimensión como cantante, para saber quién es realmente, no basta con escuchar sus discos. Es necesario verlo moverse en un escenario.
Es imposible, por supuesto, explicar el éxito de Meat Loaf sin referirse a su mano derecha: el recién fallecido Jim Steinman. Ambos formaron una pareja con tanta enjundia como la de Jagger o Richards. Por más que sus colaboraciones fueron mucho más discontinuas. Digamos que Lee era el búfalo. El pedazo de carne. Y Steinman la limonada. La sensibilidad. Lee cantaba como un toro. Se comía cada palabra. Era una fastuosa reencarnación de los antiguos rockeros. Transformaba el blues en un balón de fútbol y llevaba tan dentro el soul que parecía recién salido de una granja. Encontrarse poseído por el espíritu negro. Y, por otra parte, Steinman era el esteta. El melódico. Lo mismo tocaba una nota que hacía pensar en una canción de Olivia Newton John o Cher que en una de West Side Story. Steinman parecía a veces un compositor de bandas sonoras de fantasía y dibujos animados. Un creador de baladas y melodías azucaradas que no obstante, se adaptaba perfectamente al rock más callejero. Era posible imaginarlo haciendo tanto un soundtrack de Conan o He-Man como de una nueva versión de Calles de fuego o Grease. Y, por supuesto, también de El mago de Oz.
Meat Loaf, como banda, como concepto, ha sido uno de los grupos más originales y distintos que ha habido en el mundo del rock. No sé si ni tan siquiera Queen llegó a sus cotas de teatralidad kitsch. Algunos de sus discos parecen óperas-rock fantásticas. Ensoñaciones rockeras parecidas a delirios megalómanos de una panda de moteros. Pesadillas salidas de un cuarto plagado de adolescentes ególatras deseosos de ser estrellas. Musicales callejeros. Melodramas que remiten tanto a los filmes de Douglas Sirk como a las teleseries protagonizadas por adolescentes inadaptados que gastan su escaso dinero o bien en discos de Elvis o en cómics de Marvel. Películas imposibles por las que lo mismo pueden desfilar los más disformes freakies como monstruos abigarrados e invencibles del estilo del que Richard Corben dibujó para su portada y acostumbraba a presentar en sus cómics.
En realidad, el sonido de sus más logrados discos junto a Jim Steinmann es muy difícil de definir. Sobre todo, obviamente, el de Bat out of hell. Por un lado, es compacto como un tonel. Denso y envolvente pero increíblemente sólido. De hecho, las notas parecen por momentos tocar el suelo, logrando que las guitarras, el bajo y la batería huelan a hamburguesa, vino barato, sudor, tocino, bar y sexo sucio. Pero en sus momentos más mágicos, en combinación con el piano, los sintetizadores o el saxofón, se elevan como rayos de sol o angelicales rezos eclesiásticos. Mérito en gran medida de la magnífica y tantísimas veces loada producción de Todd rundgren. Alguien con el oído lo suficientemente fino y sensible como para dotar de suavidad y altura a cualquier composición del grupo pero también lo suficientemente salvaje como para permitir que toda la bilis de Lee y su banda estallara convirtiendo la rabia en un alarido monstruoso tremendamente fascinante para adolescentes como para adultos enamorados profundamente del magnetismo fantasioso del rock.
Se suelen despachar con mucha alegría como mediocres o fallidos los discos de Meat Loaf sin una presencia acusada de Steinmann, pero creo sinceramente que es una equivocación. Una de esas afirmaciones rellenas de vaguedad. Creo que todos tenemos claro que las dos primeras partes de Bat out of hell son hitos. Cimas. Megalomanía fantástica de lujo. Pero el resto no son en absoluto desechables. Al fin y al cabo, incluso afónico y con sus cualidades vocales diluidas (como en Dead Ringer) ahí está Lee. Alguien al que se le podrá acusar de todo (por supuesto, también de hortera) pero no de no poseer una inmensa personalidad. De no imprimir sentimiento a cada canción que interpreta. De hecho, su voz llena con tanta rotundidad el espacio sonoro que por momentos da igual lo que cante.
En suma, Meat Loaf son una anomalía absoluta en el mundo del rock que, al mismo tiempo, representa perfectamente este estilo. Por un lado, son casi una parodia irónica de sus más sobados tópicos y, por otra parte, son su magnificación. Una exageración megalómana de sus características. Y es eso precisamente lo que tal vez los llevó al éxito. El hecho de mostrar en escena, sin miedo al ridículo, el exagerado aspecto de las fantasías rock.
1ºimagen:….»cacho carne» y su camisa con chorreras a la tarta al whisky………..
2ºimagen:….»cacho carne» insistiendo en las chorreras…..
3ºimagen:…..bueno, pues aqui estamos los dos…uno desafia y al otro se la «suda»……..
4ºimagen:..comercio colorao.(compre el lp en su momento y lamentablemente fue un puff para mi..) sonrisa..
5ºimagen:…..crujen los nudillos, jajajjjj….y llevo unos pelos de patti smith que no puedo con ellos…….
6ºimagen:……mi voz no existe, no es significativa…..(si se es cantante esa es una condicion…)
7º imagen:….comercio azul……
1) Horror bufo. 2) Operación Triunfo edición 1983 3) A veces, momentáneamente, alcanzo cierta satisfacción. 4) Tenía muy claro que no te gustaría este disco. Caricatura: rock y dinosaurios. Planeta salvaje 5) El malo de Twin Peaks cuando aún tenía cara de bueno y no había sido poseído 6) Canto en el infierno. 7) El Joker contra los vampiros celestes