Lo imposible (1)
¡Buenas a todos! De momento poco tengo que decir. Simplemente que estoy de vuelta. Hay varios temas sobre los que me gustaría hablar en los próximos...
Es decir; este Mundial ha destacado más por sus decepciones que por sus virtudes. Pues, repito, no ha habido ningún equipo que imponga un estilo de juego. Francia ha vencido, es justo ganador, pero no ha convencido. A Bélgica le ha faltado un cierto hervor competitivo y Brasil -el equipo más completo en mi opinión- tuvo la suerte en su contra y creo que pagó el karma de tener como referente a Neymar: un descomunal futbolista que, no obstante, genera innumerables odios y animadversión por su egocéntrica actitud. Una forma de ser nociva que creo que ha provocado que los dioses estuvieran en contra de su selección. Una Brasil que sin ser imperial, sí tenía maneras de campeona. Era un equipo muy compacto que mezclaba el rigor táctico y la genialidad con sumo equilibrio y parecía casi una fotocopia de aquella Brasil que reinó en Usa 94 aunque en tonos más ocres y oscuros. Y además, no tenía como bastiones defensivos y organizativos a Mazinho y Mauro Silva.
Cruyff nos enseñó que era posible divertirse y ganar en el fútbol profesional. Que el fútbol de ataque podía ser tan ácrata, anárquico y pintoresco como un lienzo de Miró y tan organizado y estructurado como un ejército prusiano. Cruyff hizo de la posesión un estilo. Un don. La fórmula ideal para desesperar al contrario y derribar las murallas enemigas. Tal vez porque veía lo que la mayoría de expertos no eran capaces de ver. Era un visionario cuya influencia era tan grande que su muerte ha dejado extenuado al fútbol de ataque. Ha convertido el fútbol de toque en una cansina ruleta y ha devuelto a los extremos y laterales a su simple rol de peones.
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