Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
Existe -ya lo he dicho- un instinto fáustico muy acusado en la música de Karlhein Stockhausen. Un impulso de gobernar, recrearlo todo, alcanzando las cotas más amplias del sonido. Pero también existe un amplio impulso oriental, casi zen. Ocurre que, finalmente, Stockhausen es alemán e incluso en sus composiciones más minimalistas, casi sintoístas, se puede adivinar su origen. Una concepción adusta de la música. Se siente que aún perdura en su arte la voluntad totalitaria de Wagner pero, eso sí, desestructurada en medio de océanos de compases disformes y agrias caricias instrumentales. De la misma forma que se vislumbra el amplio alma del romanticismo alemán perviviendo en medio de temporales serialistas, sobrias rupturas orquestales y continuas experimentaciones tecnológicas.
Stockhausen, eso sí, no era un nostálgico. Era un músico de presentes e instantes que no captaba a retazos sino totalitariamente. Puede que algunas de sus obras recuerden a lienzos de Mondrian barnizados con ciertas capas psicodélicas o a borrosos paisajes de Friedrich disolviéndose, desapareciendo lentamente. Puede que otras parezcan impresionistas acercamientos al arte minimalista. Un cruce germano entre las exploraciones dadaistas de Zappa y las rupturas sonoras de Varèse en medio de un precipicio pero, en realidad, el paisaje que retrata Stockhausen es mucho más amplio. Porque siendo un músico que aspiraba al absoluto siempre terminaba por atravesar este plano de la realidad. Retratar volcanes, soles y lunas, adentrándose en el inconsciente humano y planetario. Describía, por ejemplo, personajes, situaciones y sonidos dentro de un amplio espectro simbólico. Casi alquímico. Porque, en realidad, era un cabalista para el que la ciencia ficción y la tecnología tenían un interés más astral que real y para el que la música era un medio y no un fin. El lenguaje ideal para penetrar y adentrarse en verdades y mundos más profundos. Explorar el cosmos y escuchar las resonancias que nuestros actos en este mundo tienen en otros.
En fin, no creo equivocarme si afirmo que tanto las composiciones minimalistas, coloridas y rupturistas como las exploraciones siderales, óperas atonales, ruidistas, esquizoides y absorbentes de Stockhausen no respondían tanto a un deseo de certificar una crisis como a un deseo de alcanzar todos los matices de la expresión humana musical. A un absoluto deseo de imponerse al Universo. Eran el reflejo del viaje continuo, eterno llevado a cabo por el espíritu y la materia en esta realidad.
0 comentarios