Menos joven
Menos joven, la primera novela de Rubén Martín Giraldez, era un delirio. Una historia llena de frases-torbellino y palabras-huracanes que invocaba...
Bernhard no es un autor al que admire. Es un escritor al que amo profundamente. Al que considero un amigo. Cuando todo se desmorona, pienso en que tal vez pueda sacar unos minutos para leer sus libros y dejarme fluir con su bilis, rabia y sus harapientas, y soy feliz. Tremendamente feliz. Siento de hecho que soy invulnerable. ¿Cómo decirlo? Bernhard consiguió dar sentido a la decadencia europea, le puso verso y ritmo y fue capaz de construir toda una literatura consagrada al odio capaz de profundizar en ese hastío sentido por Lord Chandos que no le permitía ni pensar ni hablar con coherencia sobre cualquier cosa. ¿Cómo hacerlo si todo lo que nos rodea nos empuja a la desaparición y el suicidio? Lo explicará con palabras aproximadas el príncipe Saurau en Transtorno: «Todo el mundo habla siempre un lenguaje que yo mismo no entiendo pero que, de vez en cuando es entendido».
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