Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Sin embargo, cuando rememoro su cine últimamente, no vienen a mi mente las clásicas imágenes de La dolce vita, La strada o Amarcord sino las de una película del 53: Los inútiles. Creo que porque en ella, Fellini retrató a la juventud europea con suma precisión. De hecho, a tanto llega su ácida visión crítica de los cachorros italianos crecidos en provincia que si su estilo fuera un poco más descuidado, incluso creería que pudiera haber sido firmada por Pier Paolo Pasolini. Ya que esta obra melancólica y dicharachera a partes iguales es, en gran medida, un retrato visionario de los estragos producidos por la sociedad de consumo en Occidente años antes de su total eclosión. Es una descripción gráfica, melancólica e impiadosa, sí, del pijerío burgués que puebla las calles de moda de las ciudades modernas. De todos esos muchachos crecidos en ambientes más o menos confortables que han convertido el placer en religión, la satisfacción de todas sus necesidades en ley y al no sentirse acuciados por el hambre, han arrinconado el trabajo de sus vidas como si fuera completamente accesorio para la construcción de su personalidad.
En fin. Hoy es día de elecciones en España. Día en que los políticos ganan. No los ciudadanos. Y no puedo evitar pensar una y otra vez en esta película. En cualquiera de los personajes de Los inútiles de Fellini dirigiéndose a llenar las urnas de algún colegio de su pueblo con la misma actitud y conciencia con la que juegan a las cartas, intentan ligar a las señoritas que aparecen en los bares o pasean junto al mar ensimismados en la mascarada infinita. ¡E la nave va! Shalam
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