El pícaro ilustre
No sé qué dirán las esquelas cuando la Parca se lleve a Joaquín Sabina, pero no serán justas si no afirman con rotundidad que fue uno de los mejores...
Obviamente, para forjar la leyenda de Ghost ha sido muy importante que ninguno de los miembros diera señales sobre su identidad durante un tiempo. Su cantante es el Papa Emeritus y el resto de los cinco componentes del grupo son «los demonios necrófagos sin nombre». Cada uno de los anónimos diablos es representado por un símbolo -fuego, agua, aire, tierra y éter- cuyo poder ejerce de manera negativa o inversa a la conocida. Esto es; satánica. Y consecuentemente, sus discos son una invitación a recibir al nuevo Anticristo con los brazos abiertos, como cada una de sus canciones, un homenaje a la iglesia demoníaca cuyo poder controlará (si es que no lo hace ya) el mundo.
En fin, realmente creo que Ghost son una inmensa carcajada. El teatro de la crueldad de visita por el mundo del pop. Abba cenando con King Diamond en medio de una catedral románica. La risa de Georges Bataille al contemplar unas cuantas sábanas desplazándose libremente entre los anaqueles de una biblioteca. Rabelais echándose una partida de cartas con Andy Warhol. El Nuevo Orden Mundial presentándose a sí mismo como una nueva Edad Media. La prueba de que es posible danzar incluso en medio del fuego y el vacío cotidianos. Una invasión de calaveras surgidas de un antiguo tratado de brujería que provocan tanto miedo como placer. Orgasmos desoladores, intensos besos o gritos de asco. Y, en definitiva, la manifestación más evidente de que para conseguir que el rock continúe siendo excitante es necesario hacerlo retornar, de una manera u otra, al lugar donde surgió: los infiernos. Shalam
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