El ballet perfecto
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un equipo mítico de fútbol: el Milan de Arrigo Sacchi....
He realizado hoy esta introducción porque, aunque parezca mentira, sensaciones y reflexiones parecidas a las anteriores son las que experimento y me planteo cuando contemplo los puertos de montaña donde se fraguó la derrota de Miguel Induráin en el Tour del 96; aquel que estaba destinado a convertirlo en dios y lo hizo humano: Huatacam, Larrau y Les Arcs. Nombres que, como Waterloo para Napoleón o la playa de Steedagh Strand para la Armada Invencible, se encuentran unidos para muchos españoles no tanto a los triunfos, escapadas o hazañas allí realizadas por diversos ciclistas sino al padecimiento en este caso de un héroe deportivo que parecía estar en las mejores condiciones de lograr lo que no había conquistado nadie -6 Tours- y, contra todo pronóstico, fracasó en su intento.
Les Arcs: 6 de julio. Un puerto alpino sin historia en el ciclismo. Tampoco demasiado exigente. Rampas con un porcentaje razonable. Nunca se había subido hasta entonces. Su nombre palidece frente a colosos como el Tourmalet o Alpe d’Huez. Es apenas una anécdota en el deporte. Una carretera intrascendente donde muy pocos aficionados al ciclismo habían dejado escrito el nombre de sus ídolos hasta 1996. Sin embargo, fue allí donde Induráin comenzó a doblar la rodilla debido a una inoportuna pájara. Aquella subida se le hizo eterna. Su ritmo de pedaleo era irregular. Se encontraba sobrepasado. Bebía agua y miraba a sus costados sorprendido y angustiado como el ahogado que espera un último milagro antes de hundirse en las olas y no es capaz de explicarse su suerte. Los aficionados apilados en los bordes pensaban que aquel día habían ido a hacer turismo. Fotos, deporte y un poco de ocio. Tal vez a contemplar otra exhibición del gigante. Pero se dieron de bruces con una tragedia. El principio del fin de un mito. Que Induráin fallase no era algo raro. Era ciencia ficción. Así que nadie comprendía nada. Nadie lloraba ni reía porque no sabíamos qué estaba ocurriendo. Era inverosímil.
Hautacam: escenario pirenaico donde el navarro refrendó su cuarta conquista con un ataque tan inesperado como inolvidable. Lamentablemente, aquel lejano 16 de julio, día en que cumplía 32 años, refrendó su derrota. Ese Tour definitivamente no era el suyo. A falta de escasos kilómetros para la llegada a meta, Bjarne Riis demarra. Induráin se pone a rueda. Intenta seguirle y disimular su impotencia. Por momentos, parece querer frenarle con la mirada, con su prestigio, más que con los pedales. Y, en principio, funciona. El navarro se adhiere a la carretera. Pero el danés continúa intentándolo. Va suelto. Demasiado. Podría decirse que está montado en una bicicleta estática y que pedalea en el cuarto de su casa. Casi que va de paseo aunque su ritmo es frenético. Muy elevado. Y no cesa. Aumenta gradualmente. Así que, en cuanto el danés demarra de nuevo y comprueba que lleva puesto el plato grande, Induráin se frena. O más bien, se deja ir. Imposible seguir a esa bestia. A ese voraz carnicero cuya bestial silueta recuerda por momentos a la de Merckx. Allí definitivamente acaba el sueño del ciclista de Banesto. Huatacam es sinónimo de entierro. Un funeral para el ciclismo español. No hay milagro.
Larrau: A los deportistas se los suele homenajear tras su retirada. Es muy difícil que reciban honores de su gremio más allá de los reconocimientos habituales. Por eso aquel día 17 de julio era tan excepcional. La etapa terminaba en Pamplona. Feudo de Induráin. Si eso no era un capote de primera categoría por parte del Tour al único ciclista que lo había conquistado en cinco ocasiones consecutivas, qué era entonces. Lamentablemente, aquella fecha se recuerda más por el inmenso cariño de la gente a Miguel que por su desempeño deportivo. Subiendo Larrau, se descolgó del grupo de cabeza. Y si no se bajó en ese momento de la bicicleta fue por dignidad. Porque a 100 kms le esperaban sus familiares, amigos y paisanos coreando su nombre, deseando devolverle toda la dicha que les había transmitido gracias a sus hazañas.
1ºimagen:……peso mucho….pero aun me quedan fuerzas para llegar………….
2ºimagen:….e.chillida…… haria la obra dentro del tumulo……..(en las islas canarias lo mandaron para su pais vasco, al final no la hizo……..)………………………..
3ºimagen:……la carretera llena de caracoles…….art-bio……
4ºimagen:…..serpiente encima de la serpiente……
5ºimagen:……es un castigo escolar…..una copia……aunque la pintada pueda parecer thx 1138….
Sería genial que todas las últimas pintadas fueran Thx 1138. Un mensaje para iniciados en medio de la prueba deportiva que sólo descifrarían unos cuantos que vieran la etapa por televisión. La cuarta foto sí sería imagen de serpiente en el principio del mundo. Foto cabalística. La tercera… imaginar como esclavos a todos los que hacen las pintadas en el suelo. No las hacen por pasión sino por obligación y no les pagan. Segunda imagen es exacto lo que dices de Chillida. También se puede ver como un túmulo espacial. Homenaje a 2001 de Kubrick. Ahí está el monolito o el señor con la cama. La primera foto … es una foto griega. Hércules o un héroe .. sabe que va aperder pero continúa jugando. Sísifo y la rueda.