La terapia perpetua
A Messi, generalmente, se lo admira o se lo envidia, pero la selección argentina nos ha enseñado también a tenerle pena. Hace diez años, cuando...
Ganó el Madrid y ganó bien. Pero no por juego o por un mayor equilibrio táctico. Ganó por un imponderable místico. Por el peso de la camiseta, la experiencia. Por la historia. Por vísceras. Ganó por una serie de factores ajenos al juego que contribuyen a engrandecerlo.
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