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Aspereza

May 8, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a Black Box Recorder. El cual recomiendo leer escuchando el tema que abre Passionoia: «The School song».

 


                                          Aspereza

La mayoría de grupos en los que se reúnen dos o tres leyendas (o músicos notables) que forman parte de bandas famosas no suelen funcionar. Creo que porque en el arte es más importante el instinto que la lógica y las matemáticas. La unión artificial de dos o tres genios suele producir resultados vacíos que en muy pocas ocasiones se encuentran a la altura de lo que cada uno de ellos hace por separado. Cuando componen por urgencia, necesidad o para mitigar su dolor.

Black Box Recorder es, sin duda, una de las escasas excepciones a esa regla. Puesto que la unión entre Luke Haines (ex de The Auteurs) y John Moore (ex de The Jesus & Mary Chain y Revolution 9) junto a una esmerada vocalista (Sarah Nixey) dio como resultado una trayectoria muy interesante tal y como ponen de manifiesto tres discos notables (England made me, The facts of life y Passionoia) que aún mantienen su vigencia. Aún continúa mereciendo la pena escuchar. Prueba de que la banda poseía su propia personalidad y de que los músicos que formaron parte del proyecto se implicaron profundamente y lograron darle su propio toque.

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En mi mundo interior yo solía comparar a Black Box Recorder con Saint Etienne. Muy probablemente porque ambos eran grupos con chica vocalista al frente pero también por la naturaleza pop de su sonido. De todas formas, yo tenía muy claro que Black Box Recorder eran, en cierto sentido, el reverso de Saint Etienne. La banda de Sarah Cracknell y Bob Stanley era mucho más alegre y optimista. Su objetivo era propulsar el pop hacia otra dimensión. Querían encontrar un puente entre el pop de los 60 y el de los 90 y la música de baile. Y no deseaban tanto criticar lo establecido como jugar y divertirse con sus contradicciones. Black Box Recorder, sin embargo, eran mucho más críticos y ácidos. Utilizaban los teclados y las melodías pop para atacar a la sociedad de consumo. No eran hedonistas sino que utilizaban fórmulas hedonistas y la tecnología para combatir la frivolidad de esa Inglaterra de finales de los 90 donde no se sentían nada a gusto. Hablaban de hecho del placer no tanto para disolverse en él sino para confrontarlo con la dureza de la vida cotidiana. Así que no era extraño que mezclasen lujo y crimen, dolor y confort, dulzura y depresión o que compusieran canciones aparentemente amables parecidas a refrescos que, en realidad, llevan arsénico, puro veneno, en su interior.

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Recuerdo ver un concierto de Black Box Recorder en Barcelona. Era el año 1998. Por entonces no sabía quiénes eran. Pero captaron rápidamente mi atención. En aquella banda había algo más de lo que sonaba. No terminaba de entender la ironía, el cinismo o la mala uva pero podía sentirla. La interpretación del grupo fue perfecta. Muy cool. Todo estaba en su sitio pero además, podía sentir de fondo una atmófera inquietante, peligrosa que me hizo empatizar mucho con ellos. Esto es; Black Box Recorder tocaban aparentemente melodías bellas e inofensivas pero, en realidad, eran todo lo contrario. A la candidez de la música le acompañaban arreglos que transmitían intranquilidad y unas letras que invitaban al suicidio y escarbaban en las contradicciones y las miserias de la inglaterra neoliberal. No tardé obviamente mucho en comprar England Made me, un álbum que fue de los que más escuché durante una época de mi vida.

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England made me sigue siendo mi disco favorito de Black Box Recorder. Una maravilla llena de dolorosos medios tiempos apuntalados por unas guitarras y unos teclados amenazantes ideales para acompañar letras que podrían formar parte de una novela de Sylvia Plath.

Como dije antes, a pesar de la aparente dulzura de las composiciones, Black Box Recorder apuntaban a la dureza de la vida social, a pequeños dramas personales vividos con indiferencia y frivolidad en una sociedad cínica, casi cruel. Así que por allí lo mismo aparecían mujeres deseosas de embarazarse de famosos que señoritas con tendencias depresivas o niños obsesivos al borde del suicidio.

Es difícil escoger una canción entre las doce que forman parte de esta obra pero creo que me quedaría con «It’s only the end of the world». Una triste oda en la que la voz de Nixey transmite más aspereza que nunca al referirnos la amargura que le inunda tras la partida de un circo y la consiguiente ausencia de magia. En cualquier caso, yo siempre he entendido este tema como un desolador cántico a un mundo en el que el amor se encuentra ausente. Y, en ese sentido, ningún momento más desgarrador que aquel en el que Nixey susurra con voz sorda eso de: «¿Dónde está el amor?».

Una pregunta que podría haber perfectamente titulado un Lp que explora las consecuencias del egoísmo contemporáneo, describe con virulencia a la Inglaterra neoliberal y de paso demuestra que los grupos con chica al frente no tienen por qué ser precisamente primaverales. Pueden también ser otoñales, secos y severos.

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Además del carácter errático de Haines, a Black Box Recorder probablemente les perjudicó encontrarse en territorio difuso. No eran un grupo que aspirase a llenar las pistas de baile pero tampoco hacían pop en el sentido tradicional. Haines, desde luego, se negaba a encasillarse. Así que, en vez de aprovechar comercialmente el tener al frente a una mujer atractiva con una voz carismática, se dedicó (como siempre) a romper tópicos. Black Box Recorder eran el opuesto de las bandas soul con presencia femenina al frente. Eran sinuosos y discretos. Misteriosos y ambivalentes y muy críticos con todo. Así que, antes o después, (a pesar de momentos de cierto éxito) estaban destinados a desaparecer.

En el camino dejaron dos discos más en los que fueron ahondando, expandiendo (y, en algún caso en concreto superando) los hallazgos de England made me. En el segundo, The facts of life, se abrían a explorar la música cinematográfica al tiempo que hacían canciones parecidas a fotomatones en las que continuaban describiendo asperezas a ritmo de caramelo y juguetones teclados. Y en el tercero, abrazaron deliciosamente el techno pop, jugaron a ser frívolos y rebajaron un poco la amargura sin perder personalidad. Demostrando que eran dueños de una vibrante propuesta que dejaron en suspenso durante años hasta que se despidieron, dejando una escueta nota y dos canciones nuevas que servían como epitafio perfecto a una aventura secreta y áspera que mezclaba sal y azúcar y miel y pimienta a partes iguales.

Así, con discrección e inesperadamente, fue el final de un grupo que siempre estuvo varios cuerpos por encima de la media y mostró un aspecto desconocido de un Haines que parecía que se había propuesto ser el ángel turbio del pop inglés. Aquel extraño visitante que protagonizaba Teorema, (el filme Pier Paolo Pasolini), y con su sola presencia hacía saltar por los aires los cimientos de una familia. Shalam

  نظريةالطبيعة دائما تدمر أي

La naturaleza destruye siempre cualquier teoría

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….la segunda copa de champagne no tiene a nadie visible que la beba…..
    2imagen….examinadores en un zeppelin…..
    3imagen…el minero de village people….(la descubierta emilia en la union…..)
    4imagen…..me dan un aire gordo a the styles council….(dos maromos & la chica dee c lee)……
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=caOA14FIMGA….oscuro affaire….radio futura…..

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Creo que la respuesta a lo de la segunda copa de champagne estaria en el cuerpo que se ve en la piscina que lamentablemente no he podido colocar en la portada de avería porque no me dejaba el tamaño. 2) Operación Triunfo. Estos alumnos tienen mucho que mejorar todavía. 3) Homenaje a Lou Reed al tiempo que se ataca a Margaret Tatcher. 4) Encorsetamiento y vicio. PD: hablando de affaires, la chica y Moore tuvieron un romance. No sé si continúan siendo pareja.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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