Voces en off
Posiblemente, Alejandro Céspedes sea más un filósofo que un poeta. Yo al menos no lo percibo como un poeta filosófico sino como un filósofo que...
Siendo justos, los personajes del libro no son ni Almayer ni su hija ni cualquiera de los lunáticos y sangrientos caracteres que aparecen a su alrededor. Los personajes centrales son el clima, el sol terrible que seca la escasa savia vital que aún resta en sus corazones, los trozos de café derretidos que se agolpan entre los colchones abombados de las mecedoras y la lluvia que cae sobre el pelo enmarañado de hembras asiáticas cuyo sexo huele a vapor y vino. Aunque también podemos citar como personajes esenciales a los sentimientos de desconsuelo, rabia o esperanza que enrarecen un ambiente turbio y insondable, parecido al corazón ahumado de un diablo.
Tengo la impresión de que Juan Carlos Onetti debió de leer esta novela u otras de Conrad atentamente en algún momento de su vida porque existen conexiones entre ambas poéticas. Ante todo, el perverso goce del nihilismo. El disfrute del sentimiento de aniquilación. Pero, obviamente, hay más concomitancias. Los personajes de ambos novelistas, por ejemplo, disfrutan remando a contracorriente. Nadando en medio de la tempestad aunque no extraen ninguna recompensa de su esfuerzo. De hecho, lo que realmente desearían, sería morir. Pero son demasiado cobardes para pegarse un tiro. Y es por este motivo que, finalmente, se transforman en personajes de estatura mitológica. Estatuas estoicas que lo soportan todo y son capaces de imponerse a los mayores temporales y al criminal aburrimiento con tal de apartar de su lado a los cuervos. Alejar durante un día más el acceso al más allá: el suplicio eterno. Shalam
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