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Un Camino. Día 32 (1)

Ene 13, 2026 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé de la primera parte del día 32. ¡Ahí voy!

Un Camino. Día 32 (Primera parte)

Sábado 16 de agosto

Cuando aún no ha amanecido David y yo salimos de Nájera. Afortunadamente, gracias al buen hacer de Almudena podemos ocupar la cocina y desayunar junto a otros peregrinos sin ningún tipo de problemas. Me reconforta comprobar que Pasquale ya ha partido. Todo invita a la armonía. El sol va apareciendo lentamente en el horizonte. También, claro, al desapego. Desafortunadamente, cuando partimos de Nájera (como ya me ocurrió en otras localidades) tomo conciencia de las maravillas arquitectónicas que no he visitado. Caso, por ejemplo, del Monasterio de Santa María la Real donde se encuentran enterrados los reyes de las dinastías Jimena y Abarca.

Sin embargo, este hecho no me provoca ningún malestar. Cada uno tiene su propio camino. Ni en un millón de vidas podría ver todas las maravillas del mundo. Ni en treinta Caminos agotaría las joyas arquitectónicas y culturales de la ruta jacobea. No se trata, según mi punto de vista, de abarcarlo todo sino de profundizar en aquello que nos vamos encontrando. Suena cursi, lo sé, pero el Camino también es abandonar, dejar de lado, elegir. El Camino es saber que la persona menos pensada se puede convertir durante unas horas en imprescindible en tu vida y mañana ya no la verás más. El Camino es emocionarse con una ermita medio derruida y pasar de largo frente a la Catedral más exuberante. No importa tanto lo que uno ve sino lo que uno hace con lo que ve. En realidad, lo que uno ve y lo que no ve durante su peregrinaje no es casualidad. Hay allí mensajes ocultos, escondidos para cada uno de nosotros.

Nájera tiene algo, eso sí, de pueblo quijotesco. Muchos reinos medievales de España poseen ese halo. Un espíritu mágico, flotando en la nebulosa de sus muros que desconcierta a los hijos de la modernidad porque los entronca con una historia perdida, remota, casi desconocida para los discípulos de la velocidad y los bytes. Una historia que por lejana que pueda parecer nos explica mejor que cualquier tratado posmoderno al uso.

De camino hacia Azofra, tras atravesar el arroyo de Pozuelos, David encuentra un plátano en el suelo. Lo recoge, lo pela y me comparte un trozo. Tantos años caminando lo hacen estar más atento que la mayoría a lo que regala y ofrece inesperadamente el Camino. Mientras comparte la fruta conmigo me habla de decenas de objetos que ha ido encontrando. Puedo confirmarlo. En su mochila hay un rincón lleno de utensilios mágicos. Unicornios de plástico, estrellas de coral, medusas de cera. Incluso un gusli, el tradicional instrumento ruso, que en este caso se encuentra decorado con una imagen caballeresca que pareciera evocar el antiguo amor cortés.

No cabe duda de que el alma de David es un arca inagotable. Sólo por conocerlo hubiera merecido este viaje. Admiro además el hecho de que, a pesar de sus dificultades, sigue viajando y es un hombre honesto. Muchos en sus circunstancias estarían en sanatorios, desahuciados o, peor aún, habrían atentado violentamente contra sus familiares o las autoridades más por desesperación que por auténtica rebeldía.

Cuando ya atisbamos Azofra, encontramos a Pasquale. Vuelvo a emocionarme al cruzarme con él. Pero en estos pocos días ya me he acostumbrado a su presencia. Después de conocer su arrojo y vitalidad, me parece lógico que su ceguera no sea obstáculo sino al contrario motivación para él. Tengo la impresión además de que Pasquale ansía que lo tratemos como si fuera vidente. Que su vida es una lucha por ser uno más. Algo que, doy fe, en gran medida ha logrado.

Se percibe, eso sí, que las llagas en los pies no le permiten apenas caminar. Lo hace muy lento. Por contra, mi pie izquierdo cada vez está mejor. Así que lo adelanto y lo espero con tranquilidad en un café de Azofra. Allí nos reunimos junto a Andrea (la psicóloga) y Jesús quienes conocieron también a Pasquale días atrás en circunstancias que pasan a relatarme. Camino a Los Arcos, nuestro amigo italiano transitaba por un muro junto a una cuneta. Lo hacía por el lado del terreno y no por el de la carretera. La situación era un poco peligrosa, pero también divertida. Jesús lo ayudó a bajar y a volver a subir a la carretera y caminaron unos kilómetros juntos. Se da la circunstancia de que Jesús tiene origen italiano y habla la lengua de Dante perfectamente. Así que su presencia fue un oasis y un refugio en aquellos instantes para Pasquale.

Si no tuviera que llegar a Santiago el día 1 de septiembre no dudaría en seguir caminando junto a Pasquale. Pero el tiempo se me agota. Así que lo abrazo y me despido. Tengo, ahora sí, la impresión de que ya no lo veré más en el Camino pero que de un modo u otro seguiremos en contacto. Durante estos breves días Pasquale ha dejado de ser un ciego para mí. Ahora es un hombre con personalidad propia que no se diferencia en nada del resto de peregrinos. Lo valoro como persona y su ceguera se ha convertido en algo secundario. Misterios del Camino y de la vida. Al alejarme, casi puedo escuchar una melodía de Nino Rota. Imagino, como en otras ocasiones, a Pasquale convertido por Fellini en un icono legendario, surgido de la niebla. ¿Lo volveré a ver algún día?

David y yo continuamos caminando. Ninguno de los dos sabe nada por cierto de Karim. Tampoco nos preocupa. En el Camino las compañías van y vienen. Aunque debo reconocer que me resulta extraño no ver aparecer al fondo la silueta de mi amigo árabe.

En fin. La etapa de hoy es sencilla. No es demasiado exigente pero el sol vuelve a reinar en plenitud convirtiendo a los caminantes en vasallos, casi esclavos de su influjo total, absoluto. Diríase que el paisaje parece contagiarse de esta tiranía porque el verde de los viñedos comienza poco a poco a difuminarse entre terrenos yermos de cereales que anuncian la proximidad de aquellos campos de Castilla a los que dedicara Antonio Machado unas nostálgicas, entrañables odas.

David camina lógicamente a un ritmo distinto y más veloz que el mío. Y vuelve a distanciarse de mí. Nos veremos de nuevo en Santo Domingo de la Calzada. No obstante, antes de separarse, me comenta sus impresiones sobre una célebre leyenda protagonizada por un ahorcado, una gallina y un gallo sobresaliente en esa localidad.

Da por hecho que yo debería conocer esta historia pero, para su sorpresa, no es así. En la vida siempre hay una distancia entre la teoría y la práctica. Y en el Camino aún más. Así que, aunque parezca mentira, un francés viene a explicar a un español una historia de las más célebres y legendarias del Camino. Un pintoresco milagro (digno de protagonizar un entremés cervantino) sobre el que se han vertido ríos de tinta. Aún más, en torno al mismo fue creciendo una localidad consagrada a la memoria de un religioso y ermitaño clave para la construcción de puentes, calzadas y hospitales.

La historia data del siglo XIV: una pareja de peregrinos alemanes y su hijo, Hugonell, decidieron descansar en una posada de esta localidad. La hija del dueño se encaprichó del joven pero no fue correspondida. Para vengarse, escondió una copa de plata en su mochila y a continuación denunció al muchacho por haberla robado. Como cuando registraron el equipaje del chico, el objeto se encontraba allí, el corregidor no dudó en condenarlo a morir ahorcado.

La sorpresa vino cuando los padres del joven fueron a velar el cuerpo de su hijo ajusticiado y se encontraron con que estaba vivo y coleando. Según Hugonell les comentó, antes de partir para siempre, había rogado a Santo Domingo de la Calzada porque reparase esta injusticia y el santo logró que la soga se aflojara evitando su muerte. Alborozados, los padres regresaron al pueblo y fueron contando el milagro con quienes se cruzaban. Por supuesto, no dudaron tampoco en dirigirse a la casa del corregidor. Cuando lo encontraron, éste estaba a punto de cenar y dar cuenta de un gallo y una gallina asados. Ante la desproporción de lo narrado y creyendo que se encontraba ante un par de exaltados, el corregidor no pudo evitar sonreírse y casi estallar en carcajadas. ¿Qué extraña historia contaban esos señores? Con cierta ironía, alzó la voz asegurando que aquel muchacho que él mismo, con sus propios ojos, había visto ahorcar se encontraba tan vivo como la gallina y el gallo que estaba a punto de saborear y echarse al buche. Como por arte de birlibirloque, en ese mismo momento, la gallina cobró vida y empezó a cacarear. ¡Milagro, milagro!

Es por ese motivo que en la imponente catedral de Santo Domingo de la Calzada, entre el tradicional olor de incensarios, la rigurosidad de los claustros y las imponentes vidrieras, es posible contemplar un gallo y una gallina. Si el visitante tiene además la suerte de escucharlos cacarear puede considerarse afortunado pues se considera un buen augurio.

En fin. No puedo sino reírme -a partes iguales- de mi ignorancia y del giro surreal de esta fábula, que pareciera escrita por Cervantes o Calderón en una tarde de verano. ¿Cuántas veces en el Camino el extranjero acaba siendo el verdadero guía? Hoy me pasa a mí. Un francés me descubre una de las historias más repetidas por los aldeanos y, acaso ignorada por muchos españoles que pasan de largo enfrascados en las tertulias deportivas y las citas sexuales virtuales.

Vuelvo a caminar solo y pronto, sobre una pequeña pronunciación, el Alto de Vallejanco, me encuentro con una escultura de metal realizada por un artista de la zona, Ramón Rodríguez, que homenajea al gran protagonista de esta fase del Camino: Santo Domingo. Pienso en las obras de Chillida al verla. A mí la obra me gusta y disfruto contemplando el paisaje junto a ella. Representa la cepa de un puente bajo el que aparece la figura del santo. De todas maneras, no puedo evitar preguntarme si el religioso se reconocería en ella. Eso es lo que tiene el arte moderno. Creo que Santo Domingo prefería que el dinero invertido en construirla se hubiera puesto a disposición de los peregrinos o de los pobres. Pero es sólo una opinión. ¿A quién le importa?

No lo he dicho hasta ahora (¡Bastante tenía con soportar el sol y mi pie izquierdo!) pero desde hace unos días he ido encontrando algunos acordes que desafinan con nuestra experiencia mística. De tanto en tanto las rutas tradicionales del Camino francés se ven amenazadas por el inflexible avance (o retroceso) del progreso. Autopistas que cruzan rutas de ensueño, amenazantes carreteras y centros comerciales que surgen como sombras deseosas de impugnar la tradición en pos del consumo y la velocidad. Esto ocurre precisamente en Cirueña. Antes de entrar a la localidad me doy de bruces con un campo de golf. Una silueta que parece reírse e ironizar tanto de mis esfuerzos como de los de los restantes peregrinos. Al fin y al cabo, el golf habla de lujo y confort. Nos remite a placeres un tanto frívolos y a trajes caros frente a los que, por ejemplo, mi desarrapada indumentaria segrega un aroma vetusto. Un sabor a destierro y a exilio.

En fin. Hay que continuar. No es tampoco muy agradable llegar a Santo Domingo de la Calzada. El tráfico, los centros comerciales atentan contra el flujo de los caminantes. Pero hay que reconocer que el centro de la localidad es bellísimo. Es todo lo contrario a los no lugares contemporáneos: gasolineras, centros comerciales, almacenes, naves industriales, etc… Lo único que no me termina de convencer del mismo es que se encuentra demasiado limpio. Es demasiado lustroso y bello.

No quiero sonar crítico. Santo Domingo se me antoja un lugar maravilloso pero se percibe que es una localidad mimada por el turismo. Un pueblo que ha ido creciendo económicamente al ritmo de los visitantes y que, sin perder su eco antiguo, posee ciertos refinamientos burgueses que no me acaban de convencer. Todo, (los cafés, las comidas) es más caro aquí que lo habitual. Percibo que el milagro del gallo es utilizado como reclamo para conseguir euros más que para profundizar en la fé y acoger de corazón a los peregrinos. Así que David (con quien me reencuentro en la plaza de San Francisco junto a una escultura de una bici consagrada a los que hacen este trayecto pedaleando) y yo no nos sentimos muy cómodos.

Nos gusta la historia del lugar pero no nos sentimos en sintonía con su atmósfera. De hecho, cuando llego a la Catedral me detengo en la puerta y no llego a entrar. Algo me aleja de allí. Tal vez la sensación de ser considerado mercancía por los responsables del templo. Así que no llego a contemplar ni al gallo ni a la gallina.

No obstante, sí me permito visitar un templo. El antiguo Convento San Francisco. Allí disfruto del claustro de la iglesia, la paz del patio y de uno de esos desgarradores Cristo que me hacen rememorar la época barroca, los impulsos místicos, el dolor de un pueblo, los clamores de las multitudes deseosas de rememorar los sufrimientos de su ídolo y la dimensión carnal de una divinidad que aquí semeja un santo italiano o un eremita andaluz. Una locura mística que me embriaga.

Al salir, David y yo continuamos mirando con escepticismo lo que se encuentra a nuestro alrededor mientras saboreamos dos platos de comida en la Plaza Mayor. Yo no llevo cubiertos pero él (un viajero experimentado) lógicamente sí. En este caso, un tenedor y una cuchara de plata antiguos que probablemente encontró en uno de sus muchos viajes. Al parecer, David los compró a un anticuario en alguna ciudad francesa de cuyo nombre no me acuerdo. ¡Mi compañero nunca deja de sorprenderme!

Finalmente, ambos acordamos partir de allí. ¿Adónde? David lo tiene claro. Debemos dirigirnos hacia Grañón. Pronuncia ese nombre como si fuera una reliquia, un tesoro perdido. Como si fuera un místico. Son las 2 de la tarde. Nos separan de esa población 7 kilómetros. No es mucho aunque el calor es asfixiante. Un cepo. Un peligro.

En cualquier caso, yo no dudo en seguirle. Hay algo en la manera que tiene David de mencionar el pueblo de Grañón que convierte la idea de dirigirnos allí en un imperativo místico. Sagrado. Así que camino tras él obstinado, sudando, con mi pie izquierdo quejándose de tanto en tanto, pero convencido de que me dirijo hacia un lugar mágico. ¿Será así? ¿Quién lo sabe? Como siempre, lo aprenderé caminando. En ruta. Shalam

الإنسان هو مجموع مصائبه. قد يعتقد المرء أن المصائب ستملّ منه يوماً ما، ولكن حينها يصبح الزمن نفسه هو مصائبنا.

Un hombre es la suma de sus desdichas. Se podría creer que la desdicha terminará un día por cansarse, pero entonces es el tiempo el que se convierte en nuestra desdicha

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…acero corten…corte a laser….(perfil del peregrino en la columna derecha de un supuesto portico en la rotonda infame)…..
    2imagen….horror en el monasterio…(vaya sociedad! en la que vivian…)
    3imagen…por aqui no paso la guerra civil española, no…..
    4imagen…la cuesta de los señores monjes…(la cuesta de la baronesa)….
    5imagen…tipica obra fundamentada en horizontales (expresionismo no abstracto)….ramon alonso luzzy, cartagena….»todo lo veo gris»…..
    6imagen…distopia brillosa…..
    7imagen….la necesidad de alimento (gallinas &gallos)…
    8imagen….gallinero monacal (fiesta monacal permanente)….
    9imagen….el acero de la rotonda desapareceria siendo sustituido por la mochila de alejandro, jajajjjj)…
    10imagen….U.S.A. mar a lago……
    11imagen…obra a mi juicio poco pensada…fuente…
    12&13imagen….sepulcro añil no me cuadra tampoco la herida en el costado….
    PD…muy beatles, en varias partes, muy creativa, mastica pollo y chicle a la vez….con ese exotico monje de zanzibar…..
    https://www.youtube.com/watch?v=xt0V0_1MS0Q&list=RDxt0V0_1MS0Q&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Soledad. Creo que esta foto transmite soledad. Soledad del peregrino. Soledad del paisaje. Soledad del monje. Soledad de los españoles. Soledad de Dios..jjaja.. Soledad 2) Edificios abiertos al rezo y al peregrinos. Viejos misterios perdidos. Buen escenario para una revisión de la Tristana de Buñuel. 3) Tomas de un director para esa supuesta nueva versión del filme de Buñuel y de la lectura de Galdós. 4) ¿Cuándo llegará Pasquale al pueblo? ¿Aparecerá la niebla? ¿Qué haría aquí Fellini? 5) Muy Luzzy. Muy gris. Muy trigo. Muy cosecha por rellenar. Muy generación del 98. 6) Aquí Santo Domingo comparándose a sí mismo con Santiago. Declarando ser casi más importante que él. Echándose un pulso con la eternidad…jajaj 7) La típica pintura italiana de siempre a partir del renacimiento. ¿Es italiana? Sí.. al menos en su espíritu. 8) ¿Alguien tomará los huevos de estos animales? ¿Cómo los prepararán? ¿No es castigo animal? ¿Dónde están las asociaciones? ¿Quién las come al morir? jaja 9) Una mujer ve esa mochila y dice.. «yo con un hombre así no me acuesto hasta que no me garantice que se ducha tres veces». 10) Muy holandés. post-bauhaus-formalismo-posmoderno-hopper. 11) ¿Qué hace un ciclista con un sombrero? jajaj Kraftwerk12) escuela sevillana. abigarramiento. Hay que mostrarlo todo. Lo interior y lo externo conviven para siempre 13) Sufrimiento que da ejemplo a futuros costaleros. PD: genial.. amo esos cambios de ritmo. Amo a Queen. Creo que hoy voy a escucharlos todo el día. La carrera de bicicletas mejor de la historia.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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