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Juguetes y regalos

Abr 6, 2025 | 2 Comentarios

Varios días atrás visité el Museo del juguete de Murcia (FYD Museum).

Una bonita experiencia.

Curiosamente, el FYD se anuncia como un museo que no es un museo. Una frase que nos retrotrae a la pipa de Magritte pero que tiene un sentido más pragmático y descriptivo del que podría parecer. Básicamente porque FYD no es el clásico museo en el que nos vamos a encontrar juguetes antiguos ordenados por épocas y siglos. Tampoco tendremos información referente a los comienzos de los juguetes y su utilización según las diversas culturas. Es por eso por lo que el FYD no es un museo. Es más bien una chillout de la imaginación. Casi más un centro artístico que un museo del juguete.  Sobre todo, por el modo en que las figuras de famobil, de Dc o Lego se presentan y porque la mayoría de los muñecos expuestos han sido fabricados en las últimas cuatro o cinco décadas.

El FYD es la materialización de una idea (o sueño) de Fran Bermejo y Diego Lizán. Fran es un actor y Lizán un diseñador. Hay un artículo de Belén Vera para la revista Neo2 que desentraña perfectamente las características de este espacio. Explica por qué y cómo fue creado. Así que no creo que sea necesario ahondar en ello.

Lo que sí me parece muy importante destacar es el amor por el arte de los dos responsables del lugar. Y, sobre todo, la faceta de diseñador de Lizán. Porque es precisamente este aspecto el que explicaría que los juguetes sean en este caso concreto la excusa ideal para vivir una experiencia estética o el que haya una buena colección de Art Toys en las vitrinas del museo.

El FYD tiene buenas vibraciones. He estado en algunos lugares parecidos (no muchos) y las vibraciones no eran las mismas. Recuerdo, por ejemplo, una visita al Museum of the Weird de Austin (texas). Salí de allí vacío. Un lugar desangelado. Al terminar la visita deseaba uno que se lo llevasen los fantasmas. Si la intención de sus propietarios hubiera sido crear malestar e incomodidad tal vez la experiencia no hubiera estado mal. Pero ese no era el caso. La sensación era de haber vivido algo absurdo. Nada que ver con, por ejemplo, los episodios de Historias de la cripta.

Si Ángel Charris abriera un museo del juguete, todos tenemos claro que no sería un espacio al uso. Sería un lugar evocador, lleno de literatura, en el que los juguetes se convertirían en excusas para realizar un viaje interior. No conozco suficiente su obra. Pero por lo que he estado ojeando, Lizán me ha parecido un diseñador de presentes. Alguien que logra que el color resalte de una manera espectacular pero que al mismo tiempo es refinado. Posee un toque minimalista que logra que la expresividad de sus dibujos cautive por su inteligencia y frescor. Los verdes de Lizán, por ejemplo, me recuerdan a los verdes de Henri Rosseau. Sus dibujos poseen un toque infantil (muy meditado y espontáneo) que los convierte en agradables compañeros de camino. Ninguna fiera dibujada por Rosseau es peligrosa. Las fieras de Rosseau siguen siendo fieras pero, a la vez, son nuestras amigas.

Creo que eso también lo transmiten las obras de Lizán. Todos los animales, personajes que retrata conversan su esencia y, al mismo tiempo, se convierten en nuestros compañeros.

En fin. Quede claro que no estoy realizando un análisis sobre las obras de Lizán. Tan sólo estoy explicando por qué uno se siente bien en su Museo. Si el diseño nació para hacer más bella la vida, este es un buen ejemplo. Es inevitable no sentirse bien contemplando los juguetes de Star Wars, a Superman, los clicks preparados para la batalla o los estrafalarios muñecos de Tim Burton recién salidos de una pesadilla. Más si están cuidadosamente colocados, conjuntados.

Decía Jorge Luis Borges que los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres. No creo que ningún museo de juguete sea horroroso. Si multiplica algo es el número de los recuerdos de los adultos. Ayuda a recordar por qué nos compramos determinados juguetes, épocas olvidadas. Un museo del juguete es Rosebud. Cualquier visitante va a encontrar allí su Rosebud. Su trineo. Su Mazinger Z. Su Ken Washio. Tal vez también un cromo de un álbum. Hay una novela detrás de cada muñeco. A veces también una epopeya.

Hace unos días me planteaba viajar al Prado. Acudir a ese museo en concreto es como escuchar The lamb lies down on Broadway, el disco de Genesis. Un cita heroica y necesaria. También histórica. Ir allí significa un poco convertirse en explorador. Prepararse para bucear en un enorme océano. Profundizar en miradas, gestos. Ir al Prado es convertir un día en un libro de historia, en la Biblia.

Pasear por un museo como el FYD es más bien una experiencia pop. Casi como escuchar un disco de New Order. Las sensaciones son diferentes. El Prado es Beethoven. El Fyd es «Be a rebel». El último single de la banda inglesa. A un lugar va uno para trascender, al otro para sentirse bien. Disfrutar de una buena experiencia. Cada cosa tiene lo suyo. El hombre no sería hombre sin los solomillos de ternera pero muchos de nosotros no seríamos los mismos sin los helados Frigo.

Recuerdo una entrevista que en algún momento le hicieron a Prince. El genio de Minneapolis aseguraba que le gustaban mucho las sorpresas. Los regalos. Creo que en el fondo eso es un museo del juguete como el de Murcia. Una sorpresa. Un regalo. La niñez de muchos no hubiera sido igual sin las gominolas. Un espacio como éste es la excusa perfecta para tomar unos cuantos chupa chups. De hecho, creo que (¡estoy bromeando!) eso es lo único que eché en falta durante mi visita. Que me regalaran una piruleta o un caramelo. Tal vez también (¡continúo bromeando!) que pudiera escucharse un disco con un sinfín de melodías extraídas de todos aquellos míticos programas que hicieron las delicias de varias generaciones: Ulises 31, La abeja Maya, Willy Fog, Mazinger Z, Heidi, Dragones y Mazmorras, etc..

Como dije antes, se podría hacer una novela con la relación de diversas personas y sus juguetes. Debería de haber algún libro recogiendo unos cuantos testimonios sentimentales a este respecto. Lo digo porque una gran parte de los juguetes que se exponen en el museo fueron aquellos con los que jugó el propio Lizán cuando era un niño. Los conservó con tanto mimo que lucen como nuevos en las vitrinas.

¡Me llamó mucho la atención este hecho! Mi experiencia es completamente diferente. Recuerdo lo que pasó con mis juguetes. Los conservaba en el garage de mi casa. Pero hacía meses que ya no jugaba con ellos. Tenía 12 o 13 años y el rock había llegado mi vida. Todavía no era un adolescente pero sí en parte un niño rebelde. Estaba escuchando todos los días discos de Twisted Sister, Scorpions, Ratt o W.A.S.P.  En un momento dado, sin entender por qué, mientras escuchaba un disco de heavy metal a todo volumen reuní los juguetes en un patio contiguo a la cochera y les prendí fuego. Creo que pegué unos cuantos gritos, como un poseso, mientras veía cómo se destruían. Estaba ya harto de ser un niño. Llegaba la adolescencia. ¡Qué extraño rito de iniciación!

En un museo del juguete uno puede encontrar aquello que perdió. Eso es lo mágico del arte. En mi caso concreto, sigo siendo el que quemé el barco pirata y el castillo de los clicks de Famobil junto al Quién es quién pero, al mismo tiempo, por un momento, recupero las sensaciones que tuve cuando los compré. Mejor dicho, cuando me los regalaron. En un sugestivo espacio como éste, uno es ambos yoes al mismo tiempo. El que muere añorando Rosebud y el que no se separa jamás del trineo que lo hizo feliz en su infancia.

Sólo por eso (o mejor dicho, ni más ni menos que por eso) merece la pena visitar lugares así. Al sinfín de dimensiones que existen se llega a través de la nuestra. Shalam

إن ما هو غير متوقع أو المفاجأة أو الذهول هي  عناصر أساسية ومميزة للجمال.

La sorpresa y el estupor son elementos esenciales de la belleza

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….fauno africano…fauno ruso…..
    2imagen….r5…nasa….cada uno para una cosa……
    3imagen….apelotonados…(vitrinas de los 60´)…formica…
    4imagen…necesitamos petroleo para refinar el golpe de todos los carros en el momento del choque…..
    5imagen….si fueras mi novia te llevaria a «lo campano»….
    6imagen….gorillaz (damon albarn)….clint eastwood…..
    7imagen….leonardo da vinci los hubiera hecho de madera……
    y jean dubuffet un palo arrastrado por una verja para anunciar zumos murcianos…..
    8imagen….hostia mecanica harrier al canto…..
    9imagen….buena idea del profesor doc (profesor loco)……
    10imagen….globo, globo, nariz de globo ver a jeff koons….
    PD…como no…https://www.youtube.com/watch?v=1V_xRb0x9aw..
    gorillaz..clint eastwood…(triller)…camino a «lo campano»…2001…

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    • Alejandro Hermosilla

      1) «No os confiéis. También os moderán». Así titularía yo la obra. 2) Kraftwerk. «We are the robots». 3) Por ahí está el Gizmo al que le caerá agua y que convertirá Murcia en la ciudad de los Gremlins. 4) Cochecitos. Tardes enteras jugando con ellos escuchando los resultados deportivos. Madres felices de tener a sus hijos contentos y a salvo. 5) Joder. Tía. Nos han pillado. Ya no somos invisibles. Nos han pillado metiéndonos en la pesadilla de un niño. 6) Aquí lo bueno es el faunito amarillo o pez que aparece al lado de los cuatro beatles. ¡Viva Lego! 7) Los japoneses después de la Segunda Guerra Mundial se pusieron a soñar con seres con poderes para contrarrestar el dolor. Aquí los reyes del Comando. 8) Retro viaje a la luna. Un filme de serie A. Los famobil eran seria A. 9) El mundo del monopatín. Regreso al pasado. Torneur. 10) Envoltorios de regalos superan el regalo. Cohete imaginativo. PD: nunca me han gustado Gorillaz ni los he comprendido. Aunque sí el concepto. El concepto sí. Habrá que darles la oportunidad de escucharlos por primera ver.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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