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Padre Nuestro

Nov 15, 2024 | 2 Comentarios

Que el lenguaje nunca es neutro, siempre esconde una intención, lo sabemos perfectamente quienes dedicamos gran parte de nuestro tiempo a escribir o a leer. También los publicistas y los políticos.

El lenguaje suele estar preñado de ideología y de aviesas intenciones. Ocurre que a veces tienen que transcurrir años para tomar conciencia de cuáles exactamente.

En 1986, la Conferencia Episcopal Española introdujo una serie de cambios en el Padre Nuestro. El más conocido fue la transformación de la frase «Perdona nuestras deudas como nosotros personamos a nuestros deudores» en «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Una traducción, al parecer, completamente inexacta del original que los sacerdotes y párrocos justificaron de modos muy peregrinos.

Obviamente, la mayoría del rebaño católico (como suele ocurrir con el político) no se preguntó el porqué de estos cambios. A decir verdad, yo tampoco lo hubiera hecho de no ser por los vídeos de Jesús Maestro. De este señor se pueden decir muchas cosas (me hace gracia quienes lo consideran el Dr. House de la literatura) pero no que no sea lúcido. Así que cuando, con su habitual vehemencia, realiza una afirmación, la suelo tener muy en cuenta. No la paso por alto.

No parece, desde luego, casual que justo cuando España se disponía a entrar en la Comunidad Económica Europea, se produjera el cambio en la oración. Si los socialdemócratas y los liberales coinciden en algo es en la preeminencia total (por diversos medios) que ambos dan al mercado. El PSOE, de la mano de Felipe González (y con el respaldo la CIA) fue el gran encargado de propulsar el liberalismo en España. Introducir las ideas y prácticas liberales, empero, conllevaba severas modificaciones en nuestras costumbres y formas de pensar.

En una sociedad abierta (en el sentido de Popper), ávida de capitalismo en la que, poco a poco, (una vez apartados del terreno de juego, grandes obstáculos como Ruiz Mateos) las grandes corporaciones apoyadas por los banqueros comenzaban a desplegarse y tomar el control, la iglesia debía demostrar capacidad de adaptación. Realizar gestos que demostraran que estaba dispuesta a colaborar. Ese sutil y, en apariencia, inofensivo cambio en el Padre Nuestro, fue ese acto de concordia.

Si no era necesario perdonar a los deudores para estar en paz con Dios,  los bancos, Hacienda, el Estado tenían vía libre para perseguir perpetuamente, sin descanso, a los deudores. Si alguien no podía pagar su casa, por ejemplo, no sólo debía entregarla, sino continuar pagando la hipoteca a bancos que, por otra parte, se sentían completamente legitimados para anunciar su labor caritativa. Presentarse, anunciarse como ejemplos, símbolos sociales, en algún caso, con vocación incluso de servicio religioso.

A estas alturas, la jugada queda clara. En otras épocas, siglos atrás, durante el Medievo, en épocas de hambre, en las que los reyes y los Estados necesitaban de sus súbditos y fieles para hacer la guerra, o en siglos recientes en los que el desarrollo industrial era todavía incipiente y había inmensas masas de desherados hacinados, las deudas debían, podían ser perdonadas. Pero en la sociedad del bienestar, del confort, en la sociedad liberal, las deudas no pueden ser perdonadas porque lo que interesa precisamente es que haya deudas. El sistema vive de la deuda. A los fieles se les debía quedar claro que todo es deuda. ¡Cuantos más deudores e hipotecados mejor! De ahí, a grandes rasgos, el cambio en el Padre Nuestro.

Una modificación que permite a la iglesia impartir doctrina sin pelearse con los mercados. Da carta libre a los mercados para implantarse en los países hispanos, países judeocristanos y, parafraseando a Shakespeare, perseguir sin culpa alguna su libra de carne.

Curiosamente, este cambio pareciera haber sido realizado con la vista en el futuro. Pensando en la era twitter, en lo que se avecinaba. Puesto que, hoy en día, que las redes sociales se han convertido en ágoras de insultos y agravios continuos, cobra mucho más sentido la necesidad de perdonar las ofensas. Es, de hecho, algo tan inminente como cotidiano.

En fin. Lo que parece, por tanto, decirnos actualmente el Padre Nuestro es que los insultos y las peleas, las disputas diarias por política, fútbol o los temas más peregrinos son, en el fondo, juegos de niños. Debemos disculparlas. Pero las deudas, las deudas, por favor, eso ya es asunto de hombres. Hacienda, los mercados pueden perdonar (más bien permitir) que los denigremos e insultemos en redes sociales y que se hagan todo tipo de memes con ellos, pero no van a perdonar (y, a estas alturas, todos lo sabemos o lo deberíamos saber) ni un euro. ¡Se lo van a cobrar sí o sí y al precio que sea! Shalam

عندما يبدو النظام القائم غير مضطرب، فليس هناك سوى شيء واحد يجب القيام به: إزعاجه.

Cuando el orden establecido parece imperturbable, solo hay una cosa que se puede hacer: perturbarlo.

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….con toa mi cara…..sinvergonzoneria a nivel maximo….
    2imagen….dos aceitunas pinchadas como ninguna(cancion publicitaria)…..
    3imagen….pensaba que lo del fondo al centro era una pantalla…
    ¿cuantas literas cabran en este bendito edificio?……ja,ja,ja…..
    4imagen….el pie de la letra (ficcion)…..
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=IFYl3_0ISws…aceitunas la española….
    PD2….otis redding-amen-1968… .https://www.youtube.com/watch?v=jZnelQnsTw8….todos son diferentes……

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) «Ave, Dominus, Ave». Jerry Goldsmith. «The Omen».2) Posible escenario de película de Pasolini. 3) Escenario de confesiones y escondites. Si las paredes hablaran… 4) La libra de carne. Dinero diabólico. Inquisición judía. PD: Buenísimo anuncio. Creatividad sobre la falta de recursos. Otis en busca de Jesucristo y Martin Luther King.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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