Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Seré sincero. A mí De Palma como individuo me fascina. Me gustaría poder escucharlo hablar sobre sus experiencias personales y cinematográficas durante horas y horas en un bar de New York. Pero no espero demasiado de sus filmes. En casi todos percibo artificio y ciertas irregularidades que son mucho menos habituales en los de por ejemplo Scorsese. Alguien mucho más consistente. De Palma es el Madrid de la última década en Liga y Scorsese el Barcelona. Se deja (o dejaba) puntos, sí, pero los justos. Por lo que cuando se estrenó hace casi tres décadas Atrapado por su pasado no aguardaba nada de ella. Me imaginaba que sería un cansino y repetitivo producto para el lucimiento de Al Pacino pero, contrariamente, me encontré con una película sobria y contenida. Crepuscular. Shakesperiana. Certera e hiriente. Llena de momentos memorables filtrados por su tono lóbrego. De hecho, el cansancio que se percibe a la hora de rodar no va en su contra sino que realmente le favorece. Puesto que permite conectar con mayor intensidad emocional en la tragedia narrada: la de un hombre que busca redención sin poder hallarla.
Lo han dicho muchas personas y estoy de acuerdo. Atrapado por su pasado es la cara B de El precio del poder. Una especie de continuación. Una puesta a punto más madura de aquella historia de narcotraficantes latinos. Puesto que si Tony Montana no hubiera muerto acribillado, podría perfectamente ser el Carlitos que vemos en las primeras escenas salir de la cárcel. El precio era anfetamínica y juvenil. Desbordaba energía. Era una raya de cocaína. Era excesiva. Y por el contrario, Atrapado era sobria y adulta. Era abúlica. Contenida. Era un whisky doble colocado en la mesa de un elegante salón. Transmitía fatiga. Incluso cierta desgana que, repito, la hacían más auténtica aún si cabe. De hecho, posee una atmósfera de elegía que me parece suntuosa y vibrante. Ante todo, porque creo que De Palma fue poco a poco empatizando con Carlitos y su dolorosa batalla. Y en un momento dado, visualizó su propio recorrido cinematográfico en la historia que rodaba y le supo dar las dosis justas de acidez para trascender.
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