La venganza de Naranjito
España se encuentra en semifinales de la Eurocopa de fútbol. Hace no demasiado, esta noticia hubiera provocado un orgasmo en la afición. Pero...

Como jugador, Best era emocionante. Imprevisible. En esencia, era un extremo clásico pero como era sumamente anárquico y tenía un temperamento vanguardista, iba dejándose caer por toda la zona de ataque o incluso alternando posiciones con sus compañeros hasta el punto de ejercer a veces de interior, otras de delantero centro o incluso de organizador. Su talento era tan puro que, sin ser consciente de ello por tanto, sus movimientos en el campo comenzaron a prefigurar de manera primitiva el fútbol total que años más tarde popularizarían Holanda y el Ajax. Aunque lógicamente lo de Best no tenía tanto que ver con un método como con la intuición y la inspiración e incluso con la diversión. Él no salía al campo a trabajar. Quería ganar, sí, pero no era lo principal. No tenía la mirada del tigre. La mentalidad competitiva espartana. Y por eso, tras conquistar una liga y la primera copa de Europa del United con una participación suya para los anales, se dejó ir. Se dedicó a vivir. A disfrutar. Y sólo a cuentagotas explotó su diabólico cambio de ritmo. Esas aceleraciones con el balón que provocaron el éxtasis en su época y al menos yo sólo le he visto hacer de forma parecida a Messi y Cruyff.
De más está decir que Best tenía alma de estrella de rock. Y que, teniendo en cuenta su vida de excesos, parece extraño que llegara a vivir 59 años. Lo más lógico es que hubiera fallecido tras una intoxicación alcohólica o haber participado en una orgía a la misma edad que Jim Morrison o Janis Joplin. En cualquier caso, no me sorprendería en absoluto que su tumba recibiera tantas visitas de mods y hippies como de amantes del fútbol. Porque el jugador norirlandés estaba en otra dimensión. Trascendió completamente la actividad a la que se dedicó y convirtió durante unos años los estadios en paraísos artificiales que su presencia convertía en peligrosos. Pues tras ver a Best jugar, no dan ganas ni de correr ni de darle toques a un balón sino de buscar una isla, una guitarra y dedicarse a beber ron en buena compañía, disfrutando de tanto en tanto de sus goles en un portátil. Shalam
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