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Un templo Arcade (2)

Jun 24, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación el segundo avería dedicado a mi visita al museo del videojuego en Ibi.

Un templo Arcade (2)

La visita al museo de Ibi es casi un Master en cultura popular. No tanto por los aclaratorios gráficos que explican de manera sintética y resumida (pero muy precisa) el origen de cada videojuego sino por lo que representa que exista un centro de este tipo. Hace no más de tres décadas todavía podíamos jugar a los Arcade en algunos centros recreativos, formaban parte de nuestro mundo cotidiano, y hoy en día son tratados como reliquias. Tesoros que parecen hablarnos de una civilización perdida que sigue siendo la nuestra. Lo más sorprendente (y al mismo tiempo revelador) radica, a mi entender, en el valor que muchos le damos a un Arcade actualmente y el modo en el que fueron tratados cuando comenzó su decadencia. Como objetos de usar y tirar. Kleenex de los que los propietarios de los recreativos tenían en muchos casos que deshacerse rápidamente o de modo expeditivo para no ser multados por la legislación vigente.

Según creo, (no estoy seguro), cuando alguien dejaba de comercializar una máquina Arcade debía destruirla. Lo que ha provocado que muchas sean rescatadas como si fueran tesoros de los lugares más inesperados: fábricas, granjas, vertederos de basura, casas de campo abandonadas, etc…

El cerebro que se encuentra detrás del museo es José Liarte. Un hombre que pasó muchos de los mejores años de su niñez junto a las Arcade. Su infancia no fue fácil. Sus padres se divorciaron y para escapar a la cruda realidad se refugiaba en estos lugares donde podía socializar con muchachos con gustos similares y dejar volar la fantasía a su antojo. Él y unos cuantos aventureros más han llegado a ir a los lugares más inverosímiles y traspasado fronteras entre países para recoger una máquina Arcade y transportarla en camión a La Unión (donde durante un tiempo Liarte y su grupo de camaradas tenían un almacén para guardarlas) o Alicante y, claro, Ibi.

Cuando uno escucha a estos aventureros hablar algo se remueve en su interior. Por un lado, parecen argonautas posmodernos. Podrían protagonizar perfectamente una de las nihilistas películas de David Cronenberg. Se los puede uno imaginar como guerrilleros hedonistas en plan Existen Z. Pero el grado de entrega y camaradería que ponen en su labor de rescate de una cultura fugaz que se empeñan en conservar y cuidar, los hace comparables a los célebres mosqueteros de Dumas. Todos los que se encuentran detrás de este museo merecen un altar en la cultura posmoderna. Hay que tener pasión por una época para pasarse horas y horas y más horas intentando arreglar una Arcade sin saber si tanto esfuerzo dará resultado.

Me pregunto qué cuento habría escrito Borges de conocer a estos ilustres Quijotes del mundo gamer. De seguro no le hubieran dejado indiferente. Supongo que con el tiempo museos como el de Ibi se irán propagando a lo largo de España y medio mundo. Pero a día de hoy, una asociación como la que se encuentra detrás del museo no sólo posee un temperamento hedonista sino también épico. Sus integrantes son héroes hedonistas. Alpinistas de la diversión. Aunque, en realidad, quien confunda el mundo de las Arcade con el hedonismo y la diversión no se encuentre probablemente en lo cierto.

El mundo Arcade tiene más que ver con unos recuerdos, con unos sentimientos, con una posible utopía que con el goce estúpido. Lo que hay detrás son muchas vidas de muchachos que, durante unas horas, olvidaban el colegio, a sus familias y convertían una noche cualquiera en una noche de fiesta. Un inolvidable viaje a través de la imaginación, el sonido y las pantallas de marcianitos que transformaba a sus participantes en personajes de novela. Hacía de cada niño que jugaba una partida el protagonista en un mundo difuso y envolvente donde todo podía ocurrir. Más aún en los primeros ochenta. Cuando las Arcade se convirtieron en vanguardia y al mismo tiempo en canon de la cultura del juego. Se transformaron en un nuevo género, un inverosímil producto de la cultura pop que pronto se integró de un modo avasallador en la cotidianeidad de niños, adolescentes y jóvenes hasta el punto de que, décadas después, muchos siguen sin concebir su existencia sin ellos.

Lo de los Arcade fue fugaz pero eterno. Fue algo tan vivo que, en cierto sentido, ir a un museo a jugar crea cierta tristeza. El mundo Arcade era un atisbo, un símbolo del orbe neoliberal y global pero tenía también mucho de plaza, feria y de entretenimiento colectivo. Los jugadores estábamos solos pero al tiempo rodeados de gentes de todo pelaje. La Playstation destruyó todo eso. Convirtió las casas de los jugadores en cabinas y las habitaciones en un símbolo de aislamiento e individualismo. El combate lo ganó metafóricamente el onanismo. El museo Arcade nos recuerda esa derrota y, al mismo tiempo, combate épicamente contra la demolición del espíritu colectivo del juego. Es una trinchera de resistencia lúdica. Shalam

الجحيم هو الحقيقة التي نراها متأخرا

El infierno es la verdad vista demasiado tarde

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….multinacional…negocio simulador de circuito-coches..
    2imagen….recreativos para zonas pudientes mundiales……
    3imagen…..soy el director general de amigos de los productos de feria……
    4imagen….un golpe al cine de comic…….
    5imagen..kare (kareem abdul-jabbar) el 33 camiseta retirada de los angeles lakers & el jull(chicago bulls) el numero 4 tambien retirado…..
    PD….brebaje jekyll&jill….tambien asterix y obelix…..popeye & verduras…etc…
    https://www.youtube.com/watch?v=HGUQUUzJNdM…..
    expresionismo periodistico americano….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Dos duros en la carretera. 2) Circuito fantasma. ¿Cómo replicarían estas Arcade los amiguitos que hacían los carteles en Ghana? 3) Mi vida es el videojuego. Yo soy un videojuego. Larga vida a la electricidad del videojuego. 4) Exacto. Esto es un rollo muy cómic. Obviamente el nombre recuerda a Los defensores. Aunque el malote tiene aspecto de Skrull… los que luchaban contra los 4 fantásticos. 5) No puedo evitar cantar Pinball Wizard cuando veo algo así. The Who. PD: deliciosos dibujos que probablemente entretendrían a Zappa.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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