Emisarios del engaño
Días atrás leí Emisarios del engaño, el clásico de la ufología escrito por Jacques Vallée en 1979. Una obra que me ha sorprendido tanto por lo bien...
Obviamente, frente a estas interrogantes, existe una respuesta que se impone en primer lugar: la muerte. Lo que se trata de evitar es el reconocimiento de la propia mortalidad. El que huye de cumplir sus compromisos no acepta su caducidad y consecuentemente, tampoco es capaz de respetar pactos con los vivos. Al no hacerlo, insiste en situarse más allá del resto de los mortales pero paradójicamente, con su acto no resta valor a sus actividades cotidianas sino que las resalta aún más. Puesto que, de alguna manera, magnifica lo que es la esencia del funcionamiento de la sociedad: el cumplimiento de las obligaciones. Concediendo carácter ceremonioso a vínculos sociales automatizados que, por lo general, nos pasan desapercibidos.
Realmente, creo que Houidini se convirtió en un incipiente mito moderno de la sociedad norteamericana porque representó y encarnó sin decir ni una sola palabra, como si fuera un fantasma brotado del inconsciente colectivo, el drama y estatuto de la mayoría de los ciudadanos allí congregados: una enorme masa de emigrantes que habían a su vez huido de sus respectivos países de origen buscando un futuro mejor.
En definitiva, creo que Houdini nos fascina tanto o más ahora que cuando vivía porque nos ayuda a vislumbrar el funcionamiento del capitalismo: una estructura eficaz en cuanto sus integrantes huyen de sí mismos. Son más cobardes que valientes y por ello cumplen todos sus compromisos y pagan sus impuestos aunque su deseo sería no hacerlo. Con lo que terminan por convertirse en fugados perpetuos. Algo habitual en un sistema que todos critican y con el que nadie se encuentra de acuerdo pero en el que existe una comodidad y confort nunca experimentados hasta ahora por los antiguos esclavos y campesinos. Además de una sumisión voluntaria mezclada con un maremoto de críticas que tal vez no terminen de estallar en rebelión porque las fuerzas sin control de la ira y el furor se hallan sometidas, canalizadas a través de la esquizofrénica dinámica recién apuntada. Esa capaz de transformar el compromiso en huida y la huida en un hábito responsable, manteniendo de esta manera anudados a todos los miembros sociales.
Houdini, al igual que Buster Keaton, es un héroe del futuro mucho más comprensible ahora que cuando surgió. Pues, en gran medida, sus números escapistas, la habilidad con la que sorteaba las más complejas situaciones y se liberaba de unas esposas, unos grilletes o imposibles nudos, venían a decirnos que acaso fueran los reos, los presos, los únicos que ya mantuvieran encendida la llama de la huida. El deseo de huir. Porque tanto las instituciones modernas como sus consortes -banqueros, profesores, políticos y obreros- eran la huida en sí misma. No tanto el deseo de huir sino la huida hablando por ellos y manifestándose en cada uno de sus actos sociales. La fuga y blanqueo de capitales, las continuas reformas educativas, la acumulación de deuda y las horas extra.
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