La baronesa alemana
Dejo a continuación una de las pequeñas piezas de cámara que aparecen repartidas a lo largo de Ruido: "Hay una negra anciana con las piernas...
En fin. Creo que basta este simple ejemplo para mostrar lo estúpido y absurdo que son muchas de las guerras egóticas que existen entre los escritores (y artistas en general). Estaremos de acuerdo que si no se tienen aspiraciones ni deseos, un sano afán de superación, no podríamos construir grandes obras ni monumentos. Avanzar. Pero convendremos, supongo, también, que la mayoría de nosotros vamos a transmutar en unas cuantas décadas en polvo y que lo más probable es que los libros que hayamos escrito, queden sepultados en el tiempo. Obvio que este no es el caso de los grandes. Pero grandes, grandes artistas y escritores al cabo de un siglo no creo que haya más de cinco en un país. Y si no, fijémonos de nuevo en los nombres del principio de la lista. Muchos de ellos seguro que gozaban de fama y prestigio entre sus contemporáneos, eran leídos y alabados y pensaban íntimamente que la historia iba a recordarlos. Y lo cierto es que, más allá de un monumento, el título de una calle (que prácticamente nadie sabrá a quién se refiere) o un estudioso de la época, no creo que nadie lo haga.
Es cierto que todos ellos contribuyeron mejor o peor en la construcción de nuestra civilización. Pero más como grupo y conjunto indiferenciado que como individualidades. Por ello no me canso de leer y volver a repetir estos nombres. Y hoy he realizado el ejercicio de pronunciarlos en voz alta al menos diez veces antes de volver a escribir Ruido. Más que nada, para tener claro dónde me encuentro y probablemente finalice, y actuar en consecuencia. Obviamente, no únicamente yo. Muchos de esos escritores que citamos continuamente y tenemos constantemente en la boca, correrán la misma suerte que Fulgencio Afán de Ribera o Gabriel Alvárez de Toledo. Y si por supuesto, esto no debería hacer que dejáramos de disfrutarlos, sí que creo que permite relativizar el curso de estos tiempos y el insano papel que la publicidad cumple para la promoción de tantos de ellos. Lo estúpido de luchar y rivalizar contra otros por ser una gota más en el tiempo. Porque, efectivamente, la gran parte de esos artistas que ahora consideramos geniales o que sin serlo, se pelean con unos y otros por llegar al escalafón de la fama, un día tendrán un hueco en la wikipedia; pero lamentablemente para ellos, su nombre le dirá lo mismo a los lectores del futuro que lo que nos sugiere a nosotros el de Carlos Andrés y Morell. Absolutamente nada.
0 comentarios