Un ensoñador océano
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un delicioso libro de Ángel Charris en el que colaboro: "Pacíficos". Un ensoñador viaje por el...
Hay que reconocer que la idea de Banksy se encontraba llena de deliciosos detalles. Obras e intervenciones que debieron hacer a sus espectadores sentirse parte de un acontecimiento histórico o al menos, pasar un muy agradable rato. Algo así, como si el mismísimo David Cronenberg les hubiera invitado a participar como extras en el rodaje de Existen Z y llegados a un punto, no supieran distinguir la realidad de la ficción.
Todos estos detalles convertían a Dismaland obviamente en una experiencia distópica. El parque infantil y adolescente adecuado para la era atómica o nuclear. El ambiente malsano de un disco de Third Eye Foundation hecho realidad. La representación esquizoide de los sueños perversos de las élites. Una zona metafórica que atraía imperturbablemente el caos y el apocalipsis. Aunque, como dije previamente, no creo que su crítica a Disney o que su arquitectura anti-atracciones fueran el sentido o significado últimos de su existencia. Pues, más bien, creo que lo que pretendía demostrar y parodiar Banksy era el concepto mismo de exposición moderna y que, por tanto, sus dardos no iban tanto dirigidos contra la sociedad de consumo en general sino contra la forma de consumo artística.
Por expreso deseo de Banksy, Dismaland apenas estuvo abierto unas pocas semanas. Transformándose por tanto en un parque que ha tenido (y tendrá) muchísimos más visitantes virtuales que reales. Un hecho que tal vez aluda al escaso tiempo que en Occidente acostumbran a perdurar las noticias. Los problemas han de resolverse en cinco semanas y, de no ser así, desaparecerán de la primera plana de los diarios, se estancarán y únicamente, muy de tanto en tanto, volverán al primer plano de la realidad.
0 comentarios