Dejo a continuación el segundo avería sobre la reciente edición de Roland Garros. En este caso, centrado en Janick Sinner y Carlos Alcaraz.
Lo imposible (2)
La final entre Sinner y Alcaraz fue tan cinematográfica, tan épica y emocionante que ha embellecido algunos puntos oscuros de esta edición de Roland Garros. Para empezar, la impotencia de los rivales de Sinner. El italiano es una máquina, eso está claro, un stajanovista del deporte que recuerda en su estilo de juego y obsesión por los detalles a Djokovic y (un poco) a Nadal. Sin embargo, aún no creo que haya llegado a su máximo. No es todavía la versión 2011 de Djokovic ni la 2008-2009 de Nadal. Encima, venía de un parón de tres meses (reapareció en Roma) por el parón del positivo. Así que realmente fue algo tan decepcionante como cómico ver a muchos de sus rivales festejar el primer juego que le hacían en un set como si se hubieran llevado el parcial completo.
Eso nos indica perfectamente el nivel al que ha llegado Sinner pero también ciertas debilidades del circuito. En Roland Garros, sus rivales salían derrotados. Como si fuera el McEnroe del 84. Muchos parecían pensar más en el momento de darle la mano en la red que en buscar maneras de desarbolar a esta especie de frontón.

A Sinner nunca se le había visto tan cómodo en tierra. Hasta esta edición había ciertas dudas sobre su maestría en esta superficie. Pero ha adaptado sus virtudes tenísticas al polvo de ladrillo de un modo magnífico. El primer indicio claro fue su triunfo en cuartos de Roma contra ni más ni menos que Casper Ruud. Un inverosímil 6-0, 6-1 que algunos pensaron que podía ser engañoso. Probablemente Ruud no estaba en su mejor versión. Pero que, de algún modo, ya indicaba por dónde irían los tiros en el torneo francés.
Lo vuelvo a repetir. Los rivales de Sinner parecía que salían atemorizados, a hacerle la ola. No encontraban ni un mínimo filón por el que hacerle daño. Por contra, Sinner parecía más un Terminator que un tenista. Una máquina que restaba de maravilla, pasaba bolas con una soltura y fluidez exquisitas y cuando atacaba, desarbolaba rápidamente a sus contrarios con dos o tres golpes bien colocados llenos de potencia al fondo.
En fin. Por un momento, Sinner parecía invencible. Tenía esa aureola. Existía, eso sí, alguna sospecha sobre su físico. Una de sus escasas debilidades. Hasta esta final, el italiano no había sido capaz de dar lo mejor de sí mismo en partidos a 5 sets. Esa fue, sin duda, una de las grandes sorpresas del partido decisivo. En el quinto set, (más allá del bajón del primer juego) Sinner aguantó como una roca el partido que le planteó Alcaraz. En alguna ocasión se quedó sin aliento. Pero nunca desfalleció. Se mantuvo en pie y volvió a poner contra las cuerdas al español al final del partido. No dio esa impresión de languidez y debilidad física que había dado en ciertos momentos de su trayectoria. Al contrario. Una nueva fortaleza que su entrenador, Darren Cahill, explicó hace pocos días. Según parece, durante el parón por el positivo, les costó mucho encontrar pistas y sparrings con los que entrenar. Lo continuaron haciendo pero no con la regularidad adecuada. Así que se centraron en consolidar la fortaleza física de Sinner. Mejorar su musculatura y prepararlo para los más exigentes retos. ¡Dicho y hecho! La final no dejó dudas de esta necesaria mejoría.

Alcaraz es un tenista muy diferente de Sinner. Su regularidad es lo imprevisible. Alcaraz puede hacer uno o dos sets de un nivel estratosférico y en el siguiente transformarse en un tenista impaciente y cometer un sinfín de inverosímiles errores no forzados. Alcaraz es como un Ferrari que, por algún motivo inexplicable, necesitara probar todas las marchas para sentirse cómodo. Hay partidos en los que se va de la pista o parece jugar en segunda o en tercera después de haber metido la quinta durante una hora.
Alcaraz necesita de retos, de diversión. Puede ganar un partido como el avasallador disputado contra Tommy Paul pero, al menos en esta versión todavía juvenil, no es habitual que repita dos o tres actuaciones sublimes. Parece, de hecho, que necesita estar en aprietos, pasar por curvas, subir montañas empinadas, descender en colchoneta, afrontar vientos, escuchar los aplausos de la grada para ir poco a poco entrando en calor, sintiéndose cómodo y estar preparado para dar lo mejor de sí mismo. A día de hoy, es raro que Alcaraz gane un Grand Slam sin que haga alguna cagada o algún partido se le complique. Ese es de momento su estanque natural y su sello de genialidad. Asusta pensar qué ocurrirá cuando tenga cuatro años, su mente coja poso, madure un poco más y se centre completamente en su profesión. ¿En qué jugador se convertirá? ¿Hasta dónde llegará si logra ser regular?
Eso es lo que asusta un poco de Sinner y Alcaraz. Que dan la sensación de poder seguir creciendo. Tal vez no lo hagan pero, a día de hoy, provocan esa sensación. Alcaraz aparte tiene un intangible en los momentos decisivos. Igual te hace una doble falta cuando tiene el partido ganado que se lleva un juego en blanco cuando el rival sirve para sacar. Lo que impresiona es que lo hace sonriendo y con una naturalidad inaudita. Con una frialdad que daría miedo de no ser porque el muchacho por lo general lo hace, repito, riendo como si estuviera jugando al mus con sus colegas de El Palmar. En fin. ¡Cosas de los superclase!

Los españoles no nos podemos quejar. Si se trata de divertirnos, de polemizar un poco y viajar en una montaña rusa tenemos al tenista perfecto para ello. Alguien que convierte el tenis en un espectáculo de esos que tanto gustan a los norteamericanos y es normal que se acabe ganando el corazón de actores y deportistas de ese país. Alcaraz es, sobre todo, espectáculo. Alguien que o se divierte compitiendo o se muere psíquicamente. No caben aquí las comparaciones con Nadal. Ambos son tan diferentes que creo que no ha lugar. En Suiza o Italia ahora tienen su Nadal: Sinner. En España ahora tenemos nuestro Federer: Alcaraz. La comparación seguramente no es acertada pero creo que aclara ciertos aspectos. No podemos esperar de Alcaraz que no dé lo que nos daba Nadal. Ahora estamos en el otro lado. Ahora tenemos alguien parecido a Federer y ellos tienen a alguien, en cuanto a regularidad y estabilidad mental, más similar a Nadal.
Dicho esto, también es justo decir que Alcaraz no ha entrado en el corazón de todos los españoles hasta que no se ha nadalizado. Hasta esta final Alcaraz no era todavía de todos los españoles. Después de su inverosímil remontada en Roland Garros, ha conquistado también a los nadalistas. En España valoramos a veces más el empeño y la lucha que la clase. Con esta final, Alcaraz lo aunó todo. Ahora ya no es sólo un tenista internacional y de El Palmar. Ahora es también un emblema de nuestro país. Algo más importante de lo que parece porque Alcaraz necesita sentirse querido para dar lo mejor de sí mismo. No tanto Nadal que durante años tuvo el público en contra en París y, aun así, siguió golpeando como si estuviera en juego su vida.

¿La final? Buff. Tarea complicada hablar de una final así. ¡Hubo tantas emociones, tantas alternativas! Para Sinner fue muy doloroso perderla. Profundamente doloroso. Su rostro sin vida, hierático, con los ojos perdidos en su banco me recordó al del cariacontecido McEnroe después de perder aquella final en París contra Lendl que tenía ganada.
No sé si el caso de Sinner es mejor o peor. Porque McEnroe se fue muchas veces del partido cuando Lendl remontó. En el quinto set se lanzó a veces a la red con una actitud kamikaze. McEnroe perdió los nervios. Algo normal en él. Y alterado como estaba, no entendió cuál era la técnica adecuada para devolver el partido a su territorio. Quería acabar los puntos rápidamente Quería escapar de esa pesadilla. Sin embargo, Sinner nunca le perdió la cara al partido. Nunca se fue del mismo. Se mantuvo dentro todo el tiempo. Jugó de manera eficaz. Siempre supo lo que tenía que hacer y, como dije antes, fue capaz de romper el saque de Carlos cuando ya parecía imposible y de volver a ponerlo contra las cuerdas en el quinto set.

¿El partido? Una maravilla. Una montaña rusa. Una delicia. Tal vez pondría todavía por delante la final en Australia entre Djokovic y Nadal del 2012 o la de Wimbledon 2009 entre Nadal y Federer por muy poco. Lo que no cabe ninguna duda es de que contemplamos uno de los diez mejores partidos de la historia del tenis. O de los cinco. No sé si el mejor. Pero casi. Alcaraz y Sinner entraron a la pista como estrellas, los mejores jugadores de su época, y salieron como leyendas, como mitos. De este partido se hablará durante mucho tiempo. Décadas. Ahora mismo un Sinner-Alcaraz comienza a oler a un acontecimiento tipo Nadal-Federer, Lakers-Celtic, McEnroe-Borg, Milan-Inter, Boca-River, etc… ¡Palabras doradas del deporte! Un motivo por el que merece la pena seguir viviendo.
Yo tenía muy claro que Alcaraz debía ganar uno de los dos primeros sets. Si ganaba uno, lo más probable es que se acabara llevando esa final. Pero perdió los dos primeros. ¿Por qué? Por detalles. Alcaraz jugó muy bien esos sets. Jugó de maravilla. Pero es humano. Falló alguna dejada, alguna volea fácil, tuvo algún error no forzado y, por contra, Sinner estuvo perfecto. No cedió en los momentos difíciles. Se llevó casi todas las bolas de quiebre y decisivas. En realidad, el marcador era engañoso. Alcaraz siempre estuvo dentro del partido. Pero es humano. Sinner casi que no lo fue durante esos dos primeros sets. Con que hubiera fallado una o dos bolas, el partido habría estado igualado a sets. Pero eso no ocurrió.
Afortunadamente, Alcaraz no se dejó ir y aprovechó un pequeño bajón, cierta relajación psicológica, un pequeño respiro del italiano en el tercero, para volver a un partido del que nunca se había ido. En el que siempre había estado presente. Esa derrota podía haber provocado zozobra en Alcaraz porque lo había hecho todo bien y estaba perdiendo. No había ganado un solo set. Alcaraz, sin embargo, no iba a regalar esa final. Al menos un set se iba a llevar aunque Sinner no se lo puso fácil. Recuperó quiebres, lo forzó a ir al límite. En fin. Sinner estaba de cine. Merecía, por supuesto, ese trofeo. Pero perdió un set. Lo nunca visto. Territorio desconocido para el italiano en esta edición de Roland Garros. ¿Qué podría ocurrir a continuación?
En realidad, al comenzar el cuarto set se olía que Sinner terminaría llevándose el partido por consistencia y regularidad, por frialdad y dureza. Alcaraz tenía tenis de sobra para desbordarlo pero sabíamos que jugando al límite terminaría cometiendo errores. Lo que casi nunca hizo Sinner hasta finales del cuarto y el quinto set.

De la remontada no sé qué decir y qué añadir. Todo lo que se pueda decir se queda corto. Fue una remontada de guión de Rocky. Fue una remontada de Hollywood. Fue algo milagroso. Cuando Alcaraz logró salvar tres bolas de partido y llevarse el noveno juego del cuarto set, otro partido comenzó. Sinner dejó de ser una máquina. Se convirtió ni más ni menos que en un excelente jugador de tenis, sí, pero humano. Obviamente, perdió su saque al momento y llegó lastrado psicológicamente al tie break. De repente, Sinner era vulnerable y Alcaraz parecía haber crecido enteros. Su bola se movía con una profundidad y velocidad inverosímiles.
El quinto set fue otra batidora de tenis y sentimientos. Yo daba por muerto a Sinner cuando perdió su saque en el primer juego. No creía que pudiera resistir el golpe psicológico. Lo veía flaquear físicamente. Pero, de manera inverosímil, cómo sólo hacen los grandes campeones, se recuperó. Creció y llegó a agobiar a Alcaraz. Metió otra marcha más que sin embargo no le bastó tampoco para llevarse el partido porque Alcaraz estaba de cine. Tiraba de intangibles. Hizo passings memorables, llegó a bolas imposibles, era consciente de que ese podía ser el partido de su vida y lo jugó al límite. Demostró ser una roca mental que aprovechaba golpes defensivos para atacar.
Al final del partido, yo creo que todos perdimos un poco la noción de dónde estábamos. Sinner ya no dio más de sí en el super tie-break pero no tanto por deméritos suyos sino porque Alcaraz se mostró inabordable. De hecho, Sinner llegó a alzar la mano demostrando querer ir a por la victoria en cuanto logró el primer punto en el decisivo desempate. Pero uno de los dos tenía que ganar. Y en un partido alocado, en un partido más parecido a un romance gitano, a un concierto de los Stones que al tenis, el que lógicamente tenía más posibilidades de llevarse el trofeo era Alcaraz. Una lástima porque Sinner también lo merecía. Ambos debían haberse hecho la fotografía con la ensaladera. Ambos se convirtieron en mitos. Ambos transformaron nuestras vidas en un sueño durante una tarde de domingo inolvidable. ¡Pasarán los años y todos nos acordaremos de dónde estábamos y con quién vimos esa fiesta, ese espectáculo!
Ganó, repito, Alcaraz. Vale. Sí. Pero, en realidad, ganaron los dos. Sinner y Alcaraz. Ganó el tenis. Ganó la vida. Ganó Dios. Ganó el mundo. Yo estuve durante una semana en una nube, en un sueño. Agradeciendo estar vivo para contemplar partidos así. Shalam
الطريق إلى كل شيء عظيم هو الصمت.
El camino a todo lo grandioso pasa por guardar silencio





1imagen…en esta imagen el beso de c.brancusi………
2imagen….un no a la improvisacion vs un si a los harlem globetrotters……
3imagen….que pasa me cago en la hostia…..
4imagen….esto va telegrafiado(los movimientos)….
5imagen….zona inferior(musculos miguelangelescos)…zona superior(paso del abbey road)….jajajjj
6imagen….marques de llevant de mallorca(colega demasiado integrado)….(un horror)…..
7imagen….toco el cielo….que esperas encontrar en el suelo…..
8imagen….un deseo cumplido….
PD….a la zona superior de alcaraz….
https://www.youtube.com/watchv=LjOl0fG72ZE&list=RDLjOl0fG72ZE&start_radio=1….a la zona superior de sinner le cantamos el stairway to heaven de led zeppelin….y en paz……
1) El abrazo de los que han pasado por momentos la línea de los mortales normales y se han convertido en mitos 2) Filósofo frente a toro español. 3) Yo también tengo corazón y sangre. A mí también me gusta la ópera. 4) Fotografía que con un poco más de definición podría estar en una exposición. Me gustaría ver este punto a cámara lenta. 5) Músculos renacentistas. Eso mismo iba yo a decir. Ópera baloncestística. 6) Conan de niño, Conan de joven. Destroza a sus guardianes y sale de la rueda de la esclavitud.7) Esa maravillosa delgadez de los tenistas de los 80. Poco músculo. Mucha mente y velocidad.8) ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Soy un campeón o no lo soy? ¿Quién lo decide? ¿El público, yo mismo o el marcador? PD: No sé qué ocurre que no se ve el vídeo de youtbe. Si es Starway to heaven pues qué decir. Escalera al cielo, sí, pero qué hay cuando se sube más allá del cielo. Los hombres se hacen fuertes en las caídas.