Ouka Leele
Ouka Leele posee una gran virtud: conseguir que todos las personas que se colocan ante su cámara, parezcan interesantes, exentas de vulgaridad y...
Fuseli no imagina. Describe. Enfatiza lo consabido. Se recrea y casi que se jacta con lo mórbido. No teme a la oscuridad ni tampoco la ama. La considera parte de sí mismo. Una faz sin la cual no se entiende lo humano. Por lo que rastrea en los mitos y escenarios clásicos, intentando extraer de ellos el matiz perverso que la civilización, el pudor, la religión y a veces también la cultura, nos han hurtado.
Fuseli es un humanista. Nos advierte de que no podemos evitar el mal. Más bien, debemos comprenderlo, conocerlo y casi que admirarlo. Pues cuanto mayor es su empuje, también lo es el del bien. Además, se intuye que se encontraba enamorado de la noche, los perfumes del sexo y desconfíaba del trabajo porque el mal posee un componente perverso bastante liberador en su obra. Es prácticamente un requisito para la plena conciencia. Un recuerdo de que las cosquillas que sentimos cuando alguien al que odiamos sufre una desgracia, son reales. Están ahí. Son inobjetables, como el dulce sabor a placer de una fría venganza.
La obra de Fuseli es una oda libertaria al espíritu humano. Una exploración del tiempo arcaico y de todas aquellas fuerzas contra las que la civilización ha luchado enconadamente por miedo y odio. La memoria arcana de la humanidad. Es casi un preludio a Las flores del mal. A la mirada de fuego de Baudelaire.
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