El emperador
Nunca he considerado la carta de El emperador como símbolo de poder. Existe cierta tristeza y nostalgia en el rostro de El emperador que me hace...

2) El famoso tríptico del Bosco sobre San Antonio es un mapa. Una cartografía del inconsciente del planeta. Un retrato de nuestro mundo al revés. ¿Quién sabe lo que pinta El Bosco? Tal vez el paraíso, el infierno o un lejano planeta. Pero no importa. Porque su visión de un mundo imaginario que describe paradójicamente con absoluta firedignidad la tormentosa Edad Media. El karma de una época sometida a supercherías y creencias sobrenaturales en la que cualquier enfermedad provocaba el pánico colectivo y podía ser considerada demoníaca. Producto de la posesión diabólica que se extendía por un mundo natural sin ley donde castillos y iglesias más que baluartes defensivos eran centros de pecado.
3) Joos Van Craesbeck anticipa a Gulliver, el surrealismo y hasta a Goya. Eso sí, más que sugerirnos que el sueño de la razón produce monstruos, su obra parece indicarnos que los sueños del ascetismo producen risa. Provocan carcajadas gigantescas a los dioses puesto que la severidad de los santos y su lucha interior se ven casi ridículas frente al trasiego de la vida cotidiana. La fortaleza de un mundo real cuya consistencia es tanta o mayor que la del corazón de los monjes retirados.
4) Jan Brueguel el viejo no retrata tanto una lucha como un convite. Un cortejo. Plantea la tentación como el ensayo de unas nupcias. Una posible unión entre el alma de un santo y unos demonios que podría servir de enlace entre dos épocas. La renacentista y la barroca. El mundo clásico y su antítesis. Describe por eso la secuencia casi como una escena de corte situada en este caso en un descampado en medio del que reinan los demonios y las gracias y el santo se encuentra totalmente solo. En absoluta desventaja frente a viscosos seres amenazantes que no obstante, y a pesar de su actitud grosera, respetan unas reglas. Se mantienen cerca del eremita, expectantes a su actitud, fuerza y resistencia.
5) Lovis Corinth pinta una escena sensual y simbolista para describir las tentaciones del ermitaño. En su lienzo, San Antonio sufre no tanto como en el pasado debido a los tormentosos diablos incestuosos como debido al oropel de belleza y fina sensibilidad libidinosa que se despliega ante él. Su obra es orientalista y decadente. Festiva y destructiva. Tiene un marcado carácter onírico y la potencia de una escena bíblica. Es un reflejo visceral y profundo del choque entre eros y thanatos. El deseo y su negación absoluta.
6) Max Ernst conduce a San Antonio a un paisaje que podría aparecer en una película de Star Wars. Décadas antes del estreno de la saga de George Lucas, prácticamente visualiza al eremita como un jedi. Un Joda del mundo antiguo que sufre el continuo ataque del lado oscuro por medio de criaturas y bichos que lo mismo podrían aparecer en Mars Attack o Alien que en Distrito 9.
Su obra combina de manera fascinante -teniendo en cuenta la fecha en la que fue compuesta- la ciencia ficción con el expresionismo. Las fantasías telúricas con los miedos ancestrales. Las fuerzas ocultas parecen salidas de pesadillas kafkianas. De una obra de terror. Y son tan poderosas que remiten tanto al nazismo como al no future de la sociedad nuclear e industrial.
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