Fútbol argentino
Dejo a continuación la segunda parte de la entrevista que el hombre de la chistera, Gorri, me realizó en Los Nietos el pasado mes de junio. En estos...
Teniendo en cuenta estos comentarios y antecedentes además de lo trascendente del partido, me puedo imaginar perfectamente lo que pasaría por la cabeza de Klopp tras el 1-0. Defenderlo de todas las maneras posibles. Olvidarse de la estética, el punch y el espectáculo y amarrar el resultado. Conquistar de una vez el trofeo mayor. El animal más difícil y escurridizo de la forma en que fuera necesario. Y a eso se dedicó el Liverpool: a ocupar los espacios, correr tras el balón, incomodar al contrario, destruir juego y esperar su oportunidad para rematar el encuentro. Y lo hizo de manera tan descarada que sonó a venganza. A dardo cargado de veneno clavado en el centro del rostro de todos aquellos resultadistas que habían intentado ridiculizar a Jurgen en los últimos meses. De todos los que lo calificaron de pierdefinales tras su derrota con el Madrid en Kiev.
No es habitual encontrar técnicos (tampoco personas) que sonrían habitualmente. Klopp es uno de ellos. Un señor trabajador pero intenso y hedonista que parece disfrutar cada momento de la vida. Y estoy convencido de que goza con el sexo, el cine, la música, el arte y hasta con las ruedas de prensa. Klopp es parecido al colega que vislumbra la celebración de una rave donde hay un descampado y otea una obra maestra o un libro superventas en un agreste manuscrito lleno de erratas. Es uno de esos optimistas ciegos que arrasan con todo. Convierten una visita a un hospital en una celebración navideña y podrían poner en aprietos a Sífifo o levantar el ánimo de un suicida. Pero desde el pasado sábado, su risa ya no remite tan sólo a la fiesta vital sino a William Shakespeare. A la secreta carcajada de los hombres vengativos. De los nibelungos homicidas. Porque efectivamente, el partido realizado por el Liverpool fue una máquina de generar bostezos y aniquilar vocaciones futbolísticas a cambio de convertirse en un festejo total y absoluto de la venganza. Un puñal bañado en la sangre de cierta parte del periodismo actual. Shalam
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