La venganza
Leo en Ciclonopedia, el ralo y singular libro de Reza Negarestami, una reflexión que entiendo que, aunque parezca un poco forzado, se puede aplicar...
El CD era la viva imagen de la industria imponiendo sus dictados en el mundo de la música y, por contra, el disco un objeto en el que arte e imaginación trabajaban al compás de los adelantos técnicos. Una relación realmente interesante que dio como resultado joyas inolvidables del arte gráfico y, repito, es extrapolable a lo que ocurre con los campos de fútbol. Pues, exactamente, en los nuevos estadios -como es el caso del Cartagonova en la ciudad de la que procedo- prima, ante todo, la comodidad y la visibilidad. Muchos de ellos son centros comerciales deportivos encubiertos cuyo último fin es casi más el consumo que el partido. Parecen haber sido creados no tanto con la finalidad de disfrutar de hazañas épicas sino del deporte como espectáculo y, por consiguiente, para que el público se recree y entretenga con ciertas jugadas, regates y goles, más que con la totalidad de los lances competitivos. Por lo que el juego ha pasado, en cierto modo, de ser una batalla (pacífica y en buena lid) por el honor a transformarse en un acontecimiento mediático. Motivo por el que suelo preguntarme muchas veces cuándo implantarán máquinas en los sillones que permitan a los hinchas repetir a su antojo los goles de su equipo o los posibles penaltis en cualquier dispositivo o videomarcador público o directamente, se transformarán en cines.
Ocurría además que, debido a la estructura de sus gradas, aquellas viejas superficies futbolísticas donde se olía a grasa y aceite y si llovía, decenas de charcos y el barro amenazaban la disputa del partido, lograban convertir a los socios en una familia común. Existía una intensa y avasalladora sensación gregaria que dotaba al fútbol de una dimensión más humana y menos robótica. Quienes pagábamos la entrada formábamos parte de una tribu. Del barrio. Éramos una banda con los colores de su equipo. Existía una comunión muy clara y directa, casi orgánica, con los jugadores a los que alentábamos porque los espectadores éramos también protagonistas. No nos encontrábamos tan separados en distancia y alma como ahora de los intérpretes del balón. Y por eso existía mucho menos tendencia a juzgarlos, criticar o detectar sus posibles errores y se tendía a comprenderlos e incluso a justificarlos. Pues defenderlos a ellos era defendernos a nosotros mismos.
Más allá de sus habituales extremismos y sus continuos conatos de violencia, gran parte de la mística que conserva y atesora el fútbol argentino se debe, sin dudas, a sus estadios. El Monumental tiene asientos que se caen. Necesitaría diez lavados y ser construido desde sus cimientos de nuevo para mostrar un aspecto decente. Algo que, en gran medida, también le ocurre al Estadio Libertadores de América; la cancha de Independiente. Y, por otra parte, La Bombonera hace ya demasiados años que se ha quedado pequeña para las masas de fanáticos que mueve Boca que, no obstante, en su mayoría suelen votar obstinadamente en contra de la construcción de un estadio más moderno porque los 60000 que pueden acceder actualmente, se sienten realmente privilegiados. Y todo lo que no fuera conservar la antigua y mítica estructura, sería entendido como un atentado contra la identidad del club. ¿No se respeta La Sagrada Familia de Gaudí y se restauran cientos de iglesias en el mundo? ¡Pues que se haga lo mismo con este templo futbolístico!, suelen gritar a coro los hinchas bosteros.
Buenas. Gracias por escribir. Yo me quedé justo en esa transición. Un año o dos antes dejé de ir al fútbol y no me hizo ninguna ilusión pisar el Cartaganova que siempre he sentido como un campo extraño en comparación a El Almarjal pero que lógicamente pues al final ha acabado teniendo cierto carisma. Estoy de acuerdo en lo del ADN del Cartagena. Creo que merece un avería todo esa historia de fracasos. El EFESE de vez en cuando nos da alegrías y es un equipo muy querido pero desde luego es un equipo que parece ser capaz de fracasar siempre más y cada día hacerlo mejor. Por cierto que veo que escribes para la editorial Borial. Sabía de tu libro pero no lo había leído. A ver si me animo en las próximas semanas y lo leo. Hasta pronto.