Caminando entre dos épocas
Hay quienes consideran que este pasado Roland Garros ha tenido un nivel impresionante. No seré yo. Entiendo que muchas personas puedan tener esta...
Los futbolistas uruguayos son casi espartanos. Poseen el gen de lucha argentino y el instinto defensivo italiano. Si Argentina e Italia tuvieran un hijo se llamaría Uruguay. Una selección que tiene algo del rocoso Estudiantes de Bilardo y del arisco e impiadoso Inter de Suárez. Suele tener dos delanteros habilidosos y algún centrocampista de clase. Y manejarse en la alta competición con la eficacia e impiedad de los conjuntos históricos.
Uruguay tiene el historial de un equipo grande pero aparece tradicionalmente en la segunda fila de los favoritos y de las selecciones históricas. Y esa consideración convierte a sus jugadores en más peligrosos de lo que aparentemente, parecen. Los transforma en perros rabiosos. Matagigantes. Hay quien los ha visto salir al campo con puñales dentro de la boca. Y supongo que, en cierto modo, esta metáfora es real porque tradicionalmente, no han tenido piedad con sus adversarios.
Es cierto, por otra parte, que se recuerdan pocas exhibiciones de Uruguay en los terrenos de juego. Que han dejado muy pocos partidos memorables cuyos gestos técnicos merezca contemplarlos una y otra vez. Pero ese es el precio que han tenido que pagar para competir con eficacia. Porque tampoco se recuerdan muchas humillaciones sufridas por la selección uruguaya. Tragedias de esas que dejan muda a una nación.
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