La loca esquina
On the corner, mi disco favorito de Miles Davis, comenzaba invocando el espíritu de los pantalones de campana. Con unos frenéticos guitarrazos y...
En cualquier caso, la monumentalidad épica de la película se debe más bien a que transmite la absoluta irracionalidad de la existencia y, más aún, de cualquier guerra, desde el mismo eje de la demencia. Marlon Brando, por ejemplo, está desatado. Se come la pantalla. Está en trance. Se interpreta a sí mismo con tal profundidad y convicción que borda su personaje. O más bien, crea a Kurtz. Lo construye y lo recrea hasta lograr convertirse en él. Y a Martin Sheen se le percibe ciertamente desorientado. Sorprendido y desubicado. No tanto porque su personaje se lo requiriera sino posiblemente, por el mismo rumbo que iba tomando el filme. Porque, en cierto modo, el rodaje estaba siendo tan o más caótico y espeluznante que los mismos hechos plasmados en el guión basados en la novela de Joseph Conrad. De hecho, tengo la impresión de que los posteriores excesos de su hijo, Charlie, surgieron aquí. Nacieron durante los tormentosos ensayos de un filme que debió dejar una cicatriz imborrable en el ADN de Martin Sheen. Un actor que se percibe que miró de frente a los abismos. El rostro del delirio. Y desde luego, no salió indemne.
Apocalipsis now es una película atípica. No es un espectáculo. Es una oda a la extrañeza. Está filmada con el entusiasmo y pulso loco de un americano pero con la contención y equilibirio de un director europeo. Es difícil destacar una sola de las decenas de anécdotas que el filme ha producido porque su rodaje continúa siendo una caja de truenos. La caja de Pandora del cine moderno. Hace meses, por ejemplo, vio a la luz una joya oculta de ese baúl de los horrores. Me refiero a la banda sonora de David Shire, destinada en un principio a ilustrar sus impresionantes imágenes.
Lo cierto es que la banda sonora de David Shire es bastante parecida a la de Carmine. Probablemente porque Coppola tenía muy claro lo que quería y dejó instrucciones muy precisas a ambos compositores: sonidos electrónicos que transmitieran riesgo y locura inspirados en las composiciones (que por aquel tiempo hacían furor) de Isao Tomita.
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