Devoradores de mundos
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a un artista canadiense: Ryan Heshka. Quiero aclarar que, en muchas ocasiones, corto...
El castigo permanece, el lado oscuro prevalece, nos sugieren estas obras post-apocalípticas. Lienzos que parecen haber surgido tanto de la devastación resultante de una explosión nuclear como del miedo a que se produzca. Y que, por tanto, nos animan a realizar una incursión por los estertores y cloacas del cerebro humano y descubrir las fuentes y raíces de la oscuridad. Un mar de fondo negro que el artista presupone eterno. Y como la luna, se nos impone, dictando sus propias y caprichosas reglas contra las que apenas podemos actuar.
Lo verdaderamente imponente de los retratos de Beksinski, por tanto, radica en la naturalidad y absoluta frontalidad con la que ha captado la esencia «diabólica». Cualidad que hace que me sienta sumamente incómodo escribiendo sobre estos lienzos que fueron creados para experimentar el mal en su presencia, y no tanto para ser comentados. Estoy convencido, de hecho, que sus inquietantes dibujos son mucho más proclives a realizar narraciones o poemas que los ilustren que a efectuar, como acabo de indicar, cualquier tipo de análisis crítico. Y si he decidido dedicarles un avería, se debe a que sentía la necesidad de recurrir a imágenes para explicar lo que para mí representa este libro. Puesto que no tengo dudas que, de poder escoger una ilustración como portada de la novela, cualquiera de las colocadas aquí, me parecería ideal. Sobre todo, por la naturalidad con la que Beksinski logra captar las situaciones más delirantes y absurdas. Que entiendo, encaja perfectamente con el tono grotesco, socarrón y diabólico de mi novela.
Al fin y al cabo, La risa oscura es un libro nocturno, lleno de eclipses, tormentas y océanos de algas sobre cuyos cielos merodean cuervos y buitres. Un texto donde las personas se asemejan a insectos, Mario Bellatin es un cruce entre un monstruo y un santo, las ciudades se encuentran derruidas, viejos maestros recitan espeluznantes cantos para superar las hambrunas, y Aleister Crowley, Frida Kahlo o Franz Kafka viven experiencias límite que nadie, ni siquiera ellos, alcanzan a comprender.
Enajenados y casi esclavizados, los ciudadanos occidentales cada vez nos parecemos más a cobayas dejados de la mano de Dios. Hace tiempo que el espíritu santo se fue de nuestro cuerpo y que somos muñecos fúnebres de una triste Navidad sin regalos. Siendo en este sentido, los lienzos de Beksinski absolutamente visionarios de esta situación. Un sombrío, mudo retrato de cómo el poder, desde tiempos inmemoriales, ha dominado la conciencia humana. Construyendo muros, ciudades donde apenas habitan espíritus raídos y marionetas inmóviles que anuncian el ocaso de nuestra era si no despertamos ya. Un augurio funesto que el inquietante protagonista de La risa oscura, un viejo maestro llamado Farabeuf, se encargará de recordar, moviendo sus manos en aspa, a lo largo de todo el libro, a sus 101 discípulos. Shalam
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