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Vísceras

Ene 11, 2023 | 3 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería sobre la edición extra de Honestidad brutal (el disco de Andrés Calamaro) publicada hace unos meses. El cual aconsejo leer escuchando uno de sus grandiosos temas: «No tan Buenos Aires«.

Vísceras

He estado escuchando últimamente varios de los discos extra que Andrés Calamaro publicó hace varios meses como ampliación del bestial Honestidad Brutal, el histórico álbum doble que editó en 1999. Y la verdad es que la mayor parte de los temas incluidos allí son de una crudeza y desnudez sin igual. Contribuyen a engrandecer la leyenda de un disco sucio y callejero, vital y rabioso, ingobernable y rebelde, poético y visceral, alocado y barrial. Una de esas obras que cualquier rockero debería tener enmarcadas en su discografía y si no ha trascendido aún más es probablemente por el hecho de ser un disco cantado en español. O mejor dicho, en porteño. Ese maravilloso dialecto creado por emigrantes hispanos e italianos en medio de una ciudad, Buenos Aires, desafiante y chulesca. Tan viciosa y maldita como Sodoma y Gomorra.

Honestidad brutal es la puta ostia. Un disco callejero y sombrío que dialoga de tú a tú con Some Girls y Blonde on blonde, a veces permite rememorar mañanas primaverales, en ocasiones también tardes otoñales y además, sabe a tango entonado en un cafefín de Buenos Aires a medianoche. Posee melodías juguetonas y silvestres que recuerdan a las tonadas adolescentes y otras folkies, apocalípticas y oscuras que describen con lucidez el signo de los tiempos. En cualquier caso, lo que destaca en todos sus temas es la frontalidad y también la verdad que rezuman en su interior. Honestidad brutal es eso. Un disco verdadero. Un disco (valga la redundancia) brutalmente honesto en el que todo remite al intenso espíritu de un artista tan inspirado como alocado que vivía en completo rapto cuando grabó esta obra que, si algo de peca, es de excesiva. Desmesurada.

No sé si existe alguna canción donde se haya descrito con mayor lucidez la Buenas Aires moderna que en «No tan Buenos Aires». Una visceral oda folk que recuerda a los clásicos de Bob Dylan, la cual debería ser obligatorio escuchar antes de pisar una ciudad que contornea febril, misteriosa y peligrosa por los surcos de un disco que es puro veneno. Droga dura. Una de esas obras infecciosas que se meten en los poros de la piel de los que la escuchan y no sale jamás. Siempre hay que volver a ellas para entender lo que es el rock.

Una impresión que los cuatro nuevos discos que tenemos a mano y que forman parte de la edición extra brut sólo hace corroborar. Algunos inéditos saben a gloria. A barrio e improvisación. A guitarra rasgada, a garganta rota y a flor maldita. Insuflan aún más aire a una obra inmortal que se percibe que no nació para ser perfecta sino para estar viva. Juguetona y salvaje. Siempre muy lejos de poder ser domesticada y sobreanalizada.

Hay algo que me fascina de muchos temas de Honestidad brutal: el hecho de que parecen haber sido grabados como si fuera la última oportunidad de hacerlo. Muchos suenan frescos e instantáneos. Pero, sobre todo, poseen urgencia. A veces tengo la sensación de que si Calamaro no hubiera podido grabarlos, habría acabado pegándose un tiro. Arrojándose por la ventana de un edificio al asfalto.

Si hubo un momento en el que Calamaro perdió para siempre el contacto con la realidad fue durante la grabación de este disco. Pero también fue este el instante en el que estuvo más cerca de la genialidad, de convertirse en clásico contemporáneo, leyenda viva. El oráculo del rock moderno. Un espejo en el que debían mirarse todos los músicos que deseaban experimentar la aventura de ser rockero. Un viaje sin rumbo ni dirección que Calamaro convertía en odisea. Insuflando peligro al rock conforme lo convertia en épica callejera. Poesía oscura surgida desde las entrañas de los prostíbulos y un vaso de alcohol. El lugar donde los viciosos y los locos se encuentran más cómodos que en ninguna otra parte. Shalam

لا حاجة لصب الماء في كوب ممتلئ

No hay que verter agua en un vaso lleno

3 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….bicolor….icono comic….
    2imagen…..3 asuntos: a)trompetista botella de agua…..b) rayismo-hans hartung….c) cuchillo…»alias» bob dylan en pat garret y billy the kid……
    3imagen….la pistola la dispara su padre (como en la muerte de marvin gaye)……dale que dale a la trompeta….
    4imagen….me gusta la comodidad…mi escultura de luz invisible…
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=38rDhjjSZcA…bob dylan..billy…pat garret and billy the kid…subtitulado…..

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Bob Dylan que te quiero hasta en los infiernos. 2) Bob Dylan se parece a mí. Y también Enrique Bumbury. 3) Me recuerda a la canción «Crimen» de Gustavo Cerati que Dios lo tenga en su seno. 4) Rapero y reggaetonero y también rockanrolero y argentino. ¡lo más!. PD: una de esas canciones por las que Dylan demostraba encontrarse más allá del bien y del mal. Eso sí, esta versión se oye mal, ¿no es así?

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  3. Alejandro Hermosilla

    Resulta que se escucha perfecto. Tenía mal encajado un cable. Todo bien..jjja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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