Asesino confeso
Lo de Henry Lee Lucas es increíble. El mismísimo Joker envidiaría todas las confusiones que su vida contribuyó a generar. No creo que ni uno solo de...
La serie tocó fibras universales porque no se dirigía únicamente a una porción del público. Javi, Pancho, Bea, Quique, Desi, Piraña y Tito eran personajes que hablaban tanto a sus iguales -el público infantil, adolescente y joven- como a los adultos. Básicamente porque eran una encarnación muy realista de los hijos que tenían muchos padres y, siendo inocentes, poseían cierto descaro que les permitía conectar con amplias capas del público juvenil.
En su libro, Mercedes Cebrían analiza muy bien todo aquello que se encontraba sugerido en sus imágenes y realiza una lectura entre líneas muy sabrosa de la relación entre Chanquete y Julia, los ecos hippies y ecologistas que podían vislumbrarse en ciertos episodios y la manera en que España concebía el turismo durante toda aquella época.
En Verano azul pareciera que el franquismo nunca hubiera existido. Que hubiera un lapsus de memoria en la psique colectiva sobre un pretérito tiempo que ni tan siquiera es un fantasma. Es más bien un tema que se encuentra fuera del foco de una sociedad entretenida explorando el presente y más preocupada por los enemigos de futuro -la vorágine inmobiliara- que por mirar atrás. Por comenzar a despertar que por pasar cuentas a su traumático ayer. Algo que también explica el éxito internacional de la obra pues probablemente, en caso de que José Mercero hubiera abordado la peliaguda cuestión, no sólo hubiera provocado un cortocircuito en la mente de cientos de miles de espectadores españoles que buscaban ensoñación, relajación y distracción al verla sino que, a su vez, hubiera provocado el distanciamiento de los seguidores rumanos, chilenos o argentinos que, sin embargo, conectaban al instante con una conversación entre Tito y «Piraña» o una frase de Chanquete. Ese hombre que parecía haber surgido de un verso de Rafael Alberti, haber sido criado en una cuna de aceite de oliva y llevar escrito el lenguaje del mar en su frente cuya muerte en uno de los capítulos más vistos de la historia de la televisión aún hiela la sangre de miles de niños que perdieron para siempre la inocencia en el justo momento en que contemplaron a Pancho correr gritando la trágica noticia.
Verano azul posee como toda creación idealista y ensoñadora muy circunscrita a una época concreta, su envés muy marcado. Porque, con el paso de los años, se ha convertido en un monstruo que provoca llantos y tristeza al recordar con quién estábamos y compararnos con quienes fuimos cuando la vimos por primera vez.
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