La rebelión del vacío
La mayoría de intervenciones artísticas de lienzos o textos no pasan de la anécdota. En mi caso, no suelo emitir más que una sonrisa cuando las...
El vampirismo es otra forma de esclavitud. Pero a control remoto. Mucho más efectiva. No es necesario pegar latigazos ni encerrar al reo en la cárcel. Se muerde el cuello una sola vez (firma del contrato) y el reo pasa a depender del ser oculto que yace en una lejana y ampulosa mansión. Una casa por lo general llena de polvo que habla a las claras de su resistencia a morir. Su insistencia en negar el tiempo e imponer su estirpe (marca de la élite) a lo largo de los siglos.
Como el dinero-deuda, los vampiros no se reflejan en los espejos pero sabemos que existen e inundan de energía a un Gran Otro. Razón por la que acostumbro a leer por ejemplo 1984 como una novela de este género. Al igual que una gran parte de los films de David Cronenberg. Y por supuesto también la historia de la iglesia teniendo en cuenta la obsesión de los sacerdotes por la sangre de Cristo que no es más que la muestra del control que desean y quieren y llegan a ejercer sobre los feligreses. Un hecho que ha provocado que muchos de ellos desconfíen y abracen el laicismo. Lo que no deja de ser otra trampa puesto que el nihilismo que muchas veces lo acompaña es el mejor aliado del capitalismo salvaje. Ese monstruo nocturno de ojos rojos y dentadura afilada que, como los políticos, cuando nos muerde en el cuello, asegura una y cientos de veces mil que es por nuestro bien. Shalam
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