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Un viaje. Día 7

Jul 9, 2025 | 2 Comentarios

Llegó el momento de escribir el último avería de esta serie. El que narra la llegada a Barcelona el pasado domingo. ¡Ahí voy!

Un viaje. Día 7

Me despierto en la casa de Manuel pero por unos instantes no sé dónde estoy. Tanto su mujer como él se portan de maravilla conmigo. Después de comer en supermercados, gasolineras, bares y no lugares, el desayuno de huevos, jamón y  queso que me sirven me sabe a gloria. Repito hasta encontrarme saciado. Luego salimos a tomar café. Manuel vive en La Nou de Gaià. Un pequeño pueblo de origen medieval donde reina la tranquilidad y hay un poso de elegancia y cultura. Se puede uno imaginar perfectamente a barones y condes recorriendo sus calles hace siglos. Leyendo poesía y recaudando impuestos. Duelos entre viejos caballeros.

El café lo tomamos en un bar que utiliza discos antiguos (y ya inservibles) de Verdi, Beethoven y otros músicos como posavasos. Me parece una excelente idea. Tal vez la aplique yo también en mi casa a mi regreso. Allí en el bar (A la parra) dialogo con un muchacho que tuvo un conjunto de rock y que tuvo la suerte de telonear a los Deltonos. La banda de Hendrik Röver. Un tipo resistente. Uno de esos a los que habría que hacerle un monumento por haber mantenido contra temporales y huracanes la llama del blues alta en nuestro país. Recuerdo un disco suyo que desgasté hasta el cansancio: Bien mejor. En el 92, una banda como la cántabra podía aparecer en buenos horarios en la televisión española. Todavía había dignos programas musicales. Eso también se lo llevó el tiempo.

Recordamos también a los Marañones. La banda murciana. Un huracán de rock y blues  que me dejó impresionado en su momento. Recuerdo un concierto en el que Miguel Bañón se arrojó al público y comenzó a tocar la guitarra entre nosotros con aires a lo Hendrix. Puta, bendita locura.

Obviamente, salgo muy contento del mágico pueblo donde Manuel y su familia viven. Tan sólo me queda ya una etapa. Hoy debo llegar a Barcelona. Una ciudad de contrastes. De locos y soñadores y de industriales y comerciantes. Gaudí y Dalí hicieron fortuna allí y en sus alrededores. Johan Cruyff fue también capaz de implantar su concepción sugestiva, plástica, casi artística del fútbol en el Camp Nou. Una revolución que convirtió un deporte de masas en una actividad casi ajedrecística. Aunque no me olvido de que fue en sus playas precisamente donde los ensueños del caballero de la triste figura fueron derrotados.

Creo que eso debemos recordarlo todos los españoles. Don Quijote es vencido por el caballero de la Blanca Luna (en realidad, Sansón Carrasco) en Barcelona. Una ciudad que, debido a su proximidad  con Francia, es la encargada de contener las ansias expansivas, joviales de muchos íberos y canalizarlas de otro modo. El entusiasmo hispano, el ansia de aventuras de don Quijote tiene un freno aquí. Pero eso no significa que sea vencido o destruido. Simplemente, repito, es simbólicamente reconducido. Por eso las actividades artísticas casan tan bien con este ambiente (y no tal vez tanto con el espíritu manchego) en el que Dalí y Gaudí tuvieron que enfrentar lógicamente muchas dificultades pero también encontraron el feudo ideal para desarrollarse. Un feudo económicamente fuerte.

La última etapa de todas las grandes vueltas ciclistas suele ser intrascendente. Es un homenaje a todos los que han completado el desafío. Yo sin embargo estoy tan cansado que no sé si disfrutaré de la llegada. Saco la carta de Tarot del día y aparece el 6 de bastos. Cualquiera que la vea entenderá al momento su significado. Un caballero llega triunfador a su destino. Eso suele ocurrir. El tarot ve más allá de uno mismo. Apunta al trasfondo de las cuestiones. Cuando era joven, yo era muy obsesivo. También bastante neurótico. Ahora lo soy mucho menos. Pero continúo siéndolo. El tarot sin embargo va a lo esencial. No le importan ni mis neurosis cotidianas ni las momentáneas. Va al centro de la diana y lo que dice es exacto. El 6 de bastos es una carta de triunfo. Un caballero después de muchos esfuerzos camina triunfador hacia su destino. Entiendo el mensaje al momento. Debo estar satisfecho. Tengo a mano Barcelona. Lo logré. El Tarot viene a mi rescate, pongo música y disfruto la experiencia. Pedaleo rápido y contento.

La ruta hacia Barcelona es suave, benigna. Además, a 20 kms de la ciudad (en las playas de Castelldefells) me esperan dos grandes amigos: Marcos y César. ¿Qué más se puede pedir? Sólo tengo un reparo. No sé cómo subiré las cuestas de Sitges a Barcelona. Pero ese fantasma se difumina conforme pedaleo por llanos y falsos llanos. De hecho, me apetece enfrentarme a ese desafío. Apretar los dientes y hacerlo.

Eso es algo que siempre me impresionó de Indurain. Su manera de apretar los dientes. De la célebre contrarreloj de Luxemburgo que llevó a cabo en el Tour del 92 recuerdo, sobre todo, el rostro sorprendido de Fignon al comprobar que iba a ser rebasado por el navarro y los dientes apretados del indiscutible ganador de aquella carrera. Su modo de apretar los dientes no era normal. Indurain parecía un tiburón. En realidad, todos los ciclistas aprietan antes o después los dientes. Pero sólo algunos lo hacen de un modo llamativo. Gianni Bugno, sin embargo, parecía ajeno a los esfuerzos. Su pose sobre la bicicleta era elegante y lánguida. A veces parecía que iba de paseo. Que estaba tomando un Martini y no compitiendo. A Bugno no lo vi nunca apretar los dientes. Parecía competir consigo mismo. Tampoco recuerdo a Perico Delgado realizando ese gesto. Más que nada porque era alguien tan extrovertido y expansivo que resultaba difícil fijarse en algo concreto de su figura. Tengo la sensación sin embargo de que todos los grandes campeones ciclistas apretaban los dientes de modo muy estentóreo. Caso de Bernard Hinault o Eddy Merckx.

En mi caso,  cuando aprieto los dientes sé que toca trabajar en silencio, sin una sola queja, pedalear fuerte y me concentro para llegar a mis límites físicos. 

Obviamente, paro en Sitges. Es una localidad fascinante. Incluso en verano, masificada, conserva un aire de fantasía señorial con la que yo siempre la identifiqué gracias a su mítico Festival de cine. Es la primera vez que la visito en verano. Siempre lo he hecho en invierno. En esas frías fechas, Sitges posee un aspecto mágico que convierte su visita en una deliciosa aventura.

Si no recuerdo mal, conocí el Festival de Sitges porque fue allí donde se estrenó Los inmortales. Una película con título borgeano que me fascinó de niño. Todo en ella era impactante. Desde la banda sonora de Queen hasta los exteriores, la interpretación de Sean Connery, el argumento o el enfermo aspecto de El Kurgan. Los inmortales no era una película perfecta. No hacía falta. Pero poseía aún ese sentido del espectáculo clásico (y ochentero) que en gran medida el cine ha perdido desde que comenzó la era internet.

Salgo de Sitges y comienzan las míticas cuestas. Son duras pero las subo convencido y tranquilo. Los coches respetan a los ciclistas. En un momento dado, como tengo más visión que ellos, me permito hacerles señas para que me adelanten. Es uno de los momentos más épicos y bellos del viaje. Hace unos minutos sonó «Alive and kicking».

En uno de mis viajes por Sudamérica conocí a una campeona juvenil de ciclismo venezolana. Fue en Mérida (Venezuela). En aquella localidad montañosa también alquilé una bici y pedaleé por las montañas. En una empresa me dijeron que por un módico precio una ciclista que había sido semiprofesional podría hacer una atractiva ruta conmigo y no lo dudé. Fue un placer pedalear con aquella antaño campeona amateur. Ella, por supuesto, siempre marcaba el ritmo y yo la seguía a rueda. Era muy fina. Durante una bajada, lleno de alegría, con la mirada puesta en el horizonte, me puse a cantar el célebre tema de Simple Minds antes citado. Dios existía. El mundo era alegría. Dios era dicha. En fin.

Recuerdo en esos moments justos aquel viaje porque acostumbro a escuchar la lista de canciones que tengo en Spotify en orden aleatorio. Hasta ahora no ha sonado la canción de Simple Minds. Lo hace al fin el último día. Me emociono mucho al volver a escucharla. Si eso no es un homenaje a Dios, a la sincronicidad, a la vida, ¿Qué es?

Subidas ya las temibles (y anheladas) cuestas de Sitges me lanzo en tumba hacia Castelldefells. Allí me esperan dos grandes amigos. A los dos los conocí en Valparaíso (Chile): Marcos y César. Fue en el 2003. Por aquel entonces vivía yo en Buenos Aires transitoriamente pues estaba realizando una investigación para mi tesis sobre Ernesto Sábato. En cuanto podía, por supuesto, viajaba.

Valparaíso me enamoró desde el primer momento. Allí me albergué en casa de una señora que me dijo que esa misma noche llegaría un muchacho español que estaba realizando un viaje en bici por Chile y había salido semanas atrás. Era Marcos. Nuestro encuentro fue espectacular, inolvidable. El día después me presentó a un amigo suyo, César. Este otro muchacho acababa de terminar una ruta de tres meses por la Patagona chilena. Ni más ni menos que desde Usuahia hasta Puerto Mont. No sería la última. En meses posteriores llegaría hasta Puente del Inca desde Chañaral y subiría hasta Atacama desde Valparaíso. Casi haría cumbre con la bicicleta en el Ojo del Salado e incluso llegaría a Buenos Aires desde Chile en bici. Al parecer, cuando atravesaba La Pampa había días que no veía a nadie. Muchas noches las dormía en su saco. A veces tenía que pellizcarse para saber que estaba vivo. Lo que César hizo allá, en Chile y Argentina, no tiene nombre. También llegó a las faldas del Aconcagua en bicicleta y subió la montaña con un equipo de escalador. Una hazaña tras otra que convierten mi viaje a Barcelona en lo que realmente es: una excursión.

Marcos, por otra parte, es casi un hermano. Desde que nos conocimos en Valparaíso nuestra amistad no ha hecho más que crecer y no concibo la vida sin él. Así que como se comprenderá mi alegría es máxima cuando los encuentro a ambos en las playas de Castelldefells. Allí comemos y partimos hacia Barcelona.

Cualquiera diría que mis últimos 20 kilómetros serían una fiesta. Pero no es así. Yo ya no puedo más. Cuando comíamos apenas he bebido agua. Así que nos vemos obligados a parar en un bar de Bellvitge para que me hidrate. Mi camiseta se encuentra sudada de arriba abajo y se me cae algún que otro objeto de las manos. En cualquier caso, estoy bien y contento. Pocos minutos después entramos en Barcelona y aprovecho que pasamos por el Magic bar para poner bien alto la mítica versión realizada por Lou Reed del tema popularizado por The Drifters (compuesto en realidad por Doc Pomus y Mort Shuman) que suena en Lost highway: «This Magic moment».

Obviamente, este es mi momento mágico. El momento de la semana. El objetivo se encuentra cumplido.

Marcos vive en el barrio del Born, justo en el costado derecho de la la iglesia de Santa maría del Mar. Una equilibrada y preciosa construcción gótica célebre en los últimos tiempos por haber sido protagonista de una famosa novela. A veces estoy hablando por teléfono y suenan las campanas. Ninguna interrupción ha sido nunca tan bienvenida.

En uno de los antiguos accesos de la iglesia, justo el descansillo entre la puerta y las escaleras, ha hecho su nido desde hace seis años un francés que dice llamarse Shiva, como el dios hindú. Parece un personaje de Leos Carax. Concretamente, de Los amantes del Pont-Neuf. Cuando voy en invierno, se abriga con un jersey viejo y en verano siempre está sin camiseta. Como si fuera un perro guardián conoce a todos los vecinos del barrio. De tanto en tanto grita en un idioma desconocido. A veces hace flexiones. En realidad, es inofensivo pero sí que una vez lo vi a punto de entablar una pelea con alguien que lo incriminaba.

En el momento justo en el que dejo mi biciclet en el portal, saludo a Shiva y éste me devuelve el gesto, sé que esta aventura ha terminado. Vuelvo al mundo cotidiano. Al disparatado, excéntrico mundo cotidiano. Shalam

لا يوجد جمال بدون حزن

No hay belleza sin melancolía

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…persiana i´m so free—transformer…..
    2imagen…construccion anacronica (farol, virgen y jardincillo incluido)…..
    3imagen…un variante del gran masturbador…(a flipar con el hijo del notario de figueras)….
    4imagen…cuanta supersticion andara (dice el cura nazario a andara la prostituta de buñuel en nazarin)….guapisima del todo…..
    5imagen….elegante campeon del mundo (parece no inmutarse)….
    6imagen…me pondre aftersun azul para los quemazones de julio… descansare al borde de la playa….
    7imagen….la lucha contra el craneo de jaguar continua….
    8imagen…mas abajo no voy por el aumento de la posibilidad de oxidacion de mi extraordinaria pava…..
    9imagen…tres cabalgan juntos….marcos, cesar y alejandro….
    10imagen…las dos vagonetas de blues brothers….
    11imagen…otro anacronismo (complejo de pobre en viridiana)
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=l3D-jBuwUZI&list=RDl3D-jBuwUZI&start_radio=1
    lou…transformen…acustic…demo…

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Magic bar. This Magic moment. El rock es vida. El rock no ha muerto. Viva la resistencia. 2) hermoso pueblo que nos recuerda que la poesía se desarrolla con holgura a orrillas del Mediterráneo 3) Paul Eluard viaja a través de los cielos y el espacio en dirección a la conciencia humana 4) caballero de bastos triunfante a mitad de camino. Se van conquistando los pueblos. 5) Anuncio ciclista de Martini. 6) el jamelgo se encuentra descansando en un pueblo cimerio y fantástico que recuerda a los de Conan. 7) Meditación antes de la transformación en guerrero eterno. Lucha interior. Crisis. Francis Bacon. 8) Mirador de Sitges. Descanso en subida. Avituallamiento en Vuelta. 9) Dos escuderos terminando el viaje simbólico hacia Camelot. 10) Arriba el cañón de AC/DC. Para todos los que aman el rock. 11) Uno de los amantes del Pont Neuf. PD: Lou Reed. El rostro del loco. La voz del poeta.
    Leo Carax- https://m.youtube.com/watch?v=lbluhzI3888&pp=ygUUTGVzIGFtYW50cyBwb250IG5ldWY%3D

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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