Sigo en Barcelona y continúo evocando de tanto en tanto el viaje recién terminado. La vida sigue y comienzo a vislumbrar el camino de Santiago al fondo pero, de momento, hay que terminar esta serie. Así que ahí voy.
Un viaje. Día 6.
Salgo de Castellón. Como suele ocurrir me pierdo al salir de la ciudad. Avanzo, retrocedo y añado kilómetros sin sentido a mi trayectoria. El desgaste de ese sobreesfuerzo terminará por pesarme.
Obviamente, cuando llego a Benicassim no puedo evitar acordarme de los buenos momentos vividos en el Festival que se celebra aquí. En realidad, cuando iba a aquel evento me encontraba yo tan inmerso en los conciertos que sólo pisé la playa una vez. Lo hice la mañana después de que la edición del 97 se suspendiera debido a un temporal y la consecuente caída de un techo del escenario. Estaba sufriendo un bajón de drogas. Bastante angustiado. Recuerdo sentarme en el puerto a mirar el mar junto a un japonés y tener la sensación de que podía desintegrarme en cualquier momento. Unos cuantos de los músicos de aquella generación lo hicieron como es el caso de Sideral. Una estrella fugaz de la era indie. Uno de los escasos djs españoles que me transmitía peligro, ritmo. Un poco (salvando grandes distancias) lo que era Andrew Weatherall en el mundo anglosajón. Los dos músicos yacen ahora en un cementerio. Antes o después nos encontraremos con ellos. Simplemente se nos adelantaron.

En la playa de Benicassim tengo que parar porque el faro delantero se acaba de apagar. Me asusto. No puedo ir sin luces por la noche. Pero pronto encuentro la solución. Enchufo el faro a la dinamo que la bici lleva incorporada, pedaleo y la luz se enciende. Tenía mis dudas porque no la había probado hasta ahora. Así que respiro con alivio. Luego subo por la antigua carretera nacional bordeando el mar y me dirijo hacia Oropesa. Allí paro en un bar a recargar el móvil y tomar otro café. Unos cuantos muchachos me preguntan qué hago allí, de dónde vengo. Ir en una bici como ésta es una buena ocasión para socializar. Nadie hablaría conmigo si fuera con ropa normal. Vestido de ciclista y con las alforjas puedo hacerlo con cualquiera. Se producen intercambios fructíferos y alegres. A eso va uno a estos viajes. A revitalizarse. A crecer.

Continúo la ruta una hora más tarde. Me siento estupendo. Mis fuerzas fluyen perfectamente. Se me presenta no obstante una diatriba. Puedo intentar llegar a Vinarós o bien por carretera nacional o bien por una ruta para bicis que me llevará a un parque agreste y pedregroso por el que podré pedalear bordeando el mar.
La primera opción me llevaría a mi destino en dos horas. Lo más aconsejable sería tomarla. Pero me digo a mí mismo que tal vez no vuelva más aquí y sigo la vía de la aventura. Mi carta de hoy es El loco. Así que seré fiel a ella.
No me arrepiento de haber tomado esta decisión. Tras rodar y rodar desemboco en Torre Badum (Peñíscola). Concretamente en las hermosas playas del Pebret. Pedaleo varios kilómetros y entro en el parque natural de la sierra de Irta. Sigo tres kilómetros por caminos de tierra y comienzo a bordear el mar y a experimentar una deliciosa sensación de rebeldía y libertad. Me siento vivo. Está amaneciendo y comienzan a aparecer ciclistas de todas partes que me animan al verme subir cuestas bastante empinadas (alguna es del 7 por ciento) con mis alforjas a cuestas.
Subo rampas y rampas y luego bajo pero lo hago sonriendo. En un momento dado, me digo a mí mismo que esta es la mayor locura en bicicleta que he realizado jamás. Tampoco he hecho muchas.
Hasta este viaje la mayor quijotada que había realizado relacionada con la bicicleta había sido en Las Hurdes. Una provincia que visité tras la lectura de mi tesis. Estaba muy fatigado psíquicamente y decidí ir a la provincia extremeña pensando, gracias al célebre documental de Luis Buñuel, que allí podría encontrar la paz necesaria para reestablecerme. En gran medida fue así. Caminé mucho y en un momento dado, le pedí una bici a los propietarios del hotel donde me albergaba y partí con ella a recorrer la región. Era una bicicleta de montaña de baja calidad. Los cambios fallaban un poco. Pero la exprimí.
Salí a primera hora de la mañana y regresé ya de noche después de subir puertos un tanto escarpados y recorrer un sinfín de caminos solitarios. No sé cuántos kilómetros hice pero fueron muchos. Mi cerebro me sugería que me detuviera, que fuera prudente pero mi corazón me impulsaba a continuar. En un momento dado, perdí la noción del tiempo y seguí pedaleando y pedaleando sin tener muy claro cuándo pararía. Sé, eso sí, que nunca había hecho tantos kilómetros hasta ese día en la bici y que incluso me asusté de mí mismo. Había un diablo pugnando en mí impulsándome a mandarlo todo al carajo y pedalear hasta el cielo o el infierno. Sólo algunos grupos de rock y libros me habían provocado tal pasión alguna vez. Por supuesto, también alguna mujer. Definitivamente la bici tenía un embrujo sobre mí.

Salgo del parque de la sierra de Irta muy satisfecho. Llego a Vinarós a las 9,30 de la mañana. El calor deja de ser un enemigo. El norte de España sigue siendo el norte. Comienza a chispear. Agradezco la lluvia. Cuando salgo en bici por La Manga detesto el viento en contra. Aquí ha sido siempre bienvenido. Un auténtico soplo de aire fresco. Lo recibo con alegría. Sin embargo, comienzo a estar preocupado. Deseo hacer noche en Tarragona, llevo sin dormir 24 horas y no sé cómo me encontraré al mediodía.
En mi auxilio viene una llamada mágica. De esas que dan sentido a este tipo de aventuras. Manuel, un tipo entrañable, un antiguo compañero de piso, sabe que estoy viajando por la costa y me invita a quedarme a dormir en su casa. Vive a escasos kilómetros de Tarragona junto a su mujer alemana y sus dos hijos en una casa tradicional con un inconfundible encanto bohemio del antiguo. Por supuesto acepto. Me siento feliz de volver a verlo. Hace casi veinte años que no me encuentro con él. La última vez fue en Berlín. Ambos fuimos juntos a un concierto de Bauhaus. Cuando compartíamos piso era raro el día que no riéramos y habláramos de música. Congeniamos al momento.
Pedaleo y pedaleo por la carretera nacional con destino a Tarragona pero mi alma no da para mucho más. El paisaje me aburre. Así que después de hacer 20 o 30 kilómetros del tirón decido bordear la costa. ¡Pésima decisión! Me desvío hacia Cambrils disfrutando de las montañas y la vegetación. Casi todo es bajada. Pero cuando llego a la población me encuentro con un paisaje apocalíptico para mis intenciones. Es sábado. Las calles están llenas de gente. Debo detenerme cada dos o tres minutos. La carretera tiene continuas subidas y bajadas. A estas alturas, esto es una pesadilla para mí. Si continúo bordeando la playa llegaré a casa de Manuel bien entrada la madrugada.
Pregunto cómo volver de nuevo a la nacional y me indican que debo retroceder por donde he venido. En ese momento creo que voy a desfallecer. Debo subir cuatro kilómetros de cuestas bien empinadas. Por un momento pienso en llamar a Manuel y que venga a recogerme. Pienso en abandonar. Una cuesta es tan dura que me duelen los omoplatos como si alguien me clavara una aguja. ¿Qué necesidad tengo de vivir esto? El sol ha vuelto a salir. Son las 5 o las 6 de la tarde. Hace mucho calor. Creo que aquí acabó mi quimera. Pero recuerdo mis meditaciones. Respiro hondo y pedaleo. Me digo a mí mismo que debo estar en paz. Este sufrimiento pasará. Calma. Expirar, inspirar, pedalear. Y efectivamente media hora después estoy en la nacional. Pero el sentimiento de fracaso no me lo quita nadie. He pedaleado dos horas para volver al mismo punto de partida. ¿Dormiré esa noche en casa de Manuel?

El resto del viaje es duro. A veces disfruto. Pero ya ni miro el paisaje. Sólo pienso en llegar a Tarragona. A veces paro a beber agua. Quisiera quedarme en un banco a dormir pero sigo. El faro delantero se queda sin batería. La dinamo me vuelve a salvar. Al cuentakilómetros le entró agua y no funciona. Mi reproductor de música se queda también sin batería y los kilómetros no parecen terminar nunca. Recuerdo mis tardes de niño leyendo la revista Ciclismo a fondo. Concretamente, una entrevista a Álvaro Pino en la que el ciclista pontevedrés comentaba lo que sufrió con una pájara. Yo no tengo una pájara. Simplemente pedaleo con alforjas y llevo muchas horas sin dormir. Quiero dejar de hacerlo pero no lo hago. Continúo más fuerte aunque he llegado a mi umbral de resistencia. Todos los deportistas profesionales están obligados antes o después a superarlo pero yo no soy un profesional.

Horas después, sobre las 23 horas, medio arrastrándome, llego a Cambrils. Antes he atravesado una población, Miami playa, cuyo nombre lo dice todo. Otra especie de no lugar turístico de los que predominan en la costa. Probablemente sus playas sean bellísimas y sus atardeceres únicos. Pero el nombre dice mucho de lo que los constructores intentaron realizar y sigo sin detenerme.
En Cambrils respiro y disfruto viendo a los niños en la noria. Pienso en algún que otro episodio de La dimensión desconocida y continúo mi ruta por el atractivo paseo marítimo. Pronto estoy en Salou. Me encuentro junto a Port Aventura y se nota. El bullicio de niños en las calles es tremendo. El ambiente es totalmente festivo. Pero estoy tan cansado que me siento más bien un extraño entre tanto jolgorio. Descanso en un banco y casi me duermo pero hago un último esfuerzo, me pongo en pie y sigo hasta Tarragona.
La carretera nacional que conduce a la ciudad de noche impresiona. Escucho a los coches pasar junto a mí como las naves lo hacían en Blade Runner. ¿Estoy dentro de un filme hiperreal? No lo sé pero sí que siento a mi madre y a Susana todo el tiempo conmigo. En realidad, siempre están junto a mí. Sé que llegaré sano y salvo pero no cómo.

Me detengo a la entrada de Tarragona y veo inmediatamente a la furgoneta de Manuel acercarse. ¡Victoria! El hombre es tan simpático que incluso medio muerto logra sacarme una sonrisa y que visite la plaza central. Obviamente, a su casa llegaré exhausto, sin fuerzas ni para una ducha. Si algo tengo claro en ese momento es que la vuelta a Murcia en bicicleta no será en una semana. Añadiré algunos días más. Sobre el papel todo parecía muy claro pero la realidad siempre supera nuestros planes. La literatura no es más que una caricatura de la realidad. Los hay, eso sí, que la trazan con talento y los que no. Shalam
من الأفضل أن تكون تعيسًا في الحب من أن تكون تعيسًا في الزواج، ولكن بعض الناس يحققون كلا الأمريلناس يحققون كلا الأمري.
Es mejor ser infeliz en el amor que infeliz en el matrimonio, pero algunas personas logran ambos objetivos.








dia6
1magen….no se por que me recuerda al septimo sello-bergman…
2imagen…humphrey bogard, carton a tamaño natural….
cinta rota de la persiana, hongo atomico y un musico con mucha inspiracion…..
3imagen….he llegado a europa del sur (africa del norte)..
4imagen…tablao flamenco con funda de lunares…
5imagen….el quijote ha decidido darse un baño….
6imagen…me fijo en los techos de las casas, me mijo en el cubismo….
7imagen….recojo el alimento de esos arboles….la santa espina…
8imagen…tres de nosotros persigue al anciano en pijama…. (auschwitz-birkenau)….
9imagen…pausa (no puedo mas)….
10imagen…el niño en coney island baby, tu en coney island baby..
11imagen…homenaje a la fuente monumental de la naturaleza artificial…al canto…(jaume plensa, escultor catalan de contenido literario)…..
PD…la santa espina…sardana…
https://www.youtube.com/watch?v=ukhYNgXJ-nY&list=RDukhYNgXJ-nY&start_radio=1
1) Chopper salvaje. Harley Davidson. Guns N´roses. 2) bajista elegante. Está realizando una versión tal vez de Chic o una de «Ashes to Ashes». 3) Paraíso Haway. Tahití A tomar un cocktail. 4) ¿Es esta la isla de Lost? ¿Me encontraré con restos de un avión destrozado? 5) Y al hombre de la bici se le apareció el ángel de la luz. 6) casa blanca que recuerda vagamente a las metidas dentro de la tierra y la montaña de Almería. Ya no hay hambre en las Hurdes. 7) Incluso aquí hay graffitis. Arte contemporáneo inevitable. 8) Un regusto lejano a los sigue Sigue Sputnik 9) Modelo de foto para escultura realizada por un artista catalán. Escultura abstracta 10) Alucinando justo al darse de bruces con un agujero que salta a otra dimensión. De aquí al siglo XXI 11) Es la sonrisa de alguien que nos quiere muertos o dormidos. Ja PD: Una sardana que en lo musical recuerda a el bolero de Ravel y un baile cuya escenografía permite rememorar los Juegos Olímpicos.