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Un viaje. Día 2

Jul 3, 2025 | 2 Comentarios

Escribo ahora mismo desde Gandía. Hoy es mi cuarto día de viaje. Me está costando horrores adaptarme a la tablet pero no desisto. Así que ahí va mi crónica del segundo día de viaje.

Un viaje. Día 2.

Salgo de mi habitación en Torrevieja sobre las 9. Pero en realidad llevo despierto desde las 4 luchando contra la tablet. Cuatro horas me ha llevado hacer un averia que normalmente no me ocupa mas de una hora y media o dos horas. De todas maneras, me encuentro de muy buen humor. Laura me recibe con un suculento desayuno y me relajo en la terraza de su chalet. Hoy me espera un día tranquilo. Torrevieja-Alicante no es una ruta exigente. Todo lo contrario. El problema, repito, es el calor. Pero soy de Murcia. En los últimos meses realicé algunas rutas a las 3 o 4 de la tarde, con casi 30 grados, de entre dos y tres horas.  Asi que estoy bastante preparado para el bochorno por más que todo tiene un límite, claro, y en los telediarios se habla de una inminente ola de calor.

En cualquier caso, de momento, ese límite no ha llegado y, tras despedirme de Laura, (que me acompaña para indicarme el mejor camino para continuar) ruedo tranquilo por una carretera nacional buscando, claro, acercarme a la costa en cuanto pueda. No tardo en hacerlo. Llego a Guardamar y hago mi primer descanso. Me da la impresión por cierto de que esta localidad mantiene una pureza que ha perdido Torrevieja.

Guardamar, de hecho, posee un toque de distinción, parece también muy actualizada pero al mismo tiempo da aire y espacio a sus habitantes. Respeta por igual a foráneos y autóctonos. Aquí se podría rodar perfectamente un filme de Eric Rohmer. Pienso, claro, en Pauline en la playa. En Guardamar por cierto casi que cometo un error pues lleno uno de mis bidones en una ducha sin haber leído el  cartel que indica que el agua no es potable. Afortunadamente, una señora que se lava los pies junto a mí me avisa a tiempo. Hubiera sido una estúpida forma de terminar el viaje. Absurda y ridícula.

La ruta hacia Alicante es tan tranquila y poco exigente que me permito pensar en múltiples detalles. Rememoro momentos de mi infancia. Pienso, por ejemplo, en el día en el que aprendí a montar en bicicleta. No fue temprano. Lo hice con 12 años. Mi madre era muy sobreprotectora y no quería que yo agarrara una sola bicicleta por miedo a lesiones, heridas o algo peor.

Durante mi infancia, escuchaba con tristeza a los niños de mi pandilla hablar de sus escapadas a pueblos contiguos a Cartagena. Algo se removía en mi interior. Montar en bicicleta tenía que ser tan maravilloso, tan salvaje. Pero tal vez no podría yo nunca domar uno de esos artefactos que imaginaba yo como caballos furiosos.

Harto de escucharme hablar sobre las hazañas de Lucho Herrera, Laurent Fignon y el carismático Perico Delgado (siempre, siempre Perico), un amigo me llevó a un descampado en La Manga y ¡voilà! después de cuatro o cinco caídas ya me sostenía por mí mismo. Obviamente, enloquecí. Para familiarizarme con la bici (una de esas BH de niño) daba vueltas y vueltas a la piscina de mi Urbanización y en cuanto pude, me puse a rodar kilómetros y kilómetros. Recuerdo un viaje con esa bici infantil, medio destartalada, al final de la Manga rememorando las etapas alpinas del Tour. Nadie en mi entorno se creía que hubiera llegado yo allí con ese cacharro pero todos obviamente lo celebraban. Durante unos días fui «el loco  de la bici».  ¡Ja!

Por supuesto, toda la costa alicantina se encuentra plagada de urbanizaciones ostentosas y playas cristalinas. Queda claro en lo que se ha basado la economía de la zona: turismo, construcción, sector servicios y atraer dolares, rublos y euros de las mafias rusas y de todo aquel que desee lavar dinero. La costa alicantina es una mezcla entre una novela de Rafael Chirbes y de J.G. Ballard. Alicante, la ciudad, sin embargo, es más Pynchon. No ha perdido su aire tradicional pero también huele a no lugar. Hay algo distópico allí. A veces cuando estoy en Alicante no sé si estoy en Alicante. No sé dónde estoy. Hay en la ciudad algo extraño que aún está por definir. El mejor adjetivo que se me ocurre es ese: pynchoniano. Alicante es pynchoniana.

Antes de llegar a Pynchon city me siento en Santa Pola en un restaurante a descansar. No he encontrado ni un supermercado en la localidad. Me cobran la botella de litro a 3 euros. Lógicamente, me digo a mí mismo que a partir de ahora preguntaré los precios antes de pedir. Desde Santa Pola a Alicante hay una deliciosa ruta muy relajante que no implica apenas esfuerzo. Llego no obstante un poco cansado a la ciudad. Hace demasiado calor.

Siempre que voy a Alicante me albergo en la casa de Oksana. Una ucraniana sobre la que prácticamente no sé nada. Sospecho obviamente que vino a España cuando la guerra estalló en su país pero nunca se lo he preguntado. En realidad, apenas he hablado con ella.Yo no creo haberle dicho más de treinta frases desde que la conozco. Ella normalmente tampoco habla. Pero en la última ocasión en la que me quedé allí, comenzó a dar un furibundo discurso sobre la mejor manera de hacer un desayuno a los ingleses, a los españoles o a los franceses que  me dejó  estupefacto. Tras terminar su perorata, aún hubo mas. De repente, me preguntó si quería yo un gallo. Resulta que había rescatado un pollo semanas atrás de la muerte y ahora no sabía a quién dárselo. Lo tenia encerrado en su habitación y de tanto en tanto se lo oía cacarear.  De verdad que Roland Topor y Roman Polanski hubiera hecho maravillas con Oksana. Podría perfectamente aparecer en El quimérico inquilino. En fin. Sin comentarios.

Hoy sin embargo, Oksana me recibe con cierta frialdad. Apenas cruzamos palabra. Pero casi mejor. Sigo sin dominar la tablet. En parte es porque el teclado es norteamericano y, aunque lo he configurado al español, me falla mucho en los acentos y unos cuantos detalles más. Por si fuera poco, mañana viajo hacia Ondara. Y llevo varios días durmiendo 4 horas No necesito más distracciones. Avería y el viaje son ahora los dos aspectos que es crucial atender. Shalam

الغابات تسبق الحضارات، والصحاري تتبعها

Los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….la burrica dando con el rabo al pollo de oksana huyo de ucrania le refanfinfla la guerra……
    2imagen…espacio que ocupa la burrica es sustituido por el serrucho que corta el suelo (cartoons)….
    3imagen….pase de modelo 920(solicitar produccion a decatlon)..
    4imagen….ruedas de pepsi-cola francesa…pepsi-schweppes…..
    5imagen….atuso y cepillo la melena de la montura….
    6imagen….alguien mato a un policia motorizado…..
    PD….a oksana le recetamos unas audiciones de perez prado y su mambo n 5…y happy….jajajjjjj……
    https://www.youtube.com/watch?v=7CADAUKiieQ&list=RD7CADAUKiieQ&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) jajajaj.. Creo que es la definición perfecta de Oksana. Le renfanflifla la guerra. 2) la bici comienza a tener vida propia. Podria ser el típico robot de Galactica. 3) La bici posa aquí como la Venus de Milo. Hoy voy a llevarla a hacerle un pequeño lifting a Dechatlon. 4) Los ciclistas como hombres anuncio. 5) En la montaña que se ve a lo lejos un conde sacrificó a sus hijas antes de ser capturadas por los moros. Digo yo. Me lo invento. 6) Oksana world. Tan escalofriante, tan natural. Amiga de gallos. PD: Mambo siempre tan jovial. Como la primavera y el martini. Ja. O los cocktails.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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