Nathan Adler
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado al fascinante disco grabado por David Bowie a mitad de la década de los 90 del pasado siglo:...
Tanto mi ansiedad como mis expectativas eran muy altas. En Thriller, Michael Jackson había conseguido hilvanar una serie de composiciones pop que parecían proceder de otra dimensión. En aquel disco se conjugaban armónicamente, y en equilibrio casi divino, el soul sofisticado y de barrio, el funky más desatado y bailón, con medios tiempos, baladas celestiales, ritmos hipnóticos y ciertas dosis de riesgo y alegría procedentes tanto del rock como de la música disco, que terminaron desembocando en una creación irresistible. Absolutamente contemporánea y clásica. Probablemente por la sabia mano del productor Quincy Jones. Un genio del sonido que supo encontrar el equilibrio justo para que el talento de Michael brillara en medio de un complejo y sabiamente estructurado tapiz sonoro en el que todos los elementos se conjugaban armónicamente. Algo que el paso del tiempo no ha hecho más que corroborar. Pues al fin y al cabo, el disco es una píldora pop definitiva, capaz de mantenerse joven varias décadas después y sonar como el primer día
Definitivamente, es un clásico absoluto ese momento en que Michael dice a voz en grito: «I’m bad, you’re bad, who’s the best?. (Yo soy malo, tú eres malo, ¿quién es malo, quién es el mejor?). Tanto como el ritmo de una canción mágica que, con el paso de las escuchas, enganchaba y se pegaba a la piel como la picadura de una avispa. Al igual que el disco en su conjunto. El último de los imprescindibles de Michael.
Tras reflexionar durante un tiempo, llegué a la conclusión de que si Michael gritaba y deseaba ser malo era por intereses comerciales. Cuando estaba grabando Bad, vivía obsesionado con la idea de superar las ventas de Thriller. En una ocasión, incluso afirmó que deseaba facturar como unas 100 millones de copias del nuevo disco. Para alcanzar este objetivo, por supuesto, tenía que realizar un gran esfuerzo interpretativo. Ser fiel a sí mismo pero también captar la esencia del presente y el futuro. Dar un paso adelante sin dejar de mirar atrás. Asaltar los cielos siendo respetuoso con la tradición. Por lo que, sin dejar de amplificar las líneas soul, pop y dance de Thriller, en Bad había determinados momentos en que Michael rapeaba, adaptándose al estilo musical que comenzaba a hacer furor en aquellos momentos. Y además, cantaba en francés y el español. Operación por medio de la que intentaba conquistar definitivamente al público latino y tal vez, trazar puentes con sus hermanos africanos que, debido al colonialismo, conocían la lengua francesa.
En cualquier caso, si se quería alcanzar una cifra desmesurada de oyentes, había también que trabajar la estética. Y para ello, Michael se presentó con una vestimenta austera, dura y seria. Lejos del glamour de Thriller. Ganándose de buenas a primeras, el reconocimiento de los fans que admiraban al Silvester Stallone de Cobra y al Arnold Schwarzenegger de Terminator. El «norteamericano medio» de la era Reagan. Ese ciudadano que sabía que nos encontrábamos en un mundo duro y malo, donde no había cabida para los débiles. Lleno de jóvenes que criticaban el comportamiento ético y, a veces, ingenuo del héroe de Marvel, Capitán América, y se excitaban con el nuevo traje negro de Spiderman porque se reconocían en la sombra. Eran duros y violentos y estaban preparados para esa lucha que, como si fuera un chico de barrio más, reivindicaba Michael Jackson en su vídeo.
Sin embargo, y esto no lo comprendí hasta que en México vi bailar a decenas de muchachos pobres sus canciones, para ser el cantante e intérprete más universal, Michael debía tocar la fibra, ser comprendido, sobre todo, por las clases bajas. Y, en concreto, apuntar a una posible identificación del pueblo mexicano con él. Al fin y al cabo, el afroamericano ya se encontraba entregado a sus brazos y las clases altas y medias de los países occidentales estaban fascinadas por su figura. Así que para conseguir sus objetivos tenía que conquistar al público hispano de clase media-baja: los portoriqueños, cubanos, mexicanos, costaricenses o colombianos que, o bien se encontraban integrados en Norteamérica o vivían en sus propios países.
Algo que se podía constatar en el vídeo de Bad, donde si es cierto que sus rivales eran negros, buena parte de los extras que lo acompañaban y apoyaban tenían procedencia latina o al menos vestían como los integrantes de esta comunidad. Con la que para terminar de conectar, no debía, en ningún caso, representar el papel de bueno sino el de malo. Puesto que así es como generalmente eran tratados por muchos de los jóvenes yuppies blancos que los despreciaban. Razón por la que supongo Michael no dudaba en mirar con dureza a la cámara, desafiante, como un joven rebelde y, por ejemplo, realizaba sin complejos el famoso gesto de tocarse los testículos mostrando arrogancia, valentía y virilidad -atributos sin los cuales un joven no puede sobrevivir en México Distrito Federal o en los barrios pobres de cualquier ciudad del mundo- a través del que parecía indicar la necesidad de pisar fuerte en la vida y no rendirse. Atacar el día a día con responsabilidad y alegría, como lo hacían los extras que lo acompañaban, que parecían pandilleros o chicos de barrio. Y, en un momento determinado del vídeo, ocupaban el primer plano de la pantalla. Tenían su momento de gloria. Pues se les veía bailar con patines, hacer varios pasos de break-dance, y saltar y bailar. Un hecho que podía ser interpretado como un saludo cordial de Michael hacia los emigrantes latinos. Quien parecía decirles que allí, a su lado, en su Norteamérica, todos ellos tenían cabida. No estaban excluidos. Pues había un ser que los comprendía y además, les dejaba claro que si se esforzaban y luchaban por aquello que creían, conseguirían triunfar. Al igual que lo había hecho él. (Continuará)
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