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Un camino días 14 y 15

Ago 13, 2025 | 2 Comentarios

Últimamente no he escrito apenas en Avería. El motivo radica en que, debido a la ola de calor, el Camino se tornó muy exigente. También conocí al fin a unos pocos peregrinos y he vivido con ellos ciertas experiencias que debía asimilar e interiorizar bien. En la medida en la que que me encuentre sano y con vida tendré tiempo para escribir. Pero no siempre se pueden experimentar momentos reveladores e intensos. De tanto en tanto hay que dejarse llevar. Eso es lo que me ha ocurrido a mí y por ese motivo apenas he escrito aquí. No sé si podré seguir haciéndolo con regularidad hasta que no vuelva a mi casa de La Manga. Lo intentaré, claro que sí. Y obviamente quiero dejar testimonio de todo este viaje. Pido un poco de paciencia. Todo a su tiempo. De momento estoy en Logroño y la aventura, por supuesto, continúa.

Dejo a continuación, mientras tanto, un nuevo avería dedicado a narrar mis sensaciones y experiencias en el Camino de Santiago. En esta ocasión, de los días catorce y quince.

Un camino. Días 14 y 15. 

El martes 29 de julio me despierto temprano. El albergue de Berbegal es realmente confortable. Voy con retraso en mi diario de viaje y decido quedarme en este augusto pueblo en el que tan sólo hay una panadería y una tienda de alimentación (que no abren por la tarde). Mi idea era escribir dos o tres averías pero en cuanto hago el primero caigo agotado en el sofá y me despierto horas después sin apenas fuerzas más que para volver al único bar del pueblo. El señor que lo regenta es realmente raro. Parece ruso pero no me atrevería a afirmarlo. También parece mirarme con cierta sorna. No tardo en descubrir el motivo. Le encargo un bocadillo mediano de tortilla y cuando voy a pagarle me dice que, en realidad, me ha servido uno grande. Se encuentra rodeado de unos cuantos clientes con los que supongo que tiene confianza. Si digo cualquier cosa me dejará en evidencia. ¡He aquí un molesto peregrino! No protesto. ¿Para qué? Hay batallas que no merece la pena librar. ¡Que se quede con dos euros de más y su satisfacción por haberme engañado si eso le hace feliz!

El bar se encuentra situado enfrente de la majestuosa iglesia de Santa María de la Blanca cuya presencia domina todo el pueblo. Así que las vistas no pueden ser más jugosas. El imponente templo posee una historia curiosa. Se comenzó a diseñar a principios del siglo XII pero diversos problemas económicos provocaron que no se retomara su construcción hasta finales de la centuria. Quienes terminaron de ejecutar la obra lo hicieron siguiendo unos patrones distintos a los que la iniciaron y, por ese motivo, la iglesia posee una arquitectura dispareja y un tanto irregular que la hace única.

El día después (miércoles 30 de julio) me despierto muy temprano. Me separan casi 30 kilómetros de Pueyo de Fañanás. Mi destino de esa etapa. Los recorro a buen ritmo disfrutando de los yermos paisajes de estas zonas del paisaje aragonés y de los pocos pueblos que aparecen de tanto en la ruta como si fueran emanaciones sobrenaturales. Muchos de ellos parecen estancados en el tiempo. Se dirían entes fantasmagóricos pues a la distancia con las ciudades se une estos días en concreto el temido y habitual calor del estío. Lo que provoca que apenas haya un alma en sus calles.

A decir verdad, caminar varias horas a más de 30 grados no es precisamente fácil. Continúo sin encontrar un solo peregrino. Algo que me provoca satisfacción y cierta extrañeza. Durante estos días me ha quedado claro que el Camino catalán aún se encuentra en pañales. Bastante mas desarrollado me parece el aragonés. No lo he dicho hasta ahora en Avería pero en mis caminatas por los pueblos y sierras catalanas fueron muchas veces las que me perdí. Nada grave. Pero en bastantes ocasiones me veía obligado a retroceder uno o dos kilómetros por la ausencia de señales amarillas en puntos clave de la ruta como ciertas intersecciones, curvas o cruces de caminos. El de Aragón, repito, está mejor señalizado. Así que cuando me pierdo o desoriento muchas veces tiene, sobre todo, que ver con un despiste mío. No siempre, claro.

Lo cierto es que no importa si descanso el día antes o no. Vuelvo de nuevo a llegar agotado (y un tanto deshidratado) a Pueyo de Fayanás. Allí me llevo una grata sorpresa. Hay un bar debajo del albergue en el que atiende Jesús. Un señor ya jubilado realmente amable. El local pertenece al ayuntamiento (no paga alquiler por tanto) así que los precios de las cervezas y de los cafés son bastante baratos. Enfrente del bar hay una especie de campo de fútbol en cuyo centro hay una cruz y dentro de sus instalaciones un futbolín, varias mesas de ping pong, unos cuantos dominós y una amplia biblioteca de la que no tardo en coger un libro. Evidentemente, es uno que se encuentra relacionado con el Camino de Santiago: El peregrino, una novela de Jesús Torbado.

Como se puede comprender no tengo tiempo para leerla pero sí para ojearla. Leo sus primeras treinta páginas con cierta curiosidad e interés. Poco tiene  que ver el libro de Torbado con los de mis escritores favoritos: Kafka, Thomas Bernhard y Lautreamont. Pero teniendo en cuenta el viaje que estoy realizando capta pronto mi atención.

La narración se encuentra protagonizada por un joven peregrino, Martín de Chatillon, que desde Francia emprende un viaje por la mítica ruta en el que vivirá todo tipo de sobresaltos. El libro (que huele tanto a picaresca, medievalismo zafio y ópera barroca por todos los costados y también, claro, a kitsch) comienza cuando varios bandoleros retienen preso al inocente muchacho hasta que el jefe de los forajidos decide soltarlo porque Martín le comenta que conoce el lugar donde se esconde una reliquia religiosa.

Repito que no es esta la literatura que más me gusta. Pero es imposible no reconocer que la novela se encuentra bien escrita y que parece muy bien documentada. Es testimonio de una época en la que los escritores no sólo conocían su oficio sino que lo adecentaban. Hace años para conquistar los grandes premios era necesario ser al menos un buen escritor. Hoy en día basta con ser famoso. Antes el contenido del libro era importante. Hoy es lo de menos. Sí que hay libros cuyo contenido importa pero estos suelen ser sobre temas sociales, políticos o de actualidad. Y, por supuesto, ideológicos. Algo en cualquier caso que no veo tan nocivo porque la literatura siempre va más allá de los contenidos y del estilo. Si la literatura es literatura es porque se encuentra en zona de peligro y salvaje. Difícil de clasificar. Fuera del sistema. Eso era algo que, desde luego, sabían escritores como Torbado que eran conscientes de que se encontraban muy lejos de los genios y de los paisajes de furia y locura donde crecen las creaciones más sobrecogedoras pero al menos se esforzaban en generar contenido popular de calidad y, por lo general, lo lograban.

Tal vez a mi vuelta a mi hogar en Murcia lea la novela al completo. Seguro que puedo extraer conclusiones más claras entonces.

La tarde la paso hablando con Jesús. El señor es tranquilo. Tiene una conversación inteligente, amena. Es lúcido. Me comenta, por ejemplo, que hace varias décadas había mucha más libertad en España. Me confiesa con cierta incredulidad que ahora tiene que hasta censar sus gallinas.  Por todo y para todo hay que pedir permiso. El estado vigila, controla. La ansiada democracia se ha convertido en una trampa a mayor honra del neoliberalismo. Las leyes son esclavas del dinero. Se lamenta entre murmullos, mientras contempla el sol con mirada fija, por el día en el que perdimos nuestra moneda nacional y comenzamos a utilizar euros.

Tal vez jesús no sea consciente de la importancia social que cumple su bar. Aunque probablemente sí puesto que trabaja allí por gusto. De manera voluntaria. Pueyo se encuentra en una ampla zona agraria y de no ser por el local algunos vecinos nunca dialogarían entre ellos. Ha ocurrido en más de una ocasión, me comenta Jesús, que dos agricultores discutieran porque un tractor entró en un terreno que no le pertenecía  pero que lograran reconciliarse invitándose a unas cervezas en el interior de un centro en torno al que gira la gran parte de la vida social del pueblo y sus alrededores.

En Pueyo de  Fayanás viven un poco ajenos al presente. Los vecinos se reúnen casi todas las noches a cenar en las mesas exteriores del bar. Cada uno trae un plato diferente y todos gozan de este manjar colectivo mientras charlan de su vidas. Desafortunadamente, no tengo yo la suerte de disfrutar del suculento ágape porque nos encontramos a finales de julio y algunos de los escasos habitantes de la población se están despidiendo de sobrinos, nietos que están preparando su vuelta a la ciudad tras pasar todo el mes allí. No obstante, unos amables ecuatorianos se compadecen de mí y me invitan a un arroz a la cubana con costillejas. También a cerveza y vino. Y compruebo con alegría que no tardan en unirse a la mesa varios oriundos de Pueyo.

Cae la noche y, de repente, el ambiente se torna mágico. Algunas vecinas me dan consejos para lo que me resta de vida. Otras me comentan sobre algún problema con sus hijos y conversaciones con el párroco de la zona. Los misterios del pueblo se abren de par en par. Unas niñas se ponen a jugar al fútbol. La luna resplandece en los cielos. El pueblo sonríe. Es delicioso escuchar ladrar a los perros mientras el balón de fútbol golpea las paredes y esquiva la cruz que divide las dos partes del campo. La España eterna no muere. Se resiste a morir. Casi que escucho de fondo los versos de algún poeta español. ¿Estoy dentro de un patio andaluz o aragonés de otro siglo?

Me voy obviamente con un gran sabor de boca a la cama. Uno emprende este  viaje para vivir noches así. Pienso incluso si quedarme un día más en Pueyo. No tardo en cualquier caso en dormirme. La fatiga de momento está siendo mi compañera más fiel durante toda la ruta. Shalam

اطلب الكثير من نفسك ولا تتوقع أي شيء من الآخرين.

Exígete mucho a ti mismo y no esperes nada de los demás.

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…en el cielo va la avioneta por la encrucijada de «con la muerte en los talones» soltando mochilas con alimentos para franja de gaza….
    2imagen….estos muros en medio-circulo me encantan, son para todos…..me recuerda la iglesia auvers sur oise de van gogh..1890
    3imagen…multiplicacion de peces y panes(multiplicacion de mochilas)….
    4imagen…el carro de rafael y su dueño que era antonio (rafael se llamaba el perro)…..
    5imagen…este colega si que es andrei rubliev el pintor de iconos.
    6imagen…aqui parece que falta un carro…..
    7imagen…ahora veo lo que es, la primera vez la lei como una falla (botellas de cerveza tamaño humano y gran luz..)….
    PD…con la muerte en los talones.. 1959…..main theme..bernard herrmann….
    https://www.youtube.com/watch?v=6H3dcQXaNyM&list=RD6H3dcQXaNyM&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) De aquí sacaría un pintor contemporáneo una obra vacía que alguien compraría en Arco. Viajes.jajaja 2) Iglesias mocetona. Se imagina uno aquí a monjes recios y fornidos. Bien comidos y cenados. 3) Pequeño monumento por la Guerra civil. La cruz en honor a todos. Incluído el mochilero…jajaj.4) Una toma de una posible película de Terrence Malick. 5) Totalmente. Es Rublev. Por aquí había un tipo polaco con pintas parecidos que no hablaba con nadie. Tímido y místico. jjaja 6) Pueblo que agradaría a Buñuel. Aquí se tomaría unos chatos con jesús y hablaría de caza. 7) merendola en Fayanás. Un clásico del pueblo. PD: tema inolvidable. Cary Grant siempre bien trajeado y siempre en peligro. Ni un respiro.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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