AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Biografia E Un camino. Día 5

Un camino. Día 5

Jul 25, 2025 | 4 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a contar mis sensaciones y experiencias en el Camino de Santiago. En esta ocasión, del quinto día.

Un camino. Día 5.

Despierto temprano en Castellolí (nombre que hace referencia al castillo construido en sus inmediaciones del cual aún quedan unas ruinas como testimonio). El silencio y aspecto espartano de la antigua rectoría me transmiten paz. Inmediatamente, decido quedarme a pasar el día allí. Los motivos son varios. Mis rodillas se golpearon mucho al descender de Montserrat. Una de ellas no flexiona bien. Tengo muy claro que debo evitar lesiones. En un momento dado, cuando me encuentre confiado y haya alcanzado una regularidad caminando, no haré más descansos. Pero no deseo forzar el físico los primeros días. Ya se sabe lo que dice el refrán: «arrancada de burro, parada de caballo». Quiero completar el Camino y completarlo bien. Si de algo ha de servirme tener 50 años es para saber regularme.

También resulta muy tentador que los peregrinos tengamos acceso gratuito a la piscina al aire libre de Castellolí. Como escribí ayer, Castellolí tiene muy baja densidad. No hay un solo supermercado. Esta medida me parece un modo inteligente del ayuntamiento de atraer a peregrinos para que decidan quedarse un día y degustar la gastronomía local en sus escasos bares. Algo que también realizan pueblos similares a los que el Camino vuelve visibles por un tiempo al menos a los ojos de los  viajeros. ¡Por supuesto, mis respetos y agradecimientos!

Después de desayunar decido, por lo tanto, tomar un baño en la piscina. Me da acceso al recinto el socorrista, un argentino llamado Iván con el que rápidamente conecto. A ello ayuda el que me invite a tomar mate. Un rito en Argentina. Yo tengo en mi casa pero no suelo disfrutar de sus propiedades. En realidad, sólo bebo esta hierba cuando la comparto con argentinos. El mate aproxima a las personas. Las hace más cercanas. El mate crea un círculo casi imposible de romper en torno a quienes lo comparten. No se despide uno de alguien mientras se toma mate con él. Hay algo íntimo y sociable en esta costumbre que convierte a los conocidos momentáneamente en amigos y a los amigos en hermanos. Luego, eso sí, la vida sigue. Pero mientras lo disfrutamos sentimos que todo es posible. Se produce una conexión inmediata que invita al diálogo sobre los más diversos temas.

Iván (también un músico) es un acérrimo fan de Luis Alberto Spinetta. Algo no demasiado común. Charly García fue el referente sin discusión del rock argentino de finales del Siglo XXI y partes del XXI. A su lado, el  resto de músicos palidecían. Pero, a decir verdad, esta afirmación, como tantas otras generalidades no deja de ser errada. Al lado de Charly se encontraba, por ejemplo, Spinetta. Un mago. Un músico cuyas dimensiones poéticas y sensibilidad eran tan acusadas que las masas tenían difícil conectar con él. Spinetta, en parte, creó su propio lenguaje en el rock argentino. Un lenguaje íntimo y personal. Muchos músicos argentinos hacían rock. Spinetta modeló el rock a su antojo. Creó una forma de ser y estar en el mundo. Su álbum, Artaud, es una solitaria joya de la música en español. Rabioso, oculto, bello, misterioso. Creo que es la mejor puerta de acceso a una obra muy difícil de asir, nebulosa, llena de belleza y de aridez. Con sabor a desierto y a soledad porteña.

Iván me cuenta una anécdota acontecida en Montbui que me deja pensando. Podría aparecer en una novela de Paul Auster. Al poco tiempo de comenzar a trabajar como socorrista salvó la vida a una niña pequeña. Las piscinas parecen seguras. En realidad, lo son. Pero cualquier descuido puede abocar a la tragedia. Había muchos niños chapoteando en las aguas y una se hundió y no volvió a aparecer hasta más de un minuto después. Cuando la sacaron estaba completamente inconsciente. Había quien la daba por muerta. No dio señales de vida hasta que Iván le realizó el tercer ciclo de RCP (Reanimación pulmonar cardiaca). Durante varios minutos a todos los presentes en aquel lugar de ocio y esparcimiento se les heló la sangre. Algunos lloraron. Varios gritaron. Eran los primeros días como socorrista de Iván y pensó que tal vez estaba gafado. El acontecimiento era tan inusual que las autoridades ordenaron que llegara un helicóptero de rescate. ¿Cómo no pensar en una novela de Auster? ¿Qué habría sido de la vida de la niña de estar sumergida treinta segundos (tal vez sólo quince) más? ¿Y de la de Iván? Obviamente, él no era el culpable de la situación. De hecho, fue el héroe de aquel día. Pero ¿Cómo se lo hubiera tomado? En fin. Vuelvo a insistir, de ese tipo de mimbres se forjaron los libros de Auster.

Regreso renovado a la rectoría tras el baño y escribo. Sigo siendo el único que se alberga en ella. Durante todo mi viaje, hasta ahora, he sido también el único peregrino. No he coincidido con nadie. Esto es algo que sospechaba. En un grupo de amigos del Camino de Telegram me dijeron hace meses que, aunque así lo parezca, los meses de julio y agosto no son los de más afluencia de peregrinos. Los extranjeros tienen miedo al calor hispano. Así que eligen junio y septiembre. Incluso mayo si no me equivoco. Es raro, a su vez, encontrar personas realizando el Camino catalán. Todo confluye, por tanto, para mi soledad. Soledad deseada y anhelada por otra parte. Ya habrá tiempo de caminar en compañía. Shalam

إن التطرف ليس أمراً جيداً، حتى في

No son buenos los extremos aunque sea en la virtud

4 Comentarios

  1. Mari Carmen

    «Quien salva una vida, salva a la humanidad».
    Ahhhh el mate. Jamás me acostumbré a tomarlo con tanta azúcar como le echan.
    Desde que amanece hasta que se retiran a dormir, ponen la pava(tetera) con agua y van rellenando hasta el anochecer.
    Deja de trepar montículos que los años no pasan en balde.
    Siga UD, disfrutando del paisaje, los silencios y contigo mismo.
    Salud!!!.

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      A mí, desde el primer momento, me gustó mucho el mate. Y servía para conectar con ciertas personas en los lugares más insospechados. Bueno. Ahí seguimos. Caminando de un modo u otro. ¡¡¡Gracias!!!

      Responder
  2. andresrosiquemoreno

    1imagen…la torre del moro gutierrez…(carretera de la manga, altura villa caravaning, a la derch de la general….)
    2imagen…calle mayor (de un pueblo catalan el dia de la diada), sonrisa….
    3imagen…piscina damari (los dolores cartagena cerca del colegio gabriela mistral, en los gabatos)….
    4imagen…spinetta, (local)….artaud parece que nacio con el sol en la cara (como la portada del l.p.)
    5imagen…el azar es la maestra de todas las cosas (dadaismo)
    PD…procol harum…a white shade of pale..1968…el pianista es el mismisimo moro gutierrez en plena faena tapado por la capucha..
    https://www.youtube.com/watch?v=F6AaRtQFn5Y&list=RDF6AaRtQFn5Y&start_radio=1

    Responder
  3. Alejandro Hermosilla

    1) Cierto.. lo que comentas de la ermita del moro. Sí.j jjajajaja.. También puede ser un cuadro de Dalí titulado: «Sueños de caballero cristiano destruidos». 2) Fotografía proclive a ilustrar en un álbum la canción «El canto del gallo». Radio Futura. 3) Aquí curiosamente hacían algo que nunca vi. Ponían las chanclas todas juntas en un lugar y caminaban descalzos por el recinto. 4) Un verde salvaje y esquivo, un verde furioso y mustio que habla de lo imposible de controlar. Pescado rabioso. Artaud. Un hito del rock argentino. 5) Para ilustrar esta historia a tono con la portada del libro cambiaría el cenicero y el cigarrillo por la bombilla y el mate. A huevo.jajajajj. PD: Qué geniales Procol Harum. Yo creo que tengo que hacerles un avería a mi vuelta. ¿Quién es el Moro Gutiérrez? jjajaja

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Contenido relacionado

Videoaverías

Averías populares

Espíritu gusano

Sólo he participado en dos conciertos en mi vida. ¡Suficiente! Los dos, por supuesto, fueron una locura. La primera vez tenía 17 años. Los...
Leer más
Share This