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Un Camino. Día 45.

Sep 2, 2026 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo Avería sobre el Camino de Santiago realizado el pasado verano (2025). En esta ocasión, me ocuparé del día 45, en el que recorrí la distancia que hay entre La Virgen del Camino y Villadangos del Páramo.

Un Camino. Día 45.

Viernes, 29 de agosto.

Me levanto bien temprano, tranquilo y en paz. Hoy no soy un burro fatigado. Hoy soy un peregrino más en el Camino. He vuelto a recuperar las fuerzas y la sonrisa. Mantengo, eso sí, mis costumbres. Hasta que no sale el último caminante, no lo hago yo. Es mi ritual. Y también es una forma de luchar instintivamente contra esa mala regla social que se ha impuesto en los últimos años en la ruta: la de salir más temprano que nadie para alcanzar una cama en los albergues. ¡Prefiero dormir en la maleza que competir con otros peregrinos por esa cama! ¡Prefiero ahogarme, sí, en medio de los océanos! Una de las reglas de esta vía dicta que “El Camino proveerá”. Si toca hacer noche fuera es porque eso es lo que nos exige la vía peregrina. Nada ocurre en la vida por casualidad, pero aún menos en esta vía mística, sagrada.

Estoy disfrutando tanto, me encuentro tan pleno, amo tanto y quiero profundizar hasta tal límite (si es posible hasta los huesos) en esta sagrada ruta, que debo confesar que tengo miedo. Soy consciente de que se acerca Sarria; me estoy aproximando a lugares plagados de turigrinos, personas que hacen la ruta sin un motivo interno, sin un sentido espiritual y vestidos con ropa de marca. De hecho, eligen cuidadosamente sus atuendos (algunos parecen preparados para un desfile de moda, un catálogo deportivo) y, a veces, pareciera que recorren la vía únicamente por el deseo de obtener un diploma o una foto. La foto de instagram. El estado en face.

Soy consciente de que no tardaré en caminar junto a masas, multitudes, enjambres de manos y piernas agolpadas en una ruta cautiva del comercio, esclava de la globalización. Tal vez lo haga en cuatro, cinco días o una semana. Y siento miedo. Aunque entiendo que también esta experiencia es el Camino. En la vida, a veces caminamos por pueblos perdidos y otras veces lo hacemos por grandes capitales. Todo existe de igual modo a los ojos de Dios. De todas maneras, no hay que ser inconsciente. No sé si me va a gustar mucho lo que viene. Así que decido tomarme este día con tranquilidad.

Compruebo que hay un albergue de donativo (los mejores, repito) en Villadangos del Páramo y decido parar allí. Llevo, además, días, semanas (que me resultan años) sin escribir en Averíadepollos y eso es para mí un triste fracaso, una herida dramática. Es el momento de volver a escribir mi Diario. Curiosamente, como acabo de decir, no concibo la vida sin escribir. Pero el no haber podido hacerlo como tenía planeado no me está frustrando. No me siento derrotado. De hecho, me siento más fuerte, más vivo. Creo que estoy sanando precisamente porque no estoy escribiendo, porque estoy viviendo como me lo demanda la existencia y no como neuróticamente yo había considerado que tenía que hacerlo. Es esa otra de las lecciones de este Camino, otra de sus enseñanzas. Hoy soy más completo precisamente porque no escribo, porque puedo permitirme estar varios días sin abrir la computadora. Porque hay momentos para todo. Y no todos son para escribir. Esa es otra de las lecciones del Camino, que voy poco a poco integrando y comprendiendo.

¡Oh, Dios, cuánta belleza! Incluso aquí, en un rincón sin aparente importancia, de esos donde no hay apenas fotos de auténticos peregrinos de raza, en un humilde pueblo del que probablemente no se comenta apenas nada en el Códice Calixtino y en las grandes guías históricas de la ruta, sigo encontrando enseñanzas, sabiduría. ¿Cómo me atreví yo en algún momento a mirar por encima del hombro a la ruta jacobea? ¡Es cierto! ¡Nunca lo hice! Pero probablemente alguna vez, entre libros y cafés universitarios, pronunciara yo una frase de esas irónicas. No sé si lo hice. Siempre respeté el Camino. Pero si lo hice, pido perdón aquí mismo. Dejo de volar como una gaviota negra y me arrodillo en los altares de las iglesias imaginarias para agradecer. En fin. Tal vez estoy exagerando. Será mejor que baje a los suelos y que continúe caminando.

Obviamente, recorro los 8 kilómetros entre La Virgen y Villadangos con total y absoluta calma. Viajo en góndola, en una balsa de aceite. Soy un escritor que agradece precisamente no escribir. Soy un peregrino que agradece no caminar. Soy tan solo uno más de cientos de miles que caminaron esta vía. Eso es lo que me alegra: que no tengo necesidad de imponerme, solo dejarme ir.

Me doy cuenta, por cierto, de que este tramo de la ruta ha cambiado. No es, afortunadamente, el mismo que el de los años 90. En aquel entonces, este tramo era casi un castigo. Monótono, tedioso. Los peregrinos avanzábamos pegados al asfalto de la N-120, sintiendo el temblor de los camiones, contemplando barrios industriales mientras experimentábamos el vacío de la vieja meseta, sus últimos estertores. Ahora, sin embargo, gracias a diversas asociaciones de Amigos del Camino, el tramo ha ganado en interés. El viajero puede incursionar por caminos rurales y senderos agrícolas que mantienen la mística de la ruta jacobea sin tener forzosamente todo el tiempo que confrontarse a la mediocridad plana y destructiva del asfalto.

Llego al albergue y faltan aún tres o cuatro horas para que abran. Villadangos es un pequeño municipio; se recorre en unos minutos. Así que voy al bar que se encuentra frente al refugio, pido una cerveza y, visto lo visto, vuelvo al tajo, a escribir. Mientras lo hago, veo a lo lejos al norteamericano que conocí en Cardeñuela y con el que coincidí en la misma habitación en Carrión, alejándose entre la fina lluvia que corre. Podría levantarme y saludarlo, pero es mucho más poético verlo alejarse sin saber si volveré a verlo. Si lo hago, no seré yo quien lo decida. Será el Camino.

Poco a poco, vuelvo a escribir. Conforme lo hago, voy leyendo ciertos datos sobre la historia de Villadangos. Es injusto que sepamos hasta el mínimo dato de cómo se forjaron imperios, ciudades norteamericanas, y pasemos por estos pueblos como burros con los ojos tapados. A veces ni el Camino logra sacarlos del anonimato. Muchos viajeros los recorren como si fueran territorios fantasmas, a pesar de que a veces hay más historia secreta y oculta en estos parajes que en todas esas ciudades magnificadas y encumbradas por el cine, nacidas apenas hace unos siglos. Eso es algo que estoy convencido de que aquel norteamericano vislumbra, pero no termina de aceptar ni de comprender.

Pasolini aseguraba que el fascismo clásico murió cuando decapitaron a Mussolini en una plaza pública. El fascismo del futuro sería mucho más totalitario y perverso que el clásico. Respondería al nombre de globalización y vendría envuelto en chándal, dólares, euros, supuestas libertades, marcas, consignas. Pero sería implacable. Implacable con la memoria y las raíces profundas de los pueblos. En el futuro, todo sería un mercado global, un comercio mundial. También, por supuesto, el Camino de Santiago, como poco a poco, a medida que me acerco a Compostela, voy comprobando, o eso me van diciendo por aquí y por allá. Pareciera, a decir verdad, que Sarria no es una ciudad sino un fuerte rodeado por la peste, lleno de leprosos y enfermos, donde poner un pie condujera inexorablemente a la muerte.

En fin. Sé que poco puedo hacer. Pero me resisto a capitular. Así que investigo un poco sobre este lugar. Quiero honrar la memoria de estos pueblos que también son el Camino, sin los que el Camino no existiría. Algo que tal vez no comprenden los que piensan que el Camino es una ruta a Compostela y que acaba allí. No. No es así. Villadangos también es Camino. Tanto o más que Compostela. La ciudad que no existe. Leo, por ejemplo, que en Villadangos se libró en el año 1111 una batalla atroz, un choque sangriento y fratricida entre las huestes aragonesas de Alfonso el Batallador y los partidarios gallegos del joven Alfonso Séptimo. Es la célebre Batalla de Villadangos, un pasaje maldito, rústico y medieval de nuestra historia donde la llanura leonesa se tiñó de sangre feudal. Fue tan sangrienta que se le conoce como La Matanza y tan épica que cada año, el segundo fin de semana de agosto, se realiza una celebración en su honor.

Tal vez aquel norteamericano no se diera cuenta, pero caminamos sobre las urnas funerarias de un imperio desgarrado. Leo precisamente que muy cerca, en el monte de Villadangos, se produjeron una serie de fusilamientos de republicanos entre septiembre y noviembre de 1936. Si la Wikipedia no miente, debieron ser «unos 85 el número de simpatizantes republicanos asesinados».

Accedo al fin al albergue y me ducho. Hoy la ducha es refrescante y testimonial. Hoy no soy un vagabundo herido y sucio. Hoy soy un peregrino tranquilo que apenas ha sudado. Hoy no tengo dagas escondidas en mi mochila contra los demonios escondidos en las iglesias. Hoy no soy el sumiso de los santos. Hoy soy simplemente un hombre tranquilo que ya no tiene muchas ganas de remover su pasado como hice en León. Hoy quiero dejar a los clérigos diabólicos atrás. Olvidarme para siempre, si es posible, de ellos. Aunque no puedo evitar acordarme de una reflexión de un amigo de Murcia, René. Según él, la iglesia (al menos algunos de sus integrantes) no se hizo satanista para llenar los templos, sino que los templos se vaciaron porque la iglesia se hizo satanista. Sobre todo, a partir de la invención de la imprenta por mor del maravilloso ingenio de Gutenberg. En España, por ejemplo, no era tan habitual que las personas tuvieran una Biblia antes de los 60. La gente común tenía misales. Pero en cuanto cualquier ciudadano pudo acceder al conocimiento del libro sagrado, los vigilantes y representantes perdieron parte de su poder y prestigio. Ya no eran guardianes del SECRETO.

Tras ducharme, charlo tranquilamente con uno de los hospitaleros. Es de Turín. Es afable, pero serio. Me ha quedado claro durante este viaje que los italianos del norte son muy distintos de los del sur. Hay una racionalidad casi quirúrgica, helada, en estos italianos. Me da la impresión de que los turineses son hombres técnicos, tranquilos. Hay una lucha en su alma entre la espontaneidad y el carácter dócil burgués, que la mayoría de las veces se inclina hacia lo segundo. Aun así, son italianos. Es fácil entenderse con ellos.

Regreso al bar y termino, lentamente, el nuevo Avería. Lo hago mientras tomo cervezas y todo tipo de tapas y montaditos que ofrecen como obsequio con cada consumición. Temo por momentos emborracharme. Pero mi borrachera es la escritura. Ese es mi caos y campo de batalla, y en cuanto finalizo de escribir el Avería, pago y vuelvo a estar en paz. Las voces en mi cabeza dejan de hablar. El alcohol deja de hacer efecto. Ahora soy un hombre completo. La estatua de un guerrero. He caminado y he escrito. ¿Qué más se puede pedir? Estoy pleno.

Ceno rodeado de varios peregrinos. Entre ellos, el señor francés de ayer, Claude. Es agradable departir tranquilos. Él ama el fútbol. Me habla de Lamine Yamal. Yo no tengo ganas hoy de hablar del deporte rey, pero le sigo el juego y le acompaño. Aquí nadie habla francés y es notorio que Claude se siente un poco solo.

Durante la cena, conozco a otra hospitalera. Es una mujer veterana y amable, un tanto resabiada, eso sí. Por un lado, al enterarse de que soy escritor, me da información sobre grandes figuras del Camino: el Jato, Tomás el templario, etc. Pero por otro, habla demasiado alto e imponente. Se nota que le gusta llevar el control. Percibo al momento la sensación de agobio en el hospitalero italiano.

La verdad es que la mujer exuda vitalidad. Me intenta ayudar, pero creo que más por llamar la atención de todo lo que sabe que porque desee sinceramente echarme una mano con mi Diario. A eso me estoy acostumbrando, a encontrar a personas que han sido absorbidas por el Camino, veteranos de ley, que nos miran a los demás como advenedizos y creen estar en posesión de la verdad. Confío no llegar yo nunca a eso. ¿Podré? Cuando llegue al feudo de los turigrinos, Sarria, lo sabré. ¡Comienzo a prepararme mentalmente para esa prueba!

Desde luego, esta mujer es diferente a Almudena, la hospitalera que conocí en Nájera. Aquella mujer simplemente se encontraba agobiada por el comportamiento excéntrico de su compañera e intentaba buscar una voz, alguien que la escuchara. Me pregunto cómo habrá terminado aquella historia. Tal vez, en unos días la llame para saberlo.

Tras la cena, paso a la habitación. Amplia, extensa. Somos pocos peregrinos. Puedo dormir tranquilo. Antes me pongo a leer. No me doy cuenta e ilumino a un muchacho que duerme enfrente. Le he apuntado justo en los ojos. Es un tipo con el cabello largo que me ha llamado la atención. Parece un peregrino de los de verdad. Auténtico. De esos que nacieron para andar. Le pido, por supuesto, al momento, disculpas. ¿Quién sabe? Tal vez este pequeño accidente me sirva de algo. De momento, ya hemos roto el hielo. En fin. A veces los errores no son casuales. Acertamos porque nos equivocamos.

Pienso precisamente en esto mientras cierro los ojos con placidez. Estos dos días he descansado bien. Ahora, por momentos, me siento más un hombre de la calle que un peregrino. Lo cierto es que lo necesitaba. A veces caminar poco es el pasaporte necesario para caminar mucho, para realizar en el futuro jornadas heroicas. Si tienen que venir, que vengan. ¡Estaré preparado! Shalam

بالكلام يتفوق الإنسان على الحيوان، ولكن بالصمت يتفوق على نفسه

Con la palabra, el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo

 

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…tres pisos cilindricos y un aticazo coronado por el nido de cigüeñas….
    2imagen…suelo, pasillo y piel canela….sonrisa surrealista….
    3imagen…cuatro pisos cilindricos y un aticazo coronado por el nido de cigüeñas….
    4imagen…colgado de los pies (murcielago)….la quimera, 2023, alice rohrwacher….
    5imagen…desmayo colectivo(actividad turistica)….
    6imagen…un monton de salmones dirigiendose a la ciudad vieja….
    PD: a modo de siglos pasados…ottave sui tombaroli…una goccia nel mare…2023..la chimera..
    https://www.youtube.com/watch?v=Ka2TcxtecMk

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Los cuentos de Calleja. Ilustración de iglesia y casa. Azorín. Otros tiempos. 2) ¿A quién se besa? ¿A un móvil o a un cuerpo? ¿A una imagen o a un alma? Eso ya es para carcas. Ya no hay preguntas. 3) Las cigueñas están escondidas. Tienen envidia de Wally. Tal vez. 4) Cine mudo. Cine gore. Sin censura. 5) Filmación secreta de Excalibur. Tomas falsas. Inspiración para actores y director. 6) Por ahí se nota la presencia de Maquiavelo. Mira hacia los costados y cúpulas de Italia y va trazando lentamente su El príncipe. 7) Verano en la manga. Todos juntos. Nadie solo. PD: no conocía esto pero me ha fascinado. Quiero seguir viéndolo sí o sí.. genial.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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